Acerca del rectocele (prolapso de la pared de la vagina hacia el recto)

Descripción general

Un rectocele, también llamado prolapso de la pared vaginal posterior o proctocele, es un tipo de prolapso de órganos pélvicos (cuando uno o más órganos de la pelvis se bajan o se salen de su lugar).

Ocurre cuando los ligamentos y los músculos que sostienen el suelo pélvico (el conjunto de músculos y tejidos que sostienen los órganos de la pelvis) se debilitan. Esto hace que también se debilite la pared fuerte que separa el recto de la vagina. Como resultado, puede aparecer un bulto hacia la parte de atrás de la vagina, sobre todo al pujar, por ejemplo, al evacuar.

Algunas personas no tienen síntomas. Otras pueden tener estreñimiento y molestia. En casos graves, puede ser necesaria una cirugía para tratar el rectocele.

Causas y factores de riesgo

Varios factores pueden contribuir al desarrollo de rectocele (abultamiento del recto hacia la vagina), entre ellos:

  • Embarazo y parto: El embarazo y el parto son factores importantes en el desarrollo del rectocele. Es más probable si el bebé fue grande, si el trabajo de parto fue largo o si hubo un parto múltiple (por ejemplo, gemelos). El riesgo aumenta con la cantidad de partos vaginales que una mujer ha tenido.
  • Edad: A los 50 años, alrededor de la mitad de las mujeres tiene algún síntoma de prolapso de órganos pélvicos, incluido el rectocele. A los 80 años, más de 1 de cada 10 mujeres habrá tenido cirugía por prolapso.
  • Debilitamiento del soporte pélvico: La causa principal del rectocele es el debilitamiento de los músculos y tejidos que sostienen los órganos pélvicos y del tabique rectovaginal (la capa de tejido que separa la vagina del recto).

Los factores de riesgo no modificables son los que no se pueden cambiar ni controlar. Incluyen:

  • Edad: La edad avanzada es un factor de riesgo no modificable para el rectocele.
  • Ser una persona blanca: Se ha identificado como un factor de riesgo no modificable para el rectocele.
  • Menopausia: También se considera un factor de riesgo no modificable para el rectocele.
  • Cirugías pélvicas previas: Aumentan el riesgo de desarrollar rectocele.

Los factores de riesgo modificables son los que se pueden influir o cambiar. Incluyen:

  • Obesidad: Tener sobrepeso u obesidad es un factor de riesgo modificable para el rectocele. En específico, tener un peso corporal mayor de 90 kilogramos o un índice de masa corporal (IMC) mayor de 30 kilogramos por metro cuadrado aumenta el riesgo.
  • Parto vaginal y paridad: La cantidad de partos vaginales y la paridad (número de embarazos que llegaron a una etapa gestacional viable) son factores de riesgo modificables para el rectocele.
  • Fumar: Fumar se asocia con un mayor riesgo de desarrollar rectocele.
  • Nivel socioeconómico: Un nivel socioeconómico bajo se ha identificado como un factor de riesgo modificable para el rectocele.
Síntomas

Los síntomas del rectocele (cuando el recto empuja la pared de la vagina y forma un abultamiento) pueden variar según la gravedad del problema. Estos son los síntomas tempranos más comunes:

  • Irritación vaginal o vulvar
  • Sensación de pesadez o presión en la zona pélvica y vaginal
  • Dolor o molestia en la pelvis

A medida que el rectocele avanza o se vuelve más grave, pueden aparecer otros síntomas:

  • Problemas para orinar, como incontinencia de esfuerzo (se le sale orina al toser, estornudar o hacer ejercicio), no poder vaciar la vejiga por completo y orinar con frecuencia
  • Dolor durante las relaciones sexuales
  • Abultamiento de órganos que sobresalen por la abertura de la vagina o de la uretra

En casos más graves, cuando el rectocele se clasifica como prolapso de segundo o tercer grado, los síntomas pueden incluir:

  • Estreñimiento
  • Dificultad para controlar las evacuaciones intestinales
  • Sangre roja brillante que sale del recto
  • Presión y molestia en el recto
  • Secreción de moco

Es importante saber que algunas personas con rectocele leve pueden no tener síntomas. Sin embargo, a medida que el problema avanza, busque atención médica para un diagnóstico correcto y para conocer las opciones de tratamiento.

Diagnóstico

Para diagnosticar el rectocele (abultamiento del recto hacia la vagina), el personal de salud suele hacer las siguientes evaluaciones, pruebas y procedimientos:

  • Historia clínica y síntomas: Le preguntarán sobre su salud y le pedirán que describa sus síntomas.
  • Examen físico: Su médico o médica examinará su vagina y su recto para ver si hay rectocele y qué tan grande es. También puede observar el área y colocar un dedo con guante en su ano para revisar la salud o la fuerza del esfínter anal (músculo que abre y cierra el ano) y del recto.
  • Pruebas de imagen: Si el médico encuentra algo fuera de lo normal en el examen físico, puede recomendar pruebas de imagen para evaluar mejor el problema. Estas pruebas pueden incluir:
  • Defecografía o proctografía: Es una radiografía especial que muestra el recto y el canal anal durante una evacuación. Ayuda a determinar el tamaño del rectocele.
  • Resonancia magnética (RM): Esta prueba usa imanes potentes y ondas de radio para crear imágenes detalladas de la zona pélvica. Puede ayudar a identificar posibles causas del problema.

