Sobre la placenta acreta
La placenta acreta, también llamada trastorno de adherencia placentaria, ocurre cuando la placenta se pega y crece de forma profunda en la pared del útero (matriz). En la placenta acreta, el tejido de la placenta invade el miometrio (la capa muscular del útero). Esta invasión impide que la placenta se desprenda de forma natural después del parto. Sin tratamiento, puede causar hemorragia posparto grave (sangrado excesivo después del parto) y choque (estado grave por presión arterial muy baja).
Esta condición se clasifica según la profundidad con que el tejido placentario invade el útero. Hay tres tipos:
- Placenta acreta vera: la placenta queda fijada de forma anormal directamente en el miometrio.
- Placenta increta: la placenta invade parcialmente el miometrio.
- Placenta percreta: la placenta invade por completo el miometrio y puede atravesar el útero, a veces incluso llegar a órganos cercanos.
Los principales factores de riesgo son haber tenido cesáreas previas y tener placenta previa (cuando la placenta cubre en parte o por completo el cuello del útero). Otros factores menos comunes incluyen antecedentes de miomectomía conservadora (cirugía para quitar miomas del útero), embolización de las arterias uterinas (procedimiento para bloquear el flujo de sangre a los miomas), legrado (raspado del revestimiento del útero) o ruptura uterina. La edad materna mayor también es un factor de riesgo.
La placenta acreta puede causar complicaciones como sangrado vaginal en el tercer trimestre, hemorragia posparto grave, parto por cesárea y, a veces, necesidad de histerectomía (extirpación del útero). Por eso, un diagnóstico prenatal preciso es clave para la seguridad de la madre y del bebé antes del parto. Los estudios de imagen, en especial la resonancia magnética (RM), cumplen un papel importante para diagnosticar y localizar estas alteraciones.
Los factores de riesgo no modificables de placenta acreta (cuando la placenta se pega demasiado al útero) son los que no se pueden cambiar. Incluyen:
- Edad de la madre: Las mujeres mayores, por lo general de más de 35 años, tienen un riesgo más alto de presentar placenta acreta.
- Placenta previa: Este problema ocurre cuando la placenta cubre el cuello del útero, lo que aumenta el riesgo de placenta acreta.
- Cesárea previa: Las mujeres que han tenido partos por cesárea antes tienen un riesgo más alto de presentar placenta acreta.
- Cirugía uterina previa: Cualquier cirugía en el útero, como miomectomía (cirugía para quitar miomas) o extirpación de miomas, puede aumentar el riesgo de placenta acreta.
Los factores de riesgo modificables de placenta acreta son los que se pueden influir o cambiar. Incluyen:
- Aborto inducido: Haber tenido abortos inducidos puede aumentar el riesgo de presentar placenta acreta.
- Malformación del útero: Ciertas anomalías en la forma o la estructura del útero pueden contribuir al desarrollo de placenta acreta.
- Infección del endometrio (revestimiento del útero): Las infecciones en este revestimiento pueden causar daño que aumenta el riesgo de placenta acreta.
Es importante saber que, aunque algunos factores de riesgo se pueden modificar, como el aborto inducido o la malformación uterina, otros, como tener más de 35 años o haber tenido una cesárea previa, no se pueden cambiar. Es esencial que el personal de salud identifique estos factores durante el control prenatal para ofrecer el manejo adecuado y reducir posibles complicaciones en el parto.
El síntoma temprano más común de la placenta acreta (cuando la placenta se adhiere demasiado profundo a la pared del útero) es el sangrado vaginal sin dolor en el tercer trimestre del embarazo. Este sangrado puede ser leve o muy abundante. A veces se puede pasar por alto o confundir con otro problema. Por eso, busque atención médica de inmediato si tiene cualquier sangrado vaginal durante el embarazo.
A medida que la placenta acreta avanza o es más grave, pueden aparecer otros síntomas:
- Dolor de espalda o de abdomen (vientre): puede sentirse en la parte baja de la espalda o del vientre bajo.
- Sangrado abundante antes del parto: sangrado que ocurre antes de nacer el bebé y puede ser una forma más intensa de sangrado vaginal.
- Retención de placenta (cuando parte de la placenta queda dentro del útero): después del parto puede necesitarse un procedimiento médico para retirarla.
- Insuficiencia placentaria (cuando la placenta no puede darle suficiente oxígeno y nutrientes al bebé): esto puede causar complicaciones durante el embarazo.
Recuerde: la placenta acreta es una afección grave que necesita atención médica. Si presenta cualquier síntoma o tiene preocupaciones sobre su embarazo, consulte con su profesional de la salud para una evaluación y orientación adecuadas.
