Acerca de la tos ferina

Descripción general

La tos ferina, también llamada pertussis, es una infección respiratoria muy contagiosa causada por la bacteria Bordetella pertussis. Se presenta con ataques de tos intensos y difíciles de controlar, que pueden dificultar la respiración. Después de varios ataques de tos, las personas suelen tomar respiraciones profundas que hacen un sonido agudo al inhalar (un “whoop”).

Los síntomas tempranos incluyen fiebre baja, nariz que moquea y tos. En los bebés, también puede causar pausas en la respiración. Más adelante, puede haber vómitos y mucho cansancio.

La tos ferina se propaga de persona a persona al toser, estornudar o tener contacto cercano. También puede pasar al tocar una superficie contaminada y luego tocarse la nariz o la boca. Los bebés que aún no han recibido la vacuna tienen un riesgo especial de presentar complicaciones graves por la tos ferina. Los antibióticos pueden ayudar a acortar el tiempo en que la enfermedad contagia.

Causas y factores de riesgo

La tos ferina es una infección respiratoria causada por una bacteria llamada Bordetella pertussis. Las bacterias se pegan a los cilios (pequeñas vellosidades en forma de pelo) en las vías respiratorias superiores y sueltan toxinas que dañan e inflaman las vías respiratorias.

Factores de riesgo de la tos ferina:

  • Estar en contacto cercano con alguien que tiene tos ferina
  • Tener el sistema inmunitario debilitado
  • Estar embarazada
  • No haber recibido la vacuna de refuerzo Tdap (tétanos, difteria y tos ferina acelular) en la edad adulta

Es importante saber que vacunarse con Tdap puede ayudar a proteger contra la tos ferina y a reducir el riesgo de contagio. Si le preocupa su riesgo de tener tos ferina u otro problema de salud, lo mejor es consultar con su profesional de la salud para recibir consejos y orientación personalizados.

Síntomas

Los primeros síntomas de la tos ferina se parecen a los de un resfriado común. Estos pueden incluir:

  • Goteo nasal
  • Estornudos
  • Tos ocasional
  • Fiebre leve

Estos síntomas iniciales empeoran poco a poco en una o dos semanas y aparecen ataques de tos. Durante estos ataques, puede tener muchas toses rápidas y fuertes. Después de un ataque, a menudo hay un jadeo para tomar aire que hace un sonido agudo, lo que le da el nombre en inglés a la enfermedad.

Además de los síntomas comunes al principio, hay otros que pueden ocurrir si la tos ferina avanza o se vuelve más grave. Estos pueden incluir:

  • Vómitos después de ataques de tos intensos
  • Sentir que le falta el aire o que jadea por aire
  • Dejar de respirar por unos momentos después de un ataque fuerte
  • Ponerse morado o azulado

No todas las personas presentan los ataques de tos típicos ni el sonido que los acompaña. Si ocurre cualquiera de estos síntomas, en especial si le cuesta respirar o se pone morado o azulado, busque atención médica de inmediato.

Diagnóstico

Para diagnosticar la tos ferina, los médicos suelen hacer varias evaluaciones, pruebas y procedimientos. Estos incluyen:

  • Evaluación clínica: El médico suele comenzar preguntando sobre los síntomas que usted tiene. También puede hacerle un examen físico. Es un procedimiento de rutina e incluye revisar la garganta y escuchar sus pulmones.
  • Cultivo de garganta o nariz: Un médico o un profesional de enfermería puede tomar una muestra de su garganta o nariz con un hisopo o por succión. Esta muestra se envía al laboratorio para buscar la bacteria Bordetella pertussis, que causa la tos ferina.
  • Análisis de sangre: Los médicos pueden pedir análisis para medir la cantidad de glóbulos blancos (células de defensa). Si está alta, podría indicar una infección.
  • Estudios de imagen: En algunos casos, pueden recomendar una radiografía de tórax o una tomografía computarizada (TC) para ver si hay inflamación o líquido en los pulmones. Esto ayuda a saber qué tan grave es la tos ferina y a detectar complicaciones, como neumonía.

