¿Qué es la pubertad tardía?
La pubertad tardía se define como la falta de señales de pubertad a una edad mayor que la edad promedio esperada en la población general.
En las niñas, suele definirse como la ausencia de desarrollo de los senos para los 13 años. En los niños, se define como que el volumen (tamaño) de los testículos sigue siendo menor de 4 mL para los 14 años. Estos límites de edad se basan en análisis estadísticos de la población general.
La pubertad tardía es relativamente común. Afecta a alrededor de 2 de cada 100 adolescentes. Puede tener varias causas, entre ellas:
- Retraso constitucional del crecimiento y la pubertad (un retraso temporal que se resuelve con el tiempo)
- Problemas funcionales o desequilibrios hormonales
- Factores genéticos
- Problemas de salud que ya existen
Si le preocupa la pubertad tardía, consulte con un profesional de la salud para recibir un diagnóstico preciso y la orientación y el tratamiento adecuados.
La pubertad tardía puede tener varias causas del funcionamiento del cuerpo, entre ellas:
- Trastornos hormonales: desequilibrios en hormonas como el estrógeno, la progesterona, la testosterona y la hormona del crecimiento pueden retrasar la pubertad.
- Anomalías genéticas o cromosómicas: afecciones como el síndrome de Turner, el síndrome de Klinefelter y otros trastornos genéticos pueden afectar el desarrollo de las características sexuales.
- Enfermedades crónicas: ciertas enfermedades crónicas (de largo plazo), como la enfermedad renal, la enfermedad del hígado, la fibrosis quística y la desnutrición, pueden retrasar la pubertad.
- Trastornos de la glándula pituitaria (hipófisis) o del hipotálamo: tumores o daño en la glándula pituitaria o en una parte del cerebro llamada hipotálamo pueden alterar la producción y liberación de las hormonas necesarias para la pubertad.
Los factores de riesgo no modificables de pubertad tardía son aquellos que no se pueden cambiar. Estos incluyen:
- Antecedentes familiares: la pubertad tardía a veces ocurre en varias personas de una misma familia.
- Trastornos genéticos o cromosómicos: por ejemplo, afecciones como el síndrome de Turner y el síndrome de Klinefelter son factores de riesgo no modificables.
Los factores de riesgo modificables de pubertad tardía son aquellos que se pueden influir o cambiar. Estos incluyen:
- Alimentación y estado nutricional: una alimentación deficiente o una pérdida de peso extrema puede retrasar el inicio de la pubertad.
- Enfermedad crónica: el manejo adecuado de las enfermedades crónicas puede ayudar a prevenir retrasos en la pubertad.
- Factores ambientales: la exposición a ciertas sustancias químicas que alteran las hormonas, presentes en productos del hogar, puede afectar el momento en que empieza la pubertad.
Es importante saber que estos factores de riesgo pueden afectar de manera distinta a cada persona. Consulte con un profesional de la salud para recibir consejos y orientación personalizados sobre la pubertad tardía.
Los síntomas tempranos más comunes de la pubertad tardía en niñas incluyen:
- Más de 4 años entre los primeros signos de crecimiento de los senos y la primera menstruación
- No hay desarrollo de los senos a los 13 años
- No hay menstruación a los 14, 15 o 16 años
Los síntomas tempranos más comunes de la pubertad tardía en niños incluyen:
- No aumento del tamaño de los testículos a los 14 años
- Tarda más de 4 años en completar el desarrollo de los genitales
- No aparece vello púbico a los 15 años
Otros signos y síntomas que pueden aparecer en etapas más avanzadas o cuando la pubertad tardía es más grave incluyen:
- La pubertad tardía continúa más allá del tiempo esperado
- Hipogonadismo en niñas (los ovarios funcionan menos de lo normal)
- Resistencia a los andrógenos en niños (el cuerpo responde menos a las hormonas masculinas)
- Deficiencias nutricionales (falta de nutrientes)
- Presencia de anticuerpos autoinmunes (proteínas de defensa) contra hormonas, receptores (lugares donde actúan las hormonas) u órganos endocrinos (órganos que producen hormonas)
- Anemia (bajo nivel de glóbulos rojos)
Es importante consultar con un profesional de la salud si usted o alguien que conoce presenta signos de pubertad tardía. Esta persona puede hacer una evaluación adecuada y orientar sobre los pasos a seguir.