Los métodos más usados para diagnosticar la placenta acreta (cuando la placenta se adhiere demasiado a la pared del útero) son el ultrasonido y la resonancia magnética (RM). Se prefiere el ultrasonido porque es de bajo costo, no es invasivo y es fácil de realizar. Puede mostrar la ubicación y predecir la situación de la placenta acreta. Sin embargo, el ultrasonido tiene limitaciones. Puede verse afectado por la técnica de quien lo realiza, la ubicación de la placenta, la cantidad de líquido amniótico y el grosor del tejido graso en la pared del abdomen de la mujer embarazada. Estos factores pueden hacer que la placenta en la pared posterior del útero no se vea con claridad. La RM puede ser útil en algunos casos.
Para diagnosticar la placenta acreta, se combinan el ultrasonido y la RM para aumentar la exactitud.
Para determinar la etapa o la gravedad de la placenta acreta, se pueden realizar exámenes, pruebas y procedimientos adicionales, entre ellos:
- Análisis macroscópico e histopatológico: consiste en analizar el aspecto a simple vista y las características al microscopio de la placenta. Ayuda a evaluar qué tanto invade la pared del útero.
- Evaluación histopatológica posoperatoria: el diagnóstico definitivo de placenta acreta se hace después de analizar al microscopio las muestras de tejido obtenidas durante la cirugía.
- Características maternas: se registran la edad, la cantidad de embarazos (gravidez), la cantidad de partos con recién nacido vivo (paridad), antecedentes de aborto, procedimientos previos de dilatación y curetaje (D y C), cesáreas y otras cirugías del útero.
Estos exámenes, pruebas y procedimientos ayudan a diagnosticar con precisión la placenta acreta y a determinar su etapa o gravedad.
Los objetivos del tratamiento de la placenta acreta son reducir las complicaciones para la madre, controlar el sangrado y preservar la fertilidad cuando usted así lo desea. Hay varias opciones para lograrlo, entre ellas:
- Tratamiento con antibióticos: Los antibióticos son medicamentos que combaten infecciones causadas por bacterias. En la placenta acreta, se recomiendan para prevenir o tratar infecciones. Esto baja el riesgo de complicaciones y favorece la recuperación.
- Procedimientos intervencionistas: Pueden incluir la embolización de la arteria uterina. Se usan imágenes para localizar los vasos que sangran y se bloquea su flujo con materiales como Gelfoam, pequeños espirales o pegamento médico. Este procedimiento ayuda a controlar el sangrado.
- Legrado guiado por ultrasonido: El legrado (raspado del interior del útero) puede hacerse dentro de las 24 horas después de un parto vaginal como manejo conservador. Este procedimiento ayuda a retirar restos de placenta y favorece la recuperación.
- Control del sangrado durante la cirugía: Son técnicas usadas durante una cesárea para manejar el sangrado y conservar el útero. Pueden incluir suturas y otros métodos para minimizar el sangrado.
- Histerectomía: Es la cirugía para retirar el útero. Es el tratamiento definitivo cuando otras medidas no controlan el sangrado o cuando no se desea preservar la fertilidad. La histerectomía quita la fuente del sangrado y elimina el riesgo de más complicaciones por placenta acreta.
Es importante que el tratamiento lo realice un equipo multidisciplinario con experiencia. Así se atienden todas las necesidades y se reducen los riesgos. Además, hacer el diagnóstico durante el embarazo con estudios de imagen, como ultrasonido y resonancia magnética (RM), ayuda a planear el tratamiento con tiempo y permite detectar y actuar temprano si es necesario.
Complicaciones frecuentes de la placenta acreta (cuando la placenta se adhiere muy profundamente a la pared del útero):
- Hemorragia posparto: La placenta acreta puede causar sangrado abundante después del parto. Puede necesitar transfusiones de sangre o incluso una histerectomía de emergencia (extirpación del útero) para controlar el sangrado.
- Muerte materna: La placenta acreta puede aumentar el riesgo de muerte de la madre por sangrado grave y otras complicaciones que ponen en riesgo la vida.
- Complicaciones neonatales: La placenta acreta puede causar parto prematuro (antes de 37 semanas), muerte fetal y asfixia (falta de oxígeno). Esto puede causar enfermedad en el recién nacido y requerir ingreso a la unidad de cuidados intensivos neonatales (UCIN).
- Perforación uterina: En algunos casos, el tejido placentario puede atravesar la pared del útero y causar perforación uterina. Es una complicación grave que requiere atención médica inmediata.
Existen opciones de tratamiento para manejar la placenta acreta y reducir las complicaciones. La meta del tratamiento es proteger la seguridad de la madre y del bebé.
Es importante hablar de las opciones de tratamiento con profesionales de la salud, quienes pueden darle consejos personalizados según su situación. Si sospecha que tiene placenta acreta o tiene otra preocupación de salud, consulte a su médico para una evaluación y orientación adecuadas según sus necesidades.