Sobre la epilepsia (trastorno convulsivo)
La epilepsia es una afección neurológica con episodios repetidos de convulsiones. Las convulsiones ocurren por actividad eléctrica excesiva y desordenada en el cerebro. Esto puede causar muchos síntomas diferentes.
Para diagnosticar epilepsia, la persona debe tener dos o más convulsiones no provocadas, con más de 24 horas entre una y otra. También se puede hacer el diagnóstico si la persona tuvo una convulsión no provocada y tiene alto riesgo de que se repitan las convulsiones, o si tiene un síndrome epiléptico específico.
La epilepsia puede deberse a varias causas, como problemas genéticos, lesiones en el cerebro, infecciones, o puede aparecer sin una causa clara.
Es importante saber que la epilepsia se puede controlar. Hay tratamientos y precauciones para controlar las convulsiones y reducir lesiones.
Si sospecha que usted o alguien que conoce puede tener epilepsia, consulte con un profesional de la salud para un diagnóstico preciso y un plan de tratamiento adecuado.
La epilepsia es un trastorno del sistema nervioso. Se presenta con episodios repetidos de convulsiones (ataques).
Las causas de la epilepsia son complejas y varían entre personas. Algunas causas comunes incluyen:
- Trastornos genéticos: Ciertos genes pueden aumentar el riesgo de tener epilepsia.
- Lesiones en el cerebro: Golpes o daños por accidentes o caídas pueden causar epilepsia.
- Infecciones: Infecciones del cerebro, como meningitis o encefalitis (tipos de infecciones del cerebro), pueden desencadenar epilepsia.
- Accidente cerebrovascular: Cuando se interrumpe el flujo de sangre al cerebro, se puede dañar el tejido cerebral y causar epilepsia.
Factores de riesgo de epilepsia incluyen:
- Edad: Los casos nuevos son más comunes en niños pequeños y en adultos mayores.
- Genética y antecedentes familiares: Tener un familiar cercano con epilepsia aumenta el riesgo.
- Depresión: Los estudios muestran una relación entre la depresión y un mayor riesgo de epilepsia.
- Inicio del tabaquismo: Una predisposición genética a empezar a fumar se ha asociado con mayor riesgo de desarrollar epilepsia.
- Estado del hierro: Niveles más altos de hierro en la sangre, ferritina (proteína que almacena hierro) y saturación de transferrina (proteína que lo transporta) se han vinculado con mayor riesgo de epilepsia.
- Niveles de magnesio: Puede haber una relación entre los niveles de magnesio en la sangre y la epilepsia.
Recuerde: es importante consultar con su profesional de salud para recibir consejos personalizados según su situación.
Los síntomas iniciales más comunes de la epilepsia pueden incluir:
- Problemas de los sentidos, como cambios temporales en la vista o pérdida de audición.
- Problemas de movimiento, como sacudidas sin control o rigidez en el cuerpo.
A medida que la epilepsia avanza o se hace más grave, pueden aparecer otros síntomas. Estos pueden incluir:
- Pérdida del conocimiento.
- Cambios en la conducta.
- Convulsiones en brazos o piernas.
- Problemas en el sistema nervioso.
Las crisis epilépticas (convulsiones) también pueden causar muchos síntomas temporales, como:
- Percibir olores o sabores extraños.
- Movimientos extraños del cuerpo.
- Sacudidas en brazos o piernas.
- No darse cuenta de lo que sucede a su alrededor.
Tenga en cuenta que los síntomas pueden variar según el tipo de epilepsia y la persona. Si usted o alguien que conoce presenta síntomas que le preocupan, lo mejor es consultar a un profesional de la salud para un diagnóstico preciso y un manejo adecuado.
La epilepsia es un problema del sistema nervioso. Causa episodios repetidos de convulsiones.
Para diagnosticarla, a menudo se hacen estos exámenes y pruebas:
- Examen físico: el profesional de la salud busca señales de un problema, como dolor, hinchazón o bultos en el cuerpo.