Se pueden hacer más evaluaciones, pruebas y procedimientos para saber qué tan avanzado o grave es el rectocele:

  • Manometría anorrectal: Consiste en colocar un tubo que mide la presión dentro del recto para ver qué tan bien trabajan los músculos que controlan las evacuaciones.
  • Electromiografía anal (EMG): Esta prueba mide cómo funcionan los músculos y los nervios en su recto. Se colocan electrodos unos centímetros dentro del recto y se miden las respuestas a la presión.
  • Enema opaco con bario: Se llena el colon con un líquido de contraste llamado bario, lo que ayuda a ver anomalías en el colon y el recto.
  • Examen vaginal: En algunos casos, se puede hacer una exploración vaginal con el dedo para evaluar complicaciones relacionadas con una malla (material quirúrgico) o para determinar el alcance del prolapso vaginal.

Recuerde que profesionales de la salud realizan estas evaluaciones, pruebas y procedimientos para diagnosticar y evaluar con precisión el rectocele.

Opciones de tratamiento

Los objetivos del tratamiento del rectocele (abultamiento del recto hacia la vagina) son volver a la posición y la función normales, mejorar la continencia (control de heces y gases), mejorar la función intestinal y bajar la posibilidad de que vuelva a aparecer, con menos complicaciones y menor riesgo de muerte. A continuación, los tipos de tratamiento y cómo ayudan a lograr estas metas:

Tipos de medicamentos:

  • Medicamentos por vía oral o rectal: Ayudan a ablandar las heces y aliviar el estreñimiento, que suele acompañar al rectocele. Favorecen evacuaciones regulares y evitan que las heces se pongan duras y difíciles de expulsar.

Terapias:

  • Entrenamiento de los músculos del piso pélvico: Son ejercicios que fortalecen los músculos del piso pélvico, incluidos los que rodean el recto. Al fortalecer estos músculos, ayudan a mejorar la continencia y la función intestinal.

Procedimientos terapéuticos:

  • Reparación transanal de rectocele (TAR): Es una reparación del rectocele a través del ano. Busca restaurar la anatomía al reforzar la pared de soporte entre el recto y la vagina. La TAR puede mejorar la función intestinal y reducir los síntomas del rectocele.
  • Colporrafia posterior: Es una reparación transvaginal que consiste en coser el tejido debilitado de la pared vaginal posterior. Busca restaurar la anatomía al dar soporte al recto y reducir el abultamiento del tejido hacia la vagina.
  • Abordaje laparoscópico por el abdomen: Es una cirugía mínimamente invasiva para reparar el rectocele mediante incisiones pequeñas en el abdomen. Busca restaurar la anatomía al reforzar la pared de soporte entre el recto y la vagina. La laparoscopia ofrece ventajas como recuperación más rápida, menos pérdida de sangre y menos necesidad de medicamentos para el dolor.

Cuidados personales y cambios de hábitos:

  • Cambios en la alimentación: Aumentar la fibra y mantenerse bien hidratada(o) puede ayudar a prevenir el estreñimiento y mejorar la función intestinal. Seguir una dieta balanceada rica en frutas, verduras, cereales integrales y tomar suficiente agua ablanda las heces y promueve evacuaciones regulares.
  • Mantener heces blandas: Evitar pujar al evacuar es importante para que los síntomas del rectocele no empeoren. Mantener las heces blandas con suficiente fibra y agua ayuda a reducir el esfuerzo al defecar.

Estas opciones de tratamiento abordan distintos aspectos del rectocele: restaurar la anatomía, mejorar la continencia, aliviar el estreñimiento y reducir los síntomas. La elección del tratamiento depende de factores individuales como la intensidad de los síntomas, sus preferencias y la recomendación de su profesional de la salud.

Evolución o complicaciones

Con el tiempo, sin tratamiento, el rectocele (cuando el recto hace bulto hacia la vagina) puede avanzar y causar varias complicaciones. A continuación se explica la evolución natural, las complicaciones comunes y el impacto del tratamiento:

Evolución natural

  • El rectocele puede empeorar con el tiempo si no se trata.
  • Los ligamentos y músculos del suelo pélvico se debilitan, y el recto sobresale más hacia la vagina.
  • A medida que avanza, síntomas como dificultad para controlar las evacuaciones, estreñimiento, presión y molestia en el recto, y secreción con moco pueden volverse más intensos.
  • En casos graves, un rectocele grande puede hacer que tejido sobresalga por la abertura vaginal.

Complicaciones comunes

  • Úlceras: el rectocele puede causar llagas (úlceras) en el recto, con sangrado y dolor.
  • Daño del esfínter: el músculo en forma de anillo que abre y cierra el ano (esfínter) puede dañarse por el rectocele.
  • Problemas para controlar las evacuaciones: el rectocele puede causar incontinencia fecal (escape de heces).
  • Gangrena: si no se trata, el recto puede quedar atrapado y perder su riego sanguíneo. Esto puede causar muerte del tejido (gangrena), que es una urgencia médica y requiere cirugía.

En algunos casos, un rectocele pequeño puede manejarse en casa con estos cambios en el estilo de vida. Sin embargo, los casos graves pueden requerir cirugía para reparar o fortalecer los tejidos que sostienen la pelvis y el tabique rectovaginal (la pared delgada entre el recto y la vagina). La cirugía puede aliviar los síntomas, frenar o detener el avance del rectocele y reducir el riesgo de complicaciones como úlceras y gangrena.

Es importante saber que la experiencia con el rectocele varía de una persona a otra. Consultar con un profesional de la salud es clave para un diagnóstico correcto, un plan de tratamiento personalizado y un manejo adecuado de esta afección. Esa persona puede orientarle sobre las opciones de tratamiento que se adapten a su situación.