Acerca de la obesidad en niños
La obesidad en la niñez es la acumulación extra de grasa en el cuerpo.
El método más usado para evaluarla es el índice de masa corporal (IMC). Se calcula al dividir el peso del niño en kilogramos entre su estatura en metros al cuadrado.
En niños de 2 años o más, el IMC es una medida confiable del sobrepeso y la obesidad. Sin embargo, puede sobreestimar un poco la grasa corporal en niños bajos de estatura o con poca masa muscular por niveles bajos de actividad física.
En niños menores de 2 años, se usa el peso para la talla para determinar sobrepeso y obesidad.
También se pueden usar otras mediciones para evaluar la grasa del cuerpo y la obesidad abdominal, como el perímetro de la cintura, la relación cintura-cadera y el grosor de los pliegues de la piel.
Es importante saber que los puntos de corte del IMC para sobrepeso y obesidad varían según la edad y el sexo de los niños.
Las causas de la obesidad infantil son complejas y tienen muchos factores. No existe una sola causa. Varios factores contribuyen a su desarrollo, como se indica a continuación.
Factores de riesgo no modificables (no se pueden cambiar):
- Factores genéticos: Ciertos factores en los genes pueden predisponer a algunos niños a la obesidad.
- Origen étnico: Algunos grupos étnicos tienen un riesgo más alto de desarrollar obesidad.
- Peso al nacer: Los niños con mayor peso al nacer pueden tener más tendencia a la obesidad más adelante.
Factores de riesgo modificables (sí se pueden cambiar):
- Alimentación: Consumir una dieta alta en calorías, grasas poco saludables, azúcares y alimentos muy procesados aumenta el riesgo de obesidad.
- Actividad física: La falta de actividad física regular o pasar mucho tiempo frente a pantallas contribuye al aumento de peso.
- Sueño: Dormir poco o dormir mal se ha asociado con un mayor riesgo de obesidad en niños.
- Hábitos alimentarios poco saludables: Consumir alimentos y bebidas azucarados, incluidos productos muy procesados, puede contribuir al aumento de peso.
Es importante saber que algunos factores se pueden cambiar y otros no. Entender estos factores puede ayudar a guiar la prevención y el tratamiento de la obesidad infantil. Siempre es aconsejable consultar con un profesional de la salud para recibir consejos y orientación personalizados.
Los síntomas tempranos más comunes de la obesidad en niños pueden incluir:
- Aumento de peso: Los niños con obesidad suelen subir de peso rápido. Esto puede notarse en poco tiempo.
- Más apetito: Pueden tener más ganas de comer y dificultad para controlar sus hábitos de alimentación.
- Cansancio: La obesidad puede causar poca energía y cansancio, lo que dificulta que los niños hagan actividad física.
A medida que la obesidad avanza o se hace más grave, pueden aparecer otros síntomas:
- Problemas de salud física: Pueden incluir diabetes tipo 2, presión arterial alta, enfermedad del hígado y problemas para dormir.
- Problemas psicológicos y emocionales: Los niños con obesidad pueden presentar depresión, ansiedad, baja autoestima y falta de apoyo emocional.
- Adversidad social: Los niños con obesidad pueden enfrentar estigma o discriminación por parte de sus compañeros, lo que puede causar dificultades sociales como rechazo o pérdida de amistades.
Es importante saber que la experiencia de cada niño con la obesidad puede ser diferente. Si sospecha que su hijo puede tener síntomas de obesidad, consulte con un profesional de la salud para una evaluación y orientación adecuadas.
Para diagnosticar la obesidad en niños, el personal de salud suele realizar estas evaluaciones, pruebas y procedimientos:
- Examen físico: El profesional hará un examen para ver signos de obesidad, como exceso de peso, cómo se distribuye la grasa en el cuerpo y si hay complicaciones.
- Mediciones corporales: Se usan medidas como el índice de masa corporal (IMC), el perímetro de cintura (PC) y la relación cintura/talla para evaluar la obesidad y la distribución de grasa.
- Análisis de laboratorio: Pueden hacer pruebas de sangre para revisar el perfil de lípidos (colesterol y triglicéridos), el nivel de azúcar en la sangre, marcadores de función del hígado, niveles de sales minerales (electrolitos) y ácido úrico.
- Estudios de imagen: Pueden recomendar radiografías o una resonancia magnética (RM) para ver si hay complicaciones u otras enfermedades asociadas.
Para determinar la gravedad de la obesidad en niños, también se pueden incluir:
- Antecedentes familiares: Revisar si en la familia hay factores de riesgo cardiovascular o enfermedad cardiovascular temprana ayuda a entender la gravedad.
- Examen clínico: Valorar el nivel de actividad física, los hábitos de alimentación, el estado emocional y social, y si hay consumo de tabaco, alcohol o drogas, ayuda a ver el impacto en la salud.
- Monitoreo de presión arterial por 24 horas: Si las primeras mediciones de la presión están elevadas, se puede hacer una medición de 24 horas con un aparato que la registra todo el día para evaluar presión alta (hipertensión).
- Pruebas de laboratorio adicionales: Pueden incluir pruebas de función de los riñones (como la cistatina C), marcadores de daño del hígado (acumulación de grasa en el hígado o hígado graso), niveles de azúcar en la sangre y perfil de lípidos.
Recuerde que estas evaluaciones, pruebas y procedimientos deben realizarlos un profesional de la salud. Esa persona evaluará los resultados junto con otros datos para determinar el diagnóstico y la gravedad de la obesidad en niños.
Las metas del tratamiento de la obesidad infantil son:
- Mejorar el desequilibrio entre peso y estatura: La meta principal es corregir el desbalance entre el peso y la estatura. En los niños mayores, esto significa enfocarse en bajar de peso. En los niños más pequeños, significa mantener el peso mientras crecen de estatura.
Para lograr estas metas, se recomiendan las siguientes intervenciones:
- Enfoque sin medicamentos: Incluye cambios en la alimentación, más actividad física, ejercicio planificado y supervisado, y cambios de hábitos. Se enfoca en adoptar un estilo de vida más saludable y crear hábitos que se puedan mantener.
- Apoyo psicológico: Como la obesidad infantil se relaciona con problemas de salud mental, es importante atender el bienestar mental y emocional como parte del tratamiento. Esto puede incluir trabajar la imagen corporal y brindar apoyo para el bienestar emocional.
- Trabajo con un equipo de profesionales: El tratamiento debe centrarse en el paciente y la familia, e incluir un equipo de profesionales de la salud, como médicos, nutricionistas o dietistas, psicólogos y especialistas en ejercicio. Este enfoque ofrece una atención completa, adaptada a las necesidades de cada niño.
Es importante saber que los medicamentos, las terapias, los procedimientos terapéuticos y los cambios de conducta en salud no se recomiendan, por lo general, como primera opción para tratar la obesidad infantil. Sin embargo, si los cambios en el estilo de vida no son suficientes, se puede considerar el uso de medicamentos como segunda opción. Es esencial consultar con un profesional de la salud para determinar el plan de tratamiento más adecuado para cada niño.