- Electroencefalograma (EEG): es una prueba que mide la actividad eléctrica del cerebro con pequeños discos (electrodos) en el cuero cabelludo. Ayuda a diagnosticar la epilepsia e identifica dónde ocurren las convulsiones.
- Pruebas de imagen: toman imágenes detalladas del cerebro para ver dónde empiezan las convulsiones y si hay problemas en su estructura. Las más comunes son la resonancia magnética (RM) y la resonancia magnética funcional (RMf).
- Análisis de sangre: ayudan a descartar otras enfermedades que pueden causar convulsiones.
- Examen neurológico: evalúa cómo funcionan los nervios, la coordinación, los reflejos y el estado mental.
Para saber qué tan avanzada o grave es la epilepsia, se pueden hacer otras pruebas:
- Monitorización con video y electroencefalograma (EEG): registra la actividad del cerebro durante una convulsión con video y EEG al mismo tiempo. Ayuda a clasificar el tipo de convulsión y a determinar el tratamiento adecuado.
- Pruebas neuropsicológicas: evalúan el pensamiento, la memoria, la atención, el lenguaje y el bienestar emocional.
- Mapeo cerebral: identifica áreas específicas del cerebro responsables de funciones esenciales, como el habla o el movimiento.
Recuerde: su profesional de la salud debe recomendar estas pruebas según su situación. Consulte siempre con esa persona para un diagnóstico y una evaluación precisos.
La epilepsia es una afección del sistema nervioso que causa episodios repetidos de convulsiones.
Las metas del tratamiento de la epilepsia son:
- Minimizar el riesgo de convulsiones recurrentes:
- La meta principal es reducir la frecuencia o la intensidad de las convulsiones. Por lo general, se logra con medicamentos para prevenir las convulsiones o con medicamentos antiepilépticos.
- Mejorar que se siga el tratamiento con medicamentos:
- Tomar los medicamentos tal como se le indicaron es clave para que el tratamiento funcione. Usted y su familia deben participar en las decisiones, y debe haber un acuerdo entre usted y el equipo de salud. Seguir el tratamiento da como resultado menos recaídas, menor frecuencia de convulsiones, menos gastos de atención médica, más beneficios del tratamiento y mejores resultados para su salud.
- Manejar la epilepsia de difícil control:
- Cuando los medicamentos no controlan bien las convulsiones, se pueden considerar otras opciones. Estas incluyen cambiar los medicamentos, cirugía del cerebro, estimulación del nervio vago y dietas altas en grasa.
- Promover la calidad de vida:
- La epilepsia puede interferir con el movimiento y el aprendizaje, y afectar actividades en la escuela y el tiempo libre. El tratamiento busca mejorar la calidad de vida al minimizar los efectos secundarios y darle a usted y a su familia herramientas para participar activamente en el cuidado.
Los tratamientos recomendados para la epilepsia incluyen:
- Medicamentos:
- Medicamentos para prevenir las convulsiones.
- Medicamentos antiepilépticos.
- Procedimientos terapéuticos:
- Cirugía del cerebro: En la epilepsia de difícil control, cuando las convulsiones no se controlan solo con medicamentos, se puede considerar la cirugía. La meta es eliminar o reducir el número y la gravedad de las convulsiones.
- Cambios en los hábitos de salud:
- Seguir el tratamiento con medicamentos: Tomar los medicamentos recetados tal como se lo indicó el equipo de salud es crucial para controlar las convulsiones.
- Estrategias de autocuidado:
- Llevar un registro de las convulsiones y de los factores que las desencadenan, dormir lo suficiente, manejar el estrés y hacer ejercicio con regularidad pueden ayudar a manejar la epilepsia.
Es importante recordar que los planes de tratamiento deben ser individualizados. Consulte con un profesional de la salud para saber las dosis de los medicamentos y la posible información sobre efectos secundarios.