Acerca de las várices en la vulva
Las varices vulvares, también llamadas venas varicosas en la vulva, son venas agrandadas, dilatadas y retorcidas que aparecen en la zona genital. Ocurren cuando partes de las venas de la vulva se llenan de sangre que se acumula. Esto puede causar dolor, presión y molestia en el área afectada.
Las varices vulvares son más comunes en mujeres durante el embarazo por cambios en el flujo de sangre y por el aumento de hormonas. Sin embargo, también pueden presentarse fuera del embarazo.
En la mayoría de los casos, las varices vulvares desaparecen sin tratamiento después del parto. Si persisten o aparecen fuera del embarazo, hay opciones de tratamiento para ayudar a aliviar los síntomas.
Las várices vulvares (venas dilatadas en la vulva) se deben a:
- Mala circulación: Cuando la sangre no fluye bien por las venas, pueden formarse várices. En la vulva, la mala circulación hace que la sangre se acumule en las venas y se formen várices.
- Debilitamiento de las venas: Igual que con las várices en las piernas, partes de las venas de la vulva se debilitan con el tiempo. Esto dificulta la circulación y causa venas abultadas y dolorosas.
Factores de riesgo no modificables (que no se pueden cambiar):
- Embarazo: Durante el embarazo, los cambios hormonales y el aumento del volumen de sangre favorecen la aparición de várices vulvares. De hecho, es más común tener várices vulvares durante el embarazo.
- Várices pélvicas: Tener várices en la zona pélvica aumenta el riesgo de desarrollar várices vulvares.
Factores de riesgo modificables (que se pueden cambiar o controlar):
- Sobrepeso u obesidad
- Estilo de vida sedentario, con poca actividad física
- Alimentación poco saludable
Un síntoma común de las várices en la vulva es el dolor en la pelvis, que puede acompañarse de otros síntomas como:
- Venas en la vulva que se ven agrandadas, torcidas o dilatadas.
- Cólicos menstruales dolorosos.
- Dolor o molestia durante las relaciones sexuales.
Para diagnosticar las várices en la vulva, el médico a menudo puede hacerlo con una simple revisión visual. Examinará la vulva para ver si hay venas hinchadas. En algunos casos, el médico también puede preguntarle sobre su circulación y revisar si hay várices en otras partes del cuerpo.
Según cada caso, se pueden hacer otras evaluaciones, pruebas y procedimientos. Estos pueden incluir:
- Ultrasonido Doppler (ecografía Doppler): es una prueba no invasiva que usa ondas de sonido para crear imágenes del flujo de sangre en las venas. Puede ayudar a determinar el alcance y la gravedad de las várices.
- Resonancia magnética (RM): usa imanes potentes y ondas de radio para crear imágenes detalladas del interior del cuerpo. Puede dar más información sobre el tamaño y la ubicación de las várices.
- Venografía: es una prueba de imágenes en la que se inyecta un tinte de contraste en una vena del pie o del tobillo. Luego se toman radiografías para ver el flujo de sangre e identificar bloqueos o anomalías.
- Tomografía computarizada (TC): usa rayos X y una computadora para crear imágenes detalladas del cuerpo. Puede ayudar a evaluar el alcance de las várices y detectar complicaciones relacionadas.
- Pruebas de sangre: pueden hacerse para buscar afecciones de base que contribuyan a las várices en la vulva, como desequilibrios hormonales o problemas de coagulación de la sangre.
No todas estas evaluaciones, pruebas y procedimientos son necesarios para todas las personas con várices en la vulva. Las pruebas específicas dependen de sus síntomas, su historia clínica y el criterio del médico. Siempre consulte con un profesional de la salud para obtener un diagnóstico preciso y un plan de manejo adecuado.
