Acerca del síndrome de Tourette

Descripción general

El síndrome de Tourette es un trastorno del sistema nervioso (cerebro y nervios). Causa tics repetidos e involuntarios. Estos son movimientos del cuerpo y sonidos que usted no puede controlar.

Los tics pueden incluir parpadeo, oler repetidamente por la nariz, gruñidos, carraspeo, muecas, movimientos de hombros y movimientos de cabeza. Afecta a niñas y niños y también a personas adultas. La intensidad puede ir de leve a grave.

Causas y factores de riesgo

El síndrome de Tourette es un trastorno neurológico (del sistema nervioso) que causa movimientos o sonidos repetitivos llamados tics.

No se conoce por completo la causa exacta del síndrome de Tourette, pero se cree que hay alteraciones en los ganglios basales, una parte del cerebro encargada de los movimientos involuntarios, las emociones y el aprendizaje. Un posible mecanismo de la enfermedad puede incluir desequilibrios en los neurotransmisores del cerebro, que son sustancias químicas que transmiten mensajes entre las células del cerebro.

Los factores de riesgo no modificables para el síndrome de Tourette son factores que no se pueden cambiar. Estos incluyen:

  • Predisposición genética
  • Antecedentes familiares de tics o de síndrome de Tourette

Los factores de riesgo modificables son factores que sí se pueden cambiar o influir. Estos incluyen:

  • Estrés emocional
  • Edad del padre
  • Fumar durante el embarazo
  • Bajo peso al nacer
  • Exposición a medicamentos durante el embarazo
  • Reacciones autoinmunes a infecciones (cuando el sistema de defensa del cuerpo se ataca por error después de una infección)

Si le preocupa su riesgo de tener síndrome de Tourette o cualquier otra afección de salud, lo mejor es consultar con su profesional de la salud para recibir consejos y orientación personalizados.

Síntomas

Los síntomas tempranos más comunes del síndrome de Tourette incluyen tics incontrolables. Estos son movimientos físicos repetidos e involuntarios y sonidos o palabras que salen sin querer. Estos síntomas suelen comenzar entre los 4 y 6 años, y a menudo empiezan con tics pequeños de los músculos de la cabeza y el cuello.

A medida que el síndrome avanza o se vuelve más intenso, pueden aparecer otros síntomas en el pecho o el abdomen, o en los brazos y las piernas.

Los síntomas del síndrome de Tourette pueden empeorar en momentos de emoción, estrés o ansiedad. También pueden ser más intensos en los primeros años de la adolescencia. Con el tiempo, pueden variar en el tipo, la frecuencia, el lugar del cuerpo y la intensidad.

Diagnóstico

Para diagnosticar el síndrome de Tourette, los profesionales de la salud suelen seguir estos pasos:

  • Preguntan sobre síntomas como tics motores (físicos) y vocales, y con qué frecuencia ocurren.
  • Revisan los antecedentes médicos y familiares para entender si hay tics y otras afecciones relacionadas.
  • Realizan un examen físico para descartar otras afecciones.
  • En algunos casos, pueden ordenar estudios de neuroimagen, como resonancia magnética (RM) o tomografía computarizada (TC), para excluir otras afecciones que se parecen al síndrome de Tourette.
Opciones de tratamiento

El objetivo principal del tratamiento del síndrome de Tourette no es eliminar los tics por completo. Es bajar su frecuencia e intensidad y reducir los retos que causan, para mejorar la calidad de vida. El tratamiento se enfoca en:

  • Disminuir la intensidad de los tics
  • Atender otros problemas que ocurren a la vez, como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) o la ansiedad
  • Apoyar el bienestar emocional y social
  • Mejorar cómo hace sus actividades de todos los días

Las opciones de tratamiento incluyen:

  • Terapia conductual:
  • Intervención conductual integral para los tics (CBIT, por sus siglas en inglés): enseña a notar cuándo viene un tic y a usar otros movimientos o acciones para frenarlo.
  • Terapia de inversión del hábito (HRT, por sus siglas en inglés): parte clave de la CBIT. Ayuda a reemplazar los tics por conductas más manejables.
  • Medicamentos: pueden ayudar a reducir los tics o a tratar otros problemas que a menudo acompañan al Tourette, como el TDAH o la ansiedad. Algunos ejemplos:
  • Para tics: haloperidol, risperidona, clonidina
  • Para TDAH: metilfenidato, atomoxetina
  • Para ansiedad o TOC: fluoxetina, sertralina
  • Terapia para la salud emocional y mental:
  • Terapia cognitivo-conductual (TCC): ayuda con el estrés, la ansiedad o el TOC, pero no trata los tics de forma directa.
  • Consejería u orientación: brinda apoyo para afrontar el síndrome de Tourette y su impacto en la vida diaria.
  • Fisioterapia y terapia ocupacional: ayudan con la tensión o las molestias causadas por movimientos repetitivos.

Es importante saber que cada persona puede responder de manera distinta a los tratamientos. Trabaje de cerca con un profesional de la salud para encontrar la opción más eficaz para controlar los síntomas del Tourette.

La dosis de los medicamentos puede verse afectada por muchos factores. Consulte con su profesional de la salud sobre la dosis para su caso. Pueden presentarse otros efectos secundarios. Consulte con su profesional de la salud o lea la información que viene con su medicamento para conocer más sobre los efectos secundarios.

Evolución o complicaciones

Por lo general, los síntomas del síndrome de Tourette empiezan entre los 5 y los 10 años. A menudo comienzan en la cabeza y el cuello y pueden extenderse al torso, los brazos y las piernas. Los tics motores suelen aparecer antes que los tics vocales. En la adolescencia temprana, los tics suelen ser más fuertes. Hacia el final de la adolescencia y al inicio de los 20 años, los tics a menudo están más controlados. Sin embargo, en algunas personas el síndrome de Tourette continúa en la edad adulta, y los tics pueden incluso empeorar en ese momento.

Las complicaciones frecuentes pueden incluir otros trastornos, como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el trastorno obsesivo‑compulsivo (TOC) y dificultades de aprendizaje. Estos problemas que ocurren al mismo tiempo pueden afectar las actividades diarias y la calidad de vida de las personas con síndrome de Tourette.

El tratamiento busca controlar los síntomas y mejorar el bienestar. No existe una cura conocida. Sin embargo, los medicamentos y la terapia conductual (terapia para cambiar hábitos y respuestas) pueden ayudar a reducir la frecuencia y lo fuertes que son los tics. Además, los cambios en el estilo de vida, como técnicas para manejar el estrés, terapia de relajación, ejercicios de respiración profunda y una alimentación equilibrada, también pueden ayudar a manejar los síntomas.

La intervención temprana y el apoyo continuo pueden ayudarle a llevar una vida plena, al reducir el impacto de los síntomas y de las complicaciones asociadas. Pregunte a su proveedor de atención médica cuál es el mejor plan de tratamiento para atender sus necesidades de la manera más efectiva.