Acerca del asma
El asma es una enfermedad crónica que causa inflamación en las vías respiratorias. Se presenta con episodios que se repiten de silbidos al respirar (sibilancias), falta de aire, opresión en el pecho y tos. Estos síntomas pueden variar en intensidad y pueden aparecer por factores que los provocan, como virus, alérgenos (cosas que causan alergias) y el ejercicio.
La inflamación hace que las vías respiratorias se vuelvan muy sensibles (hiperreactividad), se estrechen y cueste respirar. El asma por lo general es reversible, a veces por sí sola o con el tratamiento adecuado, como los broncodilatadores de acción rápida (medicinas que abren las vías respiratorias rápido).
Entre los factores que aumentan el riesgo de asma están la obesidad, las alergias y tener familiares con asma. Hay tratamientos para controlar los síntomas y reducir el riesgo de complicaciones. Es importante que usted consulte con un profesional de la salud para obtener un diagnóstico preciso y un plan de tratamiento personalizado.
El asma es una enfermedad crónica que inflama las vías respiratorias. Sus causas son complejas e incluyen varios factores genéticos (de familia) y del ambiente. El asma no es igual en todas las personas; hay grupos de pacientes con síntomas distintos. Algunas causas incluyen:
- Factores genéticos: Ciertos genes pueden hacer que una persona sea más propensa a desarrollar asma.
- Factores del ambiente: La exposición a alérgenos, como polen, ácaros del polvo y pelos y caspa de mascotas, puede desencadenar síntomas de asma. Otros factores del ambiente incluyen la contaminación del aire y las infecciones respiratorias.
Los factores de riesgo que no se pueden modificar (no se pueden cambiar ni controlar) incluyen:
- Edad: El asma es más común en la infancia que en la adultez, aunque puede aparecer a cualquier edad.
- Sexo: Los niños varones tienen más probabilidad de desarrollar asma en la infancia, mientras que el asma que comienza en la edad adulta es más común en mujeres.
- Antecedentes familiares: Tener familiares con asma o alergias aumenta el riesgo de desarrollar asma.
Los factores de riesgo que sí se pueden modificar (se pueden influir o cambiar) incluyen:
- Fumar: Fumar y respirar humo de segunda mano aumentan el riesgo de desarrollar asma.
- Obesidad: Tener sobrepeso u obesidad se relaciona con un mayor riesgo de asma.
- Exposición a alérgenos: Evitar el contacto con alérgenos, como ácaros del polvo y caspa de mascotas, puede ayudar a reducir el riesgo de asma.
- Factores del ambiente: Mejorar la calidad del aire en interiores, reducir la exposición a la contaminación del aire y evitar infecciones respiratorias puede ayudar a prevenir o controlar el asma.
Es importante saber que estos factores de riesgo no garantizan que usted tendrá asma, pero pueden aumentar la probabilidad. Para recibir consejos y guía personalizados, consulte con un profesional de la salud.
Los síntomas iniciales más comunes del asma incluyen:
- Silbido: un sonido agudo, como un pitido, al respirar.
- Tos: sobre todo por la noche, al hacer ejercicio o al reír.
- Falta de aire: dificultad para que entre suficiente aire a los pulmones.
- Opresión en el pecho: sensación de presión o de que el pecho está apretado.
Si el asma avanza o se vuelve más grave, pueden aparecer otros síntomas:
- Mucho moco o flema
- Dificultad para hablar
- Ansiedad o pánico
- Cansancio
- Dolor de pecho
- Respiración rápida
- Infecciones frecuentes
- Problemas para dormir
Es importante saber que no todas las personas con asma tendrán todos estos síntomas. El tipo de síntomas y su gravedad pueden variar de una persona a otra. Si sospecha que puede tener asma o presenta alguno de estos síntomas, consulte a un profesional de la salud para recibir un diagnóstico preciso y el tratamiento adecuado.
El asma es una enfermedad inflamatoria crónica de las vías respiratorias. Para diagnosticar el asma, los médicos suelen hacer los siguientes exámenes, pruebas y procedimientos:
- Antecedentes personales y médicos: Le preguntan sobre sus síntomas, antecedentes familiares, medicamentos que usa, enfermedades previas y aspectos de su estilo de vida.