La meta principal del tratamiento de las várices vulvares es aliviar los síntomas y mejorar su calidad de vida. Las opciones de tratamiento y cómo ayudan son las siguientes:
Medicamentos:
- Esteroides tópicos: Se usan corticosteroides tópicos de alta potencia (en crema o ungüento) en la fase activa de las várices vulvares. Ayudan a bajar la inflamación y a aliviar síntomas como picazón y molestia.
Terapias:
- Terapia de compresión: Usar prendas de compresión, como ropa interior de soporte o medias, puede mejorar la circulación y reducir la hinchazón en la zona vulvar. Esta terapia da soporte externo a las venas y evita que se dilaten y acumulen sangre.
Procedimientos terapéuticos:
- Escleroterapia: Consiste en inyectar una solución en las venas afectadas para que se encojan y, con el tiempo, desaparezcan. La escleroterapia mejora el flujo de sangre y reduce la apariencia de las várices.
- Terapia con láser: El láser se usa para identificar y destruir vasos sanguíneos anormales en la zona vulvar. Ayuda a cerrar esos vasos, reduce los síntomas y mejora la apariencia de la piel.
Cuidados personales y cambios de hábitos:
- Evite estar mucho tiempo de pie o sentado: Permanecer largos periodos de pie o sentado puede empeorar los síntomas. Tome descansos, cambie de posición con frecuencia y, cuando pueda, eleve las piernas.
- Ejercicio regular: El ejercicio moderado, como caminar o nadar, favorece una buena circulación y reduce los síntomas. Consulte con un profesional de la salud antes de empezar cualquier plan de ejercicio.
Otros tratamientos:
- Compresas frías: Aplicar compresas frías en la zona vulvar puede aliviar el dolor, la hinchazón y la molestia.
- Elevación: Al estar acostada o sentada, eleve las piernas para ayudar a reducir la hinchazón y facilitar que la sangre se aleje del área afectada.
- Ejercicios del piso pélvico: Fortalecer los músculos del piso pélvico con ejercicios como los de Kegel puede dar algo de alivio al mejorar la circulación en la pelvis.
Si los remedios en casa no le dan alivio o si las várices siguen después del embarazo, su médico puede recomendar tratamientos médicos. Las opciones pueden variar según su situación y la intensidad de los síntomas. Consulte con un profesional de la salud para definir el plan de tratamiento más adecuado.
La dosis de los medicamentos puede verse afectada por muchos factores. Consulte con su profesional de la salud sobre la dosis adecuada para su caso. Pueden presentarse otros efectos secundarios. Consulte con su profesional de la salud o lea la información que viene con su medicamento para conocer más sobre los efectos secundarios.
Las várices en la vulva son venas hinchadas en la vulva. Suelen aparecer durante el embarazo y, por lo general, desaparecen a las pocas semanas después de dar a luz. No suelen ser permanentes. Sin embargo, si aparecen en un embarazo, pueden volver en otro. Tenga en cuenta que los síntomas pueden volverse más intensos con cada embarazo.
Si las várices en la vulva no desaparecen con el tiempo, se recomienda hablar con un profesional de la salud. En algunos casos, puede ser necesaria una cirugía para quitarlas. Aun con cirugía, es posible que vuelvan a aparecer.
A veces, las várices en la vulva pueden causar complicaciones.
- Una posible complicación es la trombosis venosa profunda (TVP), que es un coágulo de sangre que se forma en una vena. Aunque la TVP es poco frecuente con las várices en la vulva, es importante vigilar las venas para asegurarse de que no se forme un coágulo. Los síntomas de TVP incluyen dolor, inflamación, hinchazón y endurecimiento. Si presenta estos síntomas, busque atención médica de inmediato.
- Otra posible complicación es el síndrome de congestión pélvica, que es una afección de dolor crónico que puede ocurrir por las várices en la vulva. Esta afección puede causar hinchazón y mala circulación (bloqueo del flujo de sangre) en la vulva y los genitales.
Recuerde que cada situación es única. Consulte con un profesional de la salud para recibir consejos y orientación personalizados sobre el tratamiento de las várices en la vulva.