Acerca de los espasmos del sollozo en bebés y niños
Los espasmos del sollozo son episodios en los que bebés o niños pequeños dejan de respirar, a veces hasta desmayarse. Pueden iniciar por emociones fuertes como enojo, frustración, dolor o miedo. Hay dos tipos principales:
- Espasmos del sollozo cianóticos: Son los más comunes. Ocurren cuando cambia la respiración mientras el niño aguanta el aire. El niño puede llorar, gritar o soltar el aire y luego ponerse azulado alrededor de los labios. Si se desmaya, el cuerpo se pone flojo.
- Espasmos del sollozo pálidos: Son menos comunes y pueden pasar si el bebé se lastima o se altera. Ocurren cuando se hace más lento el ritmo del corazón. El bebé puede abrir la boca sin que salga sonido y ponerse muy pálido antes de desmayarse.
En general, los espasmos del sollozo no son peligrosos y no indican un problema de salud. La mayoría de los niños los supera hacia los 6 años. Aunque es angustiante ver un episodio, es importante que usted mantenga la calma y tranquilice al niño sin alarmarse ni regañarlo. Si el niño tiene espasmos con frecuencia o si ocurre un episodio antes de los 6 meses de edad, consulte al médico para una evaluación.
Se cree que los espasmos del sollozo en bebés y niños (episodios en que el niño deja de respirar por un momento) se deben a una disminución temporal del oxígeno que llega al cerebro. A esto se le llama hipoxia cerebral aguda. Las causas exactas en el cuerpo no se entienden por completo, pero hay varios factores que pueden contribuir.
Los factores de riesgo no modificables son los que no se pueden cambiar ni controlar. Los factores no modificables para los espasmos del sollozo incluyen:
- Edad: son más comunes en niños entre 6 meses y 6 años.
- Antecedentes familiares: hay un componente genético. Entre 25 y 30 de cada 100 niños afectados tienen un familiar cercano que también los ha presentado.
Los factores de riesgo modificables son los que se pueden influir o cambiar. Los factores modificables para los espasmos del sollozo incluyen:
- Desencadenantes emocionales: emociones fuertes como enojo, miedo, dolor o frustración pueden aparecer antes del episodio. Los berrinches son desencadenantes comunes.
- Respuesta de los cuidadores: regañar o hacer un alboroto durante un episodio puede empeorar la situación. Es importante que quienes cuidan al niño se mantengan en calma y lo tranquilicen sin exagerar.
Los episodios de contener la respiración en bebés y niños pueden mostrar síntomas distintos según el tipo y la intensidad. Estos son los síntomas tempranos más comunes y otros que pueden aparecer en etapas posteriores o con mayor intensidad:
Síntomas tempranos más comunes:
- Ponerse morado en la cara, sobre todo alrededor de los labios
- El corazón late más lento y la piel se pone pálida
Otros síntomas comunes que pueden ocurrir en etapas posteriores, con progresión o con mayor intensidad:
- Pérdida del conocimiento o desmayo
- Lesión leve o susto
- Los brazos y las piernas se ponen rígidos durante el episodio
Es importante saber que, aunque estos episodios pueden ser angustiantes de ver, no significan un problema de salud y no dañan al niño o la niña. Las personas cuidadoras deben mantener la calma durante estos episodios y tranquilizar a su hijo o hija sin hacer un alboroto ni regañarle. Si un niño o una niña contiene la respiración con frecuencia o tiene un episodio antes de los 6 meses de edad, es recomendable consultar al médico para una evaluación.
Para diagnosticar los espasmos del llanto (episodios en los que el bebé o niño contiene la respiración), los profesionales de la salud suelen hacer estos exámenes y pruebas:
- Historia clínica: Recopilar información sobre los síntomas del niño, qué los desencadena y si hubo episodios previos.
- Examen físico: Evaluar la salud general del niño y buscar señales de alguna afección de base.
- Electrocardiograma (ECG): Prueba que registra la actividad eléctrica del corazón para ver si hay problemas o ritmos anormales.
- Pruebas de laboratorio: Análisis de sangre para descartar afecciones médicas que puedan causar los episodios.
Para determinar el tipo o la gravedad de los espasmos del llanto, pueden hacer exámenes y evaluaciones adicionales:
- Clasificación de los episodios: Se clasifican en cianóticos (la piel se pone azulada), pálidos (la piel se pone muy pálida) o mixtos, según el cambio de color durante el episodio.
- Evaluación de la gravedad: Se categorizan como simples o complicados. Los simples terminan con una respiración profunda y un llanto. Los complicados incluyen pérdida del conocimiento y rigidez del cuerpo parecida a una convulsión.
Es importante que estos procedimientos los realicen profesionales de la salud.
Los objetivos del tratamiento de los episodios de aguantar la respiración en bebés y niños son manejar y prevenir los episodios, dar tranquilidad a las personas cuidadoras y descartar cualquier afección médica de base. Estos son los tratamientos recomendados y cómo funcionan:
- Estrategias de prevención: Usted puede probar varias estrategias para prevenir los episodios, como distraer a su niño en situaciones que los provocan, avisarle antes de que ocurran cambios, consolarlo durante experiencias difíciles, ayudar a los niños mayores a reconocer sus emociones y evitar desencadenantes como el cansancio o el hambre.
- Suplementos de hierro: En algunos casos, la anemia por deficiencia de hierro (falta de hierro en la sangre) puede estar relacionada con estos episodios. Un estudio encontró que los suplementos de hierro pueden disminuir la frecuencia de los episodios, haya o no diagnóstico de anemia. Sin embargo, es importante consultar a un médico antes de darle cualquier suplemento a un niño.
- Orientación: Las personas cuidadoras pueden beneficiarse de recibir orientación para obtener tranquilidad y aprender estrategias para manejar los episodios de su niño.
Es importante saber que la mayoría de los niños superan los episodios de aguantar la respiración sin un tratamiento específico. Si los episodios aumentan en frecuencia o interfieren con las actividades diarias, los profesionales de la salud pueden remitir al niño a especialistas, como neurólogos o cardiólogos, para descartar afecciones médicas de base. Recuerde: consulte siempre con un profesional de la salud para recibir consejos personalizados.