Sobre las crisis de ausencia

Descripción general

Una crisis de ausencia es un tipo de crisis epiléptica en la que hay un periodo breve de actividad eléctrica anormal en el cerebro. Estas crisis se clasifican como generalizadas, lo que significa que afectan ambos lados del cerebro. Durante una crisis de ausencia, la persona puede tener una breve pérdida de atención. Puede quedarse con la mirada fija y parpadear rápido. Las crisis empiezan y terminan rápido, y por lo general duran solo unos segundos.

Hay dos subtipos de crisis de ausencia: típicas y atípicas. Las típicas comienzan de forma súbita y duran menos de 10 segundos. Las atípicas empiezan más lentamente y pueden durar hasta 20 segundos o más.

Las crisis de ausencia pueden formar parte de un trastorno de fondo, como la epilepsia de ausencias de la infancia o la epilepsia de ausencias juvenil. Por lo general, se diagnostica epilepsia después de tener dos o más crisis.

Causas y factores de riesgo

Una crisis de ausencia es un tipo de crisis epiléptica breve. Ocurre cuando hay un período corto de actividad eléctrica anormal en el cerebro. No se conocen por completo las causas exactas. Sin embargo, las y los investigadores creen que ciertos genes pueden influir y hacer que algunas personas tengan más probabilidad de presentar estas crisis.

Factores de riesgo que no se pueden cambiar:

  • Edad: Las crisis de ausencia se diagnostican con más frecuencia en niñas y niños de 4 a 14 años.
  • Sexo: Las niñas tienen un riesgo un poco mayor que los niños.

Factores de riesgo que sí se pueden cambiar o controlar:

  • Otras enfermedades: Tener otras afecciones médicas además de la epilepsia puede contribuir a que las crisis no estén bien controladas.
  • Tomar los medicamentos: No tomar los medicamentos como se le indicaron aumenta el riesgo de crisis sin control. Creencias negativas sobre los medicamentos y sobre qué tan bien funcionan también pueden aumentar la probabilidad de crisis en personas con epilepsia.
  • Consumo de alcohol: Beber alcohol puede desencadenar crisis y dificultar su control.

Es importante saber que estos factores que sí se pueden cambiar se pueden abordar con medidas adecuadas. Los programas educativos que recalcan la importancia de tomar los medicamentos como se indicó y que brindan información sobre factores desencadenantes, como el alcohol, pueden ayudar a las personas con crisis de ausencia.

Se recomienda realizar más investigación para entender mejor la relación entre estos factores y el control de las crisis. Se necesitan estudios longitudinales (que siguen a las personas durante un tiempo) e intervencionales (que prueban medidas o tratamientos) con diseños sólidos para aportar evidencia suficiente sobre la relación de causa y efecto entre estos factores y el control de las crisis.

Síntomas

Las crisis de ausencia, también llamadas “petit mal”, tienen síntomas específicos que pueden variar según la etapa y la gravedad. Estos son los síntomas iniciales más comunes:

  • Pausa breve en la conciencia: durante una crisis de ausencia, la persona puede perder la conciencia o la atención por unos segundos. Puede parecer que está soñando despierta o confundida.
  • Falta de respuesta al entorno: mientras dura la crisis, la persona puede no hablar, no moverse ni reaccionar a lo que pasa alrededor. Puede parecer desconectada.
  • Mirada fija al vacío: una señal típica es quedarse mirando al vacío. La mirada puede quedar fija por unos segundos.
  • Parpadeo rápido o ojos hacia arriba: algunas personas presentan aleteo de párpados o los ojos se van hacia arriba durante el episodio.

Cuando las crisis avanzan o se vuelven más graves, pueden aparecer otros síntomas:

  • Movimientos inusuales: a veces hay parpadeo rápido, mover la boca, chasquear los labios o frotar los dedos.
  • Cambios en la sensibilidad: hormigueo, entumecimiento o sensaciones extrañas en partes del cuerpo.
  • Cambios emocionales repentinos: miedo, ansiedad o euforia.

En las crisis de ausencia atípicas pueden ocurrir:

  • Inicio gradual: comienzan más lentamente que las crisis de ausencia típicas.
  • Respuesta limitada: la persona puede responder de forma limitada aunque tenga la mirada fija. Puede parpadear, hacer movimientos de masticar, mover los labios o hacer pequeños movimientos con las manos.
  • Conducta alterada: puede parecer fuera de lo común, confundida o agitada durante el episodio.

Es importante saber que las crisis de ausencia son más comunes en niñas y niños que en adultos y pueden suceder varias veces al día. Por suerte, hay varios medicamentos que ayudan a prevenir estas crisis y a mejorar la vida diaria de quienes las presentan.

Diagnóstico

Una crisis de ausencia es un tipo de convulsión en la que hay un periodo breve de actividad eléctrica anormal en el cerebro. Para diagnosticar una crisis de ausencia, el personal de salud puede hacer los siguientes exámenes y pruebas:

  • Relato detallado:
  • Dar una descripción clara de lo que pasa antes, durante y después de la posible crisis ayuda al diagnóstico. Padres, maestros y cuidadores deben anotar estos detalles.
  • Electroencefalograma (EEG):
  • Este estudio busca patrones inusuales en la actividad del cerebro. Se colocan pequeños electrodos en el cuero cabelludo para medir las señales eléctricas que produce el cerebro.
  • Pruebas adicionales:
  • Los médicos pueden usar otras pruebas para descartar otras causas y confirmar el diagnóstico de una crisis de ausencia. Estas pruebas pueden incluir:
  • Análisis de sangre: ayudan a evaluar la salud general y a buscar posibles problemas.
  • Pruebas de hígado y riñón: evalúan cómo funcionan el hígado y los riñones.
  • Imágenes del cerebro: técnicas como la resonancia magnética (RM) dan imágenes detalladas del cerebro para detectar cambios en la estructura.
  • Punción lumbar: también llamada punción espinal. Consiste en recoger líquido cefalorraquídeo (LCR), el líquido que rodea el cerebro y la médula espinal, para buscar infecciones u otros problemas.

