Sobre el melasma
El melasma es un trastorno de la piel de larga duración. Causa manchas marrones irregulares en zonas del cuerpo expuestas al sol, sobre todo en la cara. Se debe a un aumento en la producción y la distribución de melanina, el pigmento que da color a la piel.
El melasma puede verse como manchas de color marrón oscuro que, por lo general, aparecen de forma similar en ambos lados del rostro y pueden variar en qué tan oscuras se ven. Es más común en mujeres: alrededor de 9 de cada 10 casos. Puede afectar a personas de todas las razas y etnias, aunque es más frecuente en personas con tonos de piel más oscuros.
El melasma puede afectar la calidad de vida y el bienestar emocional porque se nota en la cara y está presente en la vida diaria. Factores como la genética, la exposición excesiva al sol, los cambios hormonales (como el embarazo o el uso de pastillas anticonceptivas) y ciertos medicamentos o cosméticos pueden contribuir a que se desarrolle el melasma.
Las causas exactas del melasma no se conocen bien. Sin embargo, hay varios factores que pueden contribuir a que aparezca. Una posible causa es el mal funcionamiento de los melanocitos, que son las células que producen el color (pigmento) de la piel. En las personas con melasma, estas células producen más color en ciertas áreas. Esto causa las manchas oscuras típicas.
Hay factores de riesgo que no se pueden cambiar y otros que sí se pueden cambiar.
Factores no modificables (no se pueden cambiar):
- Color de piel: El melasma es más común en personas con piel morena clara, sobre todo si viven en lugares con mucha exposición al sol.
- Sexo: El melasma afecta a las mujeres alrededor de 9 veces más que a los hombres.
- Genética: Hasta 50% de las personas reportan que familiares cercanos también tienen la afección.
Factores modificables (sí se pueden cambiar o controlar):
- Exposición al sol: La exposición frecuente a los rayos ultravioleta (UV) del sol puede provocar melasma. Tanto la luz directa del sol como la indirecta, por ejemplo a través de ventanas o por luz reflejada, aumentan este riesgo.
- Cambios hormonales: Los cambios hormonales durante el embarazo o al tomar pastillas anticonceptivas o terapia hormonal aumentan el riesgo de tener melasma.
- Estrés y enfermedad de la tiroides: También se consideran posibles desencadenantes del melasma.
En resumen, aunque las causas exactas del melasma no están claras, se cree que intervienen la predisposición genética, los cambios hormonales y la exposición al sol. Al entender estas causas y factores de riesgo, usted puede tomar medidas para reducir su riesgo y manejar su afección de forma eficaz.
El síntoma principal del melasma son manchas en la piel de color marrón claro, marrón oscuro o azuladas. El melasma puede aparecer en una sola zona o en varias partes del cuerpo. Las áreas y patrones más comunes incluyen:
- Hombros y parte superior de los brazos
- Frente, mejillas, nariz y labios
- Mejillas (por lo general, ambas)
- Mejillas y sobre la nariz
- A lo largo de la mandíbula
- En todos los lados del cuello
En algunos casos, las manchas de melasma pueden inflamarse y ponerse rojas. Es importante saber que el melasma no es un tipo de cáncer de piel y no debe causar dolor físico. Sin embargo, la apariencia de estas manchas puede resultar molesta para algunas personas. Si sospecha que tiene melasma o presenta alguno de estos síntomas, lo mejor es consultar a un dermatólogo para un diagnóstico adecuado y conocer las opciones de tratamiento.
Para diagnosticar el melasma, los profesionales de la salud suelen realizar los siguientes exámenes, pruebas y procedimientos:
- Examen visual: Un examen visual del área afectada suele ser suficiente para diagnosticar el melasma. El personal de salud examina la piel de cerca para identificar las manchas marrones o marrón grisáceo típicas del melasma.
- Examen con lámpara de Wood: Para descartar causas específicas y saber qué tanto de la piel está afectado, el personal de salud puede hacer un examen con lámpara de Wood. Consiste en usar una luz especial cerca de la piel. Esta luz permite buscar infecciones por bacterias y hongos y determinar cuántas capas de la piel están afectadas por el melasma.
