Acerca del trastorno de conducta antisocial en la infancia
El trastorno de conducta antisocial en la niñez se refiere a un conjunto de conductas que rompen normas sociales, hacen daño a otras personas y no respetan sus derechos. A menudo se caracteriza por actos agresivos que se repiten por mucho tiempo, falta de empatía (dificultad para ponerse en el lugar de otras personas) y poco respeto por las reglas y por las figuras de autoridad.
Este trastorno puede presentarse como trastorno negativista desafiante (TND), trastorno de conducta (TC) o trastorno del comportamiento disruptivo (DBD, por sus siglas en inglés). Estos diagnósticos se asocian con un mayor riesgo de trastorno de personalidad antisocial (TPA) en la adultez. Las alteraciones en la cognición social (la manera de entender e interpretar a otras personas), como la dificultad para reconocer emociones y comprender la perspectiva de los demás, pueden contribuir al desarrollo de la conducta antisocial.
Es importante saber que no todos los niños con conducta antisocial seguirán mostrando estas conductas toda la vida; algunos pueden mejorar con el tiempo. La intervención temprana y el apoyo son clave para abordar y manejar la conducta antisocial en la niñez.
Las causas fisiopatológicas (cómo y por qué se altera el comportamiento en el cuerpo y el cerebro) del Trastorno de conducta antisocial en la niñez no se entienden por completo. Sin embargo, las y los expertos creen que una combinación de factores contribuye a su desarrollo. A continuación, algunas posibles causas y factores de riesgo:
Causas fisiopatológicas:
- Factores individuales: incluyen el temperamento y la capacidad para pensar y aprender.
- Factores psicosociales: amistades e interacciones con la familia y la comunidad.
- Factores ambientales: el entorno escolar y el hogar.
Los factores de riesgo no modificables son factores que no se pueden cambiar ni controlar:
- Genética: los estudios con gemelos sugieren que la genética puede influir en la conducta antisocial.
- Sexo: los niños tienen más riesgo de mostrar conductas antisociales que las niñas.
Los factores de riesgo modificables son factores que sí se pueden influir o cambiar:
- Estilo de crianza: la crianza severa y el trato duro se han vinculado con el desarrollo de rasgos agresivos y de “insensibilidad o falta de emociones” (rasgos fríos o sin mostrar emociones) en niñas y niños.
- Experiencias adversas en la infancia: el maltrato o abuso, las dificultades para adaptarse en la escuela y otras adversidades aumentan el riesgo de conductas antisociales agresivas.
- Trastornos de salud mental en los padres: la depresión de la madre, los antecedentes de conducta antisocial en el padre o la madre, y el consumo problemático de sustancias (alcohol u otras drogas) pueden aumentar el riesgo.
Es importante saber que estos factores no garantizan que se desarrolle el Trastorno de conducta antisocial en la niñez. Si le preocupa la conducta de su hijo o su hija, lo mejor es consultar con un profesional de la salud para una evaluación completa y orientación.
Síntomas tempranos del trastorno de conducta antisocial en niños y niñas:
- Patrones de manipulación
- Mentir con frecuencia
- Falta de preocupación por los demás
- No sentir remordimiento por sus actos
- Pensamiento narcisista (centrado en sí mismo)
- Impulsividad (actuar sin pensar)
- Motivos egoístas
- Incapacidad para conectar emocionalmente
- Tomar riesgos extremos
- Deseo de relacionarse con personas que pueden ofrecerle algo, incluso sus padres
Otros síntomas comunes que pueden aparecer más adelante, a medida que el trastorno progresa o es más grave:
- Participar en actividades ilegales (a menudo empieza dañando mascotas o provocando incendios)
- Cometer faltas o delitos menores repetidamente, a pesar de las advertencias
- Vandalismo y destrucción de la propiedad
- Robar y sacar cosas de los bolsillos o bolsos de otras personas
- Mentir cuando le descubren
- Hacer daño a mascotas y a otros animales
- No respetar las reglas
- Rebelarse contra personas con autoridad
- Maltratar a familiares y a otras personas
Es importante saber que estos síntomas no son definitivos y no deben usarse para un autodiagnóstico. Si sospecha que su hijo o su hija presenta estas conductas, busque ayuda profesional para una evaluación precisa y una intervención adecuada.
Para diagnosticar el Trastorno de conducta antisocial en niños, se suelen realizar estos exámenes, pruebas y procedimientos:
- Cuestionarios estandarizados: Child Behavior Checklist (CBCL) y Strengths and Difficulties Questionnaire (SDQ). Se usan mucho para evaluar problemas de conducta.
- Entrevistas clínicas: Development and Wellbeing Assessment (DAWBA) o Child and Adolescent Psychiatric Assessment (CAPA). Se usan para evaluar diagnósticos clínicos como el Trastorno negativista desafiante