Para determinar la etapa o la gravedad de la crisis de ausencia, se pueden recomendar exámenes y pruebas adicionales, como:

  • Respuesta a estímulos:
  • Observar cómo responde la persona a estímulos o a instrucciones durante un episodio.
  • Amplitud de las señales en RMf y EEG:
  • La resonancia magnética funcional (RMf) y el EEG pueden mostrar la actividad del cerebro durante las crisis de ausencia. La amplitud (tamaño) de estas señales puede ayudar a estimar la intensidad o gravedad de las crisis.

Recuerde: el diagnóstico y la evaluación deben hacerlos profesionales de la salud calificados, según la situación de cada persona. Es clave dar seguimiento con su proveedor de salud si los síntomas empeoran o cambian después de los primeros exámenes o si se necesita una evaluación adicional.

Opciones de tratamiento

Una crisis de ausencia es un tipo de crisis epiléptica. Ocurre un breve periodo de actividad eléctrica anormal en el cerebro.

Los objetivos del tratamiento son: reducir la frecuencia y la gravedad de las crisis, mejorar la calidad de vida y disminuir su impacto en las actividades diarias.

Hay varios tipos de tratamientos que pueden ayudar:

  • Medicamentos:
  • Etosuximida: Suele ser la primera opción para las crisis de ausencia. Ayuda a controlar las crisis al reducir la actividad eléctrica anormal en el cerebro.
  • Valproato: También se usa con frecuencia para tratar las crisis de ausencia. Puede ser eficaz para prevenirlas, pero puede causar efectos secundarios.
  • Lamotrigina: Es menos eficaz que la etosuximida y el valproato, pero sigue siendo una opción de tratamiento.
  • Terapias:
  • Dieta cetogénica: Algunas personas expertas sugieren que seguir una dieta cetogénica puede ayudar a manejar los síntomas. Aún se necesita más investigación para entender bien su eficacia.
  • Procedimientos terapéuticos:
  • Cirugía cerebral: En algunos casos, cuando otros tratamientos no funcionan, puede hacerse en personas con Lennox-Gastaut syndrome (una forma grave de epilepsia asociada con crisis de ausencia). La meta es controlar las crisis y mejorar el funcionamiento general.
  • Cambios en los hábitos de salud:
  • Dormir lo suficiente: El buen descanso es importante para la salud y puede ayudar a reducir las crisis de ausencia.
  • Manejar el estrés: Técnicas para manejar el estrés, como ejercicios de relajación o terapia, pueden ayudar a reducir la actividad de las crisis.
  • Comer de forma equilibrada: Una alimentación saludable apoya el bienestar general y puede ayudar al control de las crisis.
  • Hacer ejercicio con regularidad: La actividad física, si es posible, aporta beneficios para la salud y el bienestar.

Es importante saber que no todas las personas con crisis de ausencia necesitan tratamiento. A veces las crisis son poco frecuentes o afectan poco la vida diaria. Pero si las crisis son frecuentes o interfieren con sus actividades, los medicamentos y los cambios en el estilo de vida pueden ayudar a manejar los síntomas y mejorar la calidad de vida. Es esencial que usted trabaje de cerca con un profesional de la salud para decidir el plan de tratamiento más adecuado según sus necesidades y circunstancias.

Evolución o complicaciones

Las crisis de ausencia, también llamadas petit mal, son un tipo de crisis epiléptica generalizada que afecta a todo el cerebro. Causan un momento corto en el que la persona no responde ni se da cuenta de lo que pasa. A menudo se ven como mirada fija al vacío y parpadeo rápido.

Hay dos subtipos de crisis de ausencia:

  • Típicas: empiezan de repente y duran menos de 10 segundos.
  • Atípicas: comienzan más despacio y pueden durar hasta 20 segundos o más.

Las crisis de ausencia pueden formar parte de una afección de base, como la epilepsia de ausencias infantiles o la epilepsia de ausencias juveniles.

Con el tiempo, por lo general se hacen menos frecuentes a medida que la persona crece. La epilepsia de ausencias infantiles y otras causas de ausencias rara vez continúan en la edad adulta. La mayoría de los casos empieza entre los 4 y los 15 años y a menudo desaparecen de forma natural a mitad de la adolescencia.

Las crisis de ausencia no causan daño físico permanente. Sin embargo, tener muchas crisis puede interrumpir la rutina diaria. Algunos niños pueden tener entre 50 y 100 crisis de ausencia en un día. Esto puede ser confuso y causar problemas en la escuela o al socializar con amigos. Con el tiempo, estos problemas pueden afectar el rendimiento escolar o el desarrollo social.

En resumen, lo más común es que las crisis de ausencia se vuelvan menos frecuentes con el tiempo. Aunque por sí solas no causan daño físico duradero, tener crisis frecuentes puede afectar la vida diaria. El tratamiento con medicamentos y con hábitos de vida, como dormir bien y manejar el estrés, puede ayudar a reducir la frecuencia de las ausencias y su impacto en el día a día. Siempre es importante consultar con su médico para un diagnóstico adecuado y opciones de tratamiento personalizadas.