- Biopsia: En algunos casos, el personal de salud puede hacer una biopsia para confirmar el diagnóstico de melasma y descartar otros problemas serios de la piel. Durante la biopsia, se retira un pequeño trozo de la piel afectada para analizarlo en un laboratorio. Esto ayuda a examinar el tejido al microscopio y a buscar células anormales o señales de otras afecciones de la piel.
Es importante saber que el melasma se diagnostica sobre todo por su aspecto típico durante el examen visual. Las pruebas y procedimientos adicionales se usan, por lo general, para descartar otras afecciones o determinar el grado de afectación, más que para el diagnóstico de rutina.
Los objetivos del tratamiento del melasma son mejorar la piel y reducir la apariencia de las manchas oscuras. Una parte importante del tratamiento es detectar las posibles causas o desencadenantes del melasma y reducir la exposición a ellos, como la luz del sol.
Las opciones de tratamiento para el melasma incluyen:
- Agentes tópicos para aclarar la piel: Son cremas o geles que se aplican directamente en las áreas afectadas. Disminuyen la producción de melanina (el pigmento de la piel), lo que ayuda a aclarar las manchas. Sin embargo, suelen brindar una mejoría temporal y el problema a menudo regresa.
- Procedimientos dermatológicos: La luz pulsada intensa (IPL), los láseres, las exfoliaciones químicas, la dermoabrasión y la tecnología de microagujas son algunas opciones. Estos procedimientos pueden ayudar a retirar la capa externa de la piel y a estimular la producción de colágeno, lo que favorece un tono de piel más uniforme.
- Medicamentos por vía oral: En algunos casos se pueden recetar. Pueden ayudar a regular la producción de pigmento en la piel.
- Medicamentos tópicos: Hay varias cremas, pomadas o geles para tratar el melasma. Estos medicamentos pueden reducir la hiperpigmentación (exceso de pigmento) y ayudar a lograr un tono de piel más parejo. A menudo se usan en combinación.
- Medidas de protección solar: Es crucial proteger la piel de la radiación ultravioleta (UV) para evitar que el melasma empeore o reaparezca. Esto incluye evitar el sol directo y aplicar con regularidad un protector solar con un factor de protección solar (FPS) alto.
- Autocuidado y cambios en el estilo de vida: Algunos cambios pueden ayudar a manejar el melasma. Esto incluye evitar desencadenantes como los medicamentos hormonales cuando sea posible y usar ropa protectora para cubrir la piel del sol.
Es importante saber que estos tratamientos pueden mejorar la apariencia del melasma, pero tal vez no lo curen. Por eso, la prevención mediante protección solar y evitar desencadenantes es la mejor estrategia. Si tiene melasma, se recomienda consultar a un dermatólogo para que evalúe su caso y le recomiende opciones de tratamiento adecuadas a sus necesidades.
Algunos medicamentos para el melasma no deben usarse por personas embarazadas. La dosis de los medicamentos puede verse afectada por muchos factores. Consulte a su profesional de la salud sobre la dosis adecuada para su situación. Pueden ocurrir efectos secundarios. Consulte a su profesional de la salud o lea la información que viene con su medicamento para conocer más sobre posibles efectos secundarios.
El melasma es una afección de la piel que puede cambiar con el tiempo. En algunas personas mejora por sí solo. En otras, puede mantenerse igual o empeorar. Su evolución es impredecible y varía de una persona a otra.
Las complicaciones suelen deberse a cómo afecta la apariencia. Esto puede causar malestar emocional y social. Muchas personas con melasma dicen sentir vergüenza, baja autoestima, desánimo, insatisfacción y pocas ganas de salir. En algunos casos, pueden tener pensamientos de hacerse daño o de quitarse la vida. Es importante hablar sobre cualquier preocupación emocional o psicológica con un profesional de la salud. Esta persona puede ayudarle a encontrar recursos de apoyo.
Antes de empezar cualquier tratamiento para el melasma, consulte con un profesional de la salud o con un dermatólogo o dermatóloga. Ellos pueden evaluar su caso y recomendar las opciones de tratamiento más adecuadas según sus necesidades y su historia clínica.