Acerca de los terrores del sueño (terrores nocturnos)
Los terrores del sueño, también llamados terrores nocturnos, son episodios de pánico o miedo intenso que ocurren en el primer tercio de la noche (la primera parte). Son más comunes en niños de 3 a 7 años.
Durante un episodio, la persona puede gritar, agitarse, tener el corazón acelerado, respirar rápido, tener las pupilas agrandadas y sudar. Estos episodios suelen durar entre 10 y 20 minutos. Después, la mayoría de los niños vuelve a dormir y no recuerda lo que pasó.
Los terrores del sueño no son lo mismo que las pesadillas: ocurren durante el sueño no REM (cuando no hay movimiento rápido de los ojos) y es difícil despertar al niño. Aunque angustian al niño y a su familia, por lo general no son señal de un problema grave de salud de fondo.
No se conocen por completo las causas exactas de los terrores nocturnos. Sin embargo, hay varios factores que pueden contribuir a que ocurran.
Los factores de riesgo no modificables de los terrores nocturnos son aquellos que no se pueden cambiar ni controlar. Incluyen:
- Antecedentes familiares: parece haber un componente genético. Tener antecedentes familiares de esta condición puede aumentar la probabilidad de presentarlos.
Los factores de riesgo modificables de los terrores nocturnos son aquellos que sí se pueden cambiar. Incluyen:
- Sueño interrumpido: la mala calidad del sueño, por ejemplo por desfase horario, cambios en el horario de dormir, consumo de alcohol o drogas, ciertos medicamentos, o un ambiente incómodo para dormir, puede aumentar la probabilidad de tener terrores nocturnos.
- Otros trastornos del sueño: tener otros trastornos que alteran el sueño, como síndrome de piernas inquietas, sonambulismo, trastorno de movimientos periódicos de las extremidades (sacudidas repetidas de brazos o piernas mientras duerme), apnea del sueño o insomnio, también puede contribuir a que ocurran terrores nocturnos.
- Condiciones de salud mental: algunas condiciones como depresión, ansiedad, trastorno bipolar y trastorno por estrés postraumático (TEPT) pueden aumentar las probabilidades de tener terrores nocturnos.
- Medicamentos: algunos medicamentos pueden causar otras parasomnias (comportamientos anormales durante el sueño) y también pueden aumentar la probabilidad de terrores nocturnos en algunas personas.
Es importante saber que estos factores de riesgo pueden variar de una persona a otra. Si usted tiene terrores nocturnos o le preocupan sus factores de riesgo, lo mejor es consultar con su profesional de la salud para recibir consejos personalizados.
Los síntomas tempranos más comunes de los terrores nocturnos incluyen:
- Sensación intensa de pánico o miedo durante el primer tercio de la noche
- Gritos o agitación fuerte
- Latidos del corazón muy rápidos
- Respiración muy rápida
- Pupilas dilatadas
- Sudoración
A medida que los terrores nocturnos avanzan o se vuelven más graves, pueden aparecer otros síntomas frecuentes, como:
- Incorporarse en la cama y gritar
- Episodios que duran de 45 a 90 minutos
- Quedarse con la mirada perdida
- Sentirse acalorado o sudoroso
- Parecer confundido o desorientado
- Saltar o correr
- La persona puede volverse agresiva, especialmente si alguien intenta detenerla
Es importante saber que la mayoría de los niños que tienen terrores nocturnos vuelven a dormir después y no recuerdan el episodio. Sin embargo, los adultos tienen más probabilidades de recordar lo que pasó durante el episodio. Si un adulto se agita mucho durante un terror nocturno, también puede lastimarse a sí mismo o a alguien que esté cerca.
Para diagnosticar los terrores nocturnos, los médicos pueden realizar los siguientes exámenes, pruebas y procedimientos:
- Examen físico: Su médico hará un examen físico para buscar signos de posibles causas físicas o mentales.
- Historia del sueño: Su médico le hará preguntas detalladas sobre la calidad, los patrones, la cantidad y la rutina de su sueño para entender sus síntomas.
- Estudio del sueño (polisomnografía): Esta prueba implica pasar una noche en un laboratorio del sueño, donde le toman varias mediciones mientras duerme. Ayuda a evaluar las ondas cerebrales, los niveles de oxígeno en la sangre, la frecuencia cardiaca, la respiración y los movimientos de las piernas para analizar su conducta durante el sueño.
Otros exámenes, pruebas y procedimientos para determinar la etapa o la gravedad de los terrores nocturnos pueden incluir:
- Electroencefalograma (EEG): Esta prueba evalúa la actividad eléctrica del cerebro y puede detectar patrones anormales relacionados con los terrores nocturnos.
- Prueba de latencias múltiples del sueño (MSLT): Este estudio de siestas durante el día se usa junto con una polisomnografía por la noche para ayudar a diagnosticar la narcolepsia.
Estas pruebas son clave para determinar el tratamiento adecuado para los terrores nocturnos.
Los objetivos del tratamiento de los terrores nocturnos son reducir la frecuencia y la intensidad de los episodios, mejorar la calidad del sueño y atender cualquier causa de fondo o factor que contribuya. Estos son los tratamientos recomendados y cómo ayudan a lograr estas metas:
Medicamentos:
- Las benzodiacepinas y los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) pueden recetarse en algunos casos para ayudar a reducir los terrores nocturnos.
- Estos medicamentos ayudan a regular las sustancias químicas del cerebro y a mejorar los patrones de sueño.
Terapias:
- Terapia de ensayo de imágenes: consiste en recordar la historia de las pesadillas repetidas y crear un final más feliz, para que los sueños sean más agradables o menos traumáticos.
- Terapia cognitivo-conductual (TCC): la TCC ayuda a identificar y cambiar patrones de pensamiento y conductas negativas relacionadas con los terrores nocturnos, lo que mejora la calidad del sueño.
- Psicoterapia: busca atender problemas emocionales o psicológicos de fondo que pueden contribuir a los terrores nocturnos.
Procedimientos terapéuticos:
- Despertar programado: este tratamiento interrumpe el ciclo del sueño al despertar brevemente a la persona antes de la hora en que se espera un terror nocturno, para prevenirlo.
- Terapia de despertar anticipado: consiste en despertar unos 15 minutos antes de la hora en que suelen ocurrir los episodios, permanecer despierto varios minutos y luego volver a dormir. Esto puede romper el patrón de sueño asociado con los terrores nocturnos.
Cambios en hábitos de salud:
- Mejorar la higiene del sueño: crear un ambiente relajante, mantener un horario de sueño constante y evitar estimulantes como la cafeína antes de dormir ayudan a mejorar la calidad del sueño.
- Manejo del estrés: identificar las fuentes de estrés y buscar maneras de aliviarlas puede ayudar a reducir los terrores nocturnos.
Es importante saber que la dosis de los medicamentos puede variar según la persona. Consulte a un profesional de la salud para recibir consejos personalizados. Además, pueden ocurrir otros efectos secundarios con el uso de medicamentos; hable sobre los posibles riesgos con su profesional de la salud.