- Examen físico: Realizan un examen para detectar señales de asma o problemas relacionados en partes del cuerpo como los ojos, la nariz, la garganta, los oídos, la piel, los pulmones y los senos paranasales.
- Pruebas de función pulmonar: Estas pruebas muestran qué tan bien usted exhala e inhala aire de los pulmones. Entre las más comunes están la espirometría (mide el aire que entra y sale), la fracción exhalada de óxido nítrico (FeNO) y las pruebas de provocación bronquial (miden cómo reaccionan sus vías respiratorias a ciertos estímulos).
- Análisis de sangre: Miden los niveles de inmunoglobulina E (IgE) y de eosinófilos (un tipo de glóbulo blanco). Niveles altos pueden indicar asma.
- Pruebas de alergia: En muchos casos, las alergias pueden causar que el asma aparezca o empeore. Estas pruebas ayudan a identificar posibles desencadenantes.
Para determinar la etapa o la gravedad del asma, se pueden necesitar exámenes, pruebas y procedimientos adicionales:
- Historia clínica detallada: Reunir más información sobre sus síntomas y desencadenantes.
- Mediciones de la función pulmonar: Evaluar qué tan limitado está el paso de aire y cómo varía, usando espirometría o mediciones del flujo espiratorio máximo (FEM).
- Estudios adicionales: Pueden ser necesarios en ciertos grupos, como niños menores de 5 años, personas adultas mayores o trabajadores con sospecha de asma ocupacional. Estos estudios ayudan a evaluar diagnósticos alternativos, identificar factores que lo precipitan, medir la gravedad e investigar posibles complicaciones.
- Derivación a un especialista: En algunos casos, puede ser necesario derivarle a un especialista en el cuidado del asma para más consulta o tratamiento.
Recuerde consultar con su profesional de salud para recibir recomendaciones específicas, ya que puede adaptar el enfoque diagnóstico según su situación.
El asma es una enfermedad crónica que causa inflamación en las vías respiratorias (los tubos por donde entra y sale el aire de los pulmones). Produce episodios repetidos de silbidos al respirar, falta de aire, opresión en el pecho y tos.
Los objetivos del tratamiento del asma son:
- Ayudarle a respirar mejor: Mejorar la respiración y reducir los síntomas del asma.
- Reducir el número de crisis: Disminuir cuántas veces ocurren las crisis de asma y que sean menos graves.
- Aumentar lo que usted puede hacer: Con buen control, poder hacer las actividades diarias sin límites.
Para lograr estos objetivos, hay varias opciones de tratamiento:
- Medicamentos de alivio rápido: Dan alivio inmediato durante una crisis al relajar los músculos alrededor de las vías respiratorias. Se usan solo cuando los necesita.
- Medicamentos de control a largo plazo: Se toman de forma regular para prevenir los síntomas y reducir las crisis. Disminuyen la inflamación (hinchazón) dentro de las vías respiratorias y ayudan a mantener el control con el tiempo.
- Terapia combinada: Algunas personas pueden necesitar una combinación de medicamentos de alivio rápido y de control a largo plazo para lograr el mejor control del asma.
- Cambios en hábitos de salud: Además de los medicamentos, ciertos cambios ayudan a manejar el asma. Por ejemplo, identificar y evitar lo que le provoca síntomas (desencadenantes), tener buena higiene, mantener un peso saludable y mantenerse físicamente activo.
- Procedimientos terapéuticos: En casos graves que no responden a otros tratamientos, se puede considerar la termoplastia bronquial. Este procedimiento reduce el grosor de los músculos en las vías respiratorias y mejora el paso del aire.
Es importante adaptar el plan de tratamiento a las necesidades de cada persona y elaborarlo junto con su profesional de la salud. La dosis de los medicamentos puede variar por muchos factores; consulte con su profesional de la salud sobre la dosis adecuada para su situación. Pueden ocurrir otros efectos secundarios; pregunte a su profesional de la salud o lea la información que viene con su medicamento para saber más sobre posibles efectos secundarios.