Es importante saber que en las primeras etapas la tos ferina puede ser difícil de diagnosticar, porque sus síntomas se parecen a los de otras infecciones respiratorias, como el resfriado común. A medida que avanza la enfermedad, los médicos pueden hacer un diagnóstico más preciso con los síntomas y pruebas adicionales.

Si después de su primera evaluación sus síntomas empeoran o cambian, comuníquese de nuevo con su proveedor de atención médica para más evaluación y orientación.

Opciones de tratamiento

Los objetivos del tratamiento de la tos ferina son reducir la intensidad de los síntomas, acelerar la recuperación y evitar el contagio de la bacteria. Para lograr esto, suelen indicarse los siguientes tratamientos y recomendaciones:

  • Antibióticos: Son el tratamiento principal para la tos ferina. Pueden reducir los síntomas y acortar la duración de la enfermedad. Empezar los antibióticos temprano es especialmente eficaz. Se recomienda iniciarlos dentro de las primeras 2 a 3 semanas de la infección o antes de que comiencen los ataques de tos. También se pueden recetar a otras personas que viven en la misma casa para evitar la propagación de la bacteria.
  • Cuidados personales y remedios caseros: Algunas medidas en casa pueden ayudar a controlar los síntomas y favorecer la recuperación. Incluyen:
  • Beber suficientes líquidos
  • Descansar
  • Usar un humidificador de niebla
  • Lavarse las manos con frecuencia y de forma correcta
  • Comer comidas pequeñas con más frecuencia
  • Evitar cosas que provocan la tos, como el humo, productos químicos fuertes y alérgenos

Es importante saber que los medicamentos tradicionales para la tos no son eficaces para tratar la tos ferina y no los recomiendan los profesionales de la salud ni organizaciones como la American Lung Association. Estos medicamentos no tratan la causa de la tos ferina y pueden incluso alargar la recuperación.

Lo ideal es empezar el tratamiento temprano, antes de que comiencen los ataques de tos, para lograr mejores resultados. Tratar la tos ferina después de tres semanas de enfermedad rara vez brinda beneficios importantes, porque para entonces el cuerpo ya eliminó la bacteria, pero los síntomas pueden seguir por el daño que ya ocurrió.

Si sigue estas recomendaciones de tratamiento, podrá controlar los síntomas, favorecer la recuperación y reducir el riesgo de contagiar la bacteria a otras personas. Si sospecha que usted o su hijo pueden tener tos ferina, consulte a un médico para el diagnóstico y el tratamiento adecuado.

Evolución o complicaciones

La tos ferina puede afectar a personas de todas las edades, pero es especialmente peligrosa para bebés y niños pequeños.

La evolución de la tos ferina es la siguiente:

  • Empieza con secreción nasal, estornudos y tos leve.
  • Después de 1 a 2 semanas, la tos empeora y puede convertirse en ataques de tos que no se pueden controlar.
  • Estos ataques suelen ir seguidos de un sonido agudo al tomar aire, llamado “whoop”.
  • La tos puede ser tan intensa que cause vómitos o mucho cansancio.
  • Los síntomas pueden durar varias semanas o incluso meses. La tos puede seguir incluso después de que la infección haya pasado.

Las posibles complicaciones incluyen:

  • Neumonía (infección en los pulmones)
  • Pérdida del control de la vejiga
  • Desmayo
  • Fracturas de costillas por ataques de tos intensos
  • Infecciones en los ojos
  • Deshidratación
  • Convulsiones
  • Presión arterial baja
  • Fallo de los riñones
  • Pérdida de peso por vómitos excesivos

En resumen, la tos ferina pasa de síntomas leves, parecidos a un resfriado, a ataques de tos fuertes que no se pueden controlar. Las complicaciones pueden darse a cualquier edad, pero son más graves en bebés y niños pequeños. Si sospecha que tiene tos ferina o estuvo en contacto con alguien que la tiene, es importante consultar a un profesional de la salud para recibir un diagnóstico correcto y orientación sobre las opciones de tratamiento.