Obesidad y presión arterial alta
La presión arterial alta, también llamada hipertensión, ocurre cuando la fuerza de la sangre contra las paredes de los vasos sanguíneos es constantemente demasiado alta. La obesidad es un factor de riesgo para desarrollar hipertensión. La obesidad puede hacer que el corazón trabaje más para bombear sangre por el cuerpo, lo que sube la presión. También puede dañar los riñones, que ayudan a controlar la presión arterial.
Reconocer la presión alta puede ser difícil porque a menudo no causa síntomas. Sin embargo, algunas personas pueden tener dolor de cabeza, falta de aire, sangrado de la nariz o dolor en el pecho. Estos síntomas no son específicos de la presión alta y pueden deberse a otros problemas.
Cuando hay presión arterial alta, como primer paso se recomiendan cambios en el estilo de vida. Incluyen mantener un peso saludable con ejercicio regular y una alimentación equilibrada, baja en sal (sodio) y con poco alcohol. Si estos cambios no son suficientes, un profesional de la salud puede recetarle medicamentos para bajar la presión.
Es fundamental llamar a un médico o buscar ayuda médica de inmediato si usted tiene señales o síntomas de un ataque al corazón, o si con frecuencia presenta síntomas como dolor en el pecho que se extiende a otras partes del cuerpo, falta de aire o náuseas que duran más de 15 minutos. La atención médica rápida es clave para un diagnóstico y tratamiento adecuados.
La dosis de los medicamentos puede verse afectada por muchos factores. Consulte con su profesional de la salud cuál es la dosis adecuada para su situación. Pueden presentarse efectos secundarios. Consulte con su profesional de la salud o lea la información que viene con su medicamento para conocer los posibles efectos secundarios.