Sobre la mastitis (infección de la mama)
La mastitis, también llamada infección del seno (la mama), es una inflamación o hinchazón del tejido del seno. A menudo se debe a una infección por bacterias. Se ve con más frecuencia en mujeres que están amamantando, pero también puede presentarse en personas que no están lactando.
La mastitis puede causar dolor, hinchazón, enrojecimiento, picazón y sensación de calor en el seno. También puede dar síntomas parecidos a la gripe, como fiebre y cansancio. Por lo general, solo se afecta un seno a la vez.
Si no se trata, la mastitis puede causar complicaciones, como un absceso en el seno (acumulación de pus). El tratamiento suele incluir antibióticos para combatir la infección y analgésicos de venta libre para aliviar las molestias. En algunos casos, puede ser necesaria una intervención quirúrgica para drenar cualquier absceso que se forme.
Las principales causas de la mastitis (inflamación del seno) son la retención de leche y la infección. La retención de leche ocurre cuando los conductos de la leche en el seno se bloquean o la leche se queda estancada. Esto pasa cuando la leche no sale bien del seno. Puede causar inflamación y dolor. En algunos casos, la retención de leche puede avanzar a una infección, lo que empeora los síntomas de la mastitis.
Factores de riesgo que no se pueden cambiar:
- Sexo: la mastitis es más común en mujeres, pero también puede ocurrir en hombres.
- Embarazo: es más probable en mujeres que han dado a luz recientemente.
- Edad: las mujeres jóvenes (menores de 21 años) y las mayores (más de 35 años) pueden tener un riesgo más alto.
- Mastitis previa: las mujeres que ya tuvieron mastitis pueden ser más propensas a volver a tenerla.
Factores de riesgo que sí se pueden cambiar:
- Lactancia materna: la mastitis se relaciona con la lactancia. Las mujeres que están amamantando tienen más riesgo que las que no amamantan.
- Técnica de lactancia incorrecta: una mala posición o un mal agarre del bebé al pecho puede causar retención de leche y aumentar el riesgo de mastitis.
- Pezones agrietados o doloridos: los pezones dañados pueden dificultar que la leche fluya bien, lo que causa retención de leche y posible infección.
- Estrés: niveles altos de estrés pueden debilitar las defensas del cuerpo (sistema inmunitario) y dificultar que el cuerpo combata infecciones, incluida la mastitis.
- Fumar: puede aumentar el riesgo de mastitis.
Recuerde: aunque algunos factores no se pueden cambiar, como el sexo y el embarazo, usted puede tomar medidas para reducir el riesgo. Practique una buena técnica de lactancia, mantenga buena higiene de los pezones, controle el estrés y, si aplica, deje de fumar.
Los síntomas tempranos más comunes de la mastitis (infección del seno) incluyen:
- Hinchazón del seno
- Enrojecimiento, a veces en forma de cuña
- Sensibilidad o dolor en el seno
- Dolor o ardor al amamantar
- Escalofríos, dolor de cabeza o síntomas parecidos a la gripe
- Fiebre de 38.3 °C (101 °F) o más
A medida que la infección avanza o se hace más grave, pueden aparecer otros síntomas comunes. Estos pueden incluir:
- Sensibilidad en los senos
- Senos tibios al tacto
- Hinchazón de los senos
- Dolor o ardor (puede ser constante o solo al amamantar)
- Un bulto en el seno o engrosamiento del tejido del seno
- Enrojecimiento e hinchazón del seno
- Sentirse mal o con mucho cansancio
- Fiebre y escalofríos
En algunos casos, si la infección no se trata, puede formarse una acumulación de pus llamada absceso en el tejido del seno. Esto puede requerir cirugía para drenar el pus. Es importante buscar atención médica si sospecha mastitis para prevenir complicaciones y asegurar un manejo adecuado de la infección.
Para diagnosticar la mastitis, los médicos suelen hacer los siguientes exámenes y pruebas:
- Examen físico: El médico examinará la mama afectada y preguntará sobre los síntomas. Buscará señales de inflamación, como enrojecimiento, hinchazón y calor.
- Antecedentes médicos: El médico preguntará sobre episodios previos de mastitis o infecciones de la mama, y sobre cualquier problema con la lactancia.
- Muestra de leche materna: En algunos casos, cuando los síntomas son graves o si no hay respuesta al tratamiento, el médico puede tomar una pequeña muestra de leche para analizarla. Esta prueba puede mostrar si hay una infección por bacterias y el tipo de bacteria, lo cual ayuda a guiar el tratamiento.