Para diagnosticar la pubertad tardía, se suelen hacer los siguientes exámenes, pruebas y procedimientos:
- Examen físico: Un profesional de salud le hará un examen para buscar señales de algún problema, como dolor, hinchazón o bultos en el cuerpo.
- Análisis de laboratorio: Pueden recomendarle análisis específicos, como una muestra de sangre para medir hormonas y descartar enfermedades. Esto puede incluir:
- Niveles de hormona luteinizante (LH) y de hormona foliculoestimulante (FSH)
- Medición de esteroides sexuales (hormonas sexuales)
- Pruebas de función tiroidea
- Factor de crecimiento similar a la insulina tipo 1 (IGF-1)
- Prolactina
- Estudios de imagen: Según los síntomas, pueden pedir estudios como radiografías o resonancia magnética (RM) para evaluar la parte del cuerpo que se necesita revisar.
Para determinar la etapa o la gravedad de la pubertad tardía, se pueden hacer exámenes y pruebas adicionales, como:
- Prueba de cariotipo: Esta prueba es importante en mujeres con hipogonadismo primario (cuando los ovarios no funcionan bien) para detectar problemas en los cromosomas.
- Pruebas de estimulación: Se puede medir la respuesta de las gonadotropinas (hormonas que estimulan las gónadas) a la hormona liberadora de gonadotropinas (GnRH), la respuesta de la testosterona a la gonadotropina coriónica humana (hCG), y medir testosterona, FSH y LH en una muestra de orina de la primera mañana. Estas pruebas ayudan a diferenciar entre una pubertad tardía que se resuelve por sí sola y un hipogonadismo hipogonadotrópico (cuando el cerebro envía pocas señales hormonales).
Es importante saber que estos son procedimientos generales. Hable con su profesional de salud para recibir recomendaciones personalizadas según su situación.
Los objetivos del tratamiento de la pubertad tardía son lograr un desarrollo puberal normal, promover un buen crecimiento y desarrollo de los huesos, y mejorar el bienestar emocional.
Los tratamientos recomendados para la pubertad tardía incluyen:
- Intervención nutricional: Cuando la desnutrición es un factor, mejorar el estado nutricional es clave. Una alimentación equilibrada, con suficientes calorías, ayuda a activar los procesos del cuerpo que causan los estirones de crecimiento y el desarrollo sexual.
- Terapia de reemplazo hormonal: Si se identifica una causa permanente de hipogonadismo hipogonadotrópico (cuando el cerebro no envía suficientes señales hormonales a los ovarios o testículos), se pueden usar hormonas para lograr una estatura adulta acorde con la estatura esperada en su familia y para favorecer una buena masa ósea. Para mujeres, por lo general se indica estrógeno transdérmico (estrógeno que se aplica en la piel), con ajustes de dosis cada 6 meses.
- Terapia con testosterona: En pacientes con pubertad tardía por hipogonadismo hipergonadotrópico (cuando los ovarios o testículos no responden bien y el cuerpo aumenta las hormonas que los estimulan), como en el síndrome de Klinefelter, se puede iniciar el reemplazo con testosterona a los 11–12 años y aumentarlo de forma gradual para favorecer el desarrollo puberal.
Tenga en cuenta que el tratamiento específico puede variar según la situación de cada persona, las causas de fondo y la orientación de los profesionales de la salud. La dosis de los medicamentos puede verse afectada por muchos factores; por eso, es fundamental consultar a un profesional de la salud para recibir indicaciones personalizadas. También pueden presentarse otros efectos secundarios; hable con su médico sobre los posibles riesgos y beneficios o revise la información del medicamento.