- Demostración de lactancia: Si se sospecha que la causa es un problema con la lactancia, el médico puede pedir a la mujer que muestre cómo amamanta. Esto ayuda a detectar problemas de posición o de agarre que pueden contribuir a la infección.
Además de estos procedimientos para el diagnóstico, hay otras pruebas que pueden usarse para conocer la etapa o la gravedad de la mastitis:
- Pruebas de imagen: Según la gravedad de la infección, se puede hacer una ecografía de mama o una ecografía de mama dirigida. Estas pruebas ayudan a ver qué tan extensa es la inflamación y a identificar abscesos (acumulaciones de pus) u otras complicaciones.
- Biopsia: En casos raros, cuando hay preocupación por cáncer de mama inflamatorio o cuando otras pruebas no dan un resultado claro, se puede hacer una biopsia. Una biopsia consiste en tomar una pequeña muestra de tejido de la mama para examinarla al microscopio y descartar cáncer de mama.
Es importante saber que estas pruebas adicionales no siempre son necesarias para diagnosticar la mastitis. Por lo general, se reservan para casos con dudas sobre el diagnóstico o cuando se sospechan complicaciones.
Los objetivos del tratamiento de la mastitis (inflamación del pecho, a veces por infección) son aliviar los síntomas, eliminar la infección y prevenir complicaciones. Los tratamientos para la mastitis incluyen:
- Antibióticos: Los antibióticos son medicamentos que combaten infecciones por bacterias. Se recetan con frecuencia cuando la mastitis es causada por bacterias. Actúan al matar o frenar el crecimiento de las bacterias, y así ayudan a eliminar la infección. Es importante completar todo el tratamiento con antibióticos que le recete el médico, aun si sus síntomas mejoran antes de terminar. Esto ayuda a asegurar que todas las bacterias que causan la infección se eliminen por completo.
- Medidas de autocuidado: Estas pueden intentarse como primer paso para tratar la mastitis. Incluyen lograr un buen vaciamiento del pecho durante las tomas, lo que ayuda a aliviar los síntomas y a prevenir más infecciones. También pueden recomendarse técnicas como masajear el pecho, aplicar compresas tibias y usar distintas posiciones para amamantar para favorecer un mejor vaciamiento.
- Alivio del dolor y la fiebre: La mastitis puede causar dolor y fiebre. Se pueden manejar con analgésicos de venta libre, como paracetamol (acetaminofén). Estos medicamentos ayudan a reducir el dolor y la inflamación, para que usted se sienta mejor mientras su cuerpo combate la infección.
- Procedimientos de drenaje: En algunos casos se puede formar un absceso, que es un bulto doloroso con pus. Si esto sucede, un médico puede realizar un procedimiento de drenaje para retirar el absceso. Este procedimiento consiste en hacer una pequeña abertura en la piel con un bisturí y colocar un drenaje o dejar que el contenido salga por sí solo. Al drenar el absceso, disminuye el dolor y se previenen más infecciones.
- Cambios en hábitos de salud: Algunos cambios también pueden ayudar. Continuar amamantando o extraer leche con regularidad ayuda a lograr un buen vaciamiento del pecho y evita que la leche se acumule y empeore la infección.
Es importante saber que algunas investigaciones sugieren que, durante la lactancia, los antibióticos no siempre son necesarios ni apropiados para tratar la mastitis. En esos casos, primero se deben intentar las medidas no medicinales y de autocuidado. Sin embargo, si hay complicaciones o si el problema empeora con rapidez, se puede recomendar hospitalización y tratamiento con antibióticos.
Si la mastitis no se trata, puede causar complicaciones. Una complicación común es un absceso, que es una acumulación de pus que se forma en el seno. Para tratar un absceso, por lo general hay que abrir el área para sacar el pus (drenaje quirúrgico). Otra posible complicación es la septicemia o sepsis, una infección grave en la sangre que pone en riesgo la vida y puede ocurrir si la infección no se trata de inmediato.
El tratamiento temprano es clave para prevenir complicaciones y ayudar a que usted se recupere más rápido. Si ya tuvo mastitis una vez, hay más probabilidad de que vuelva (recurrencia) si no se trata bien. Un tratamiento tardío o insuficiente aumenta el riesgo de que vuelva. En algunos casos, puede ser necesario abrir el absceso para sacar el pus (drenaje quirúrgico).
Es importante saber que, aunque los remedios caseros o los medicamentos de venta libre pueden aliviar los síntomas por un tiempo, lo mejor es consultar con un profesional de la salud para un diagnóstico y tratamiento adecuados. Ellos pueden darle consejos personalizados según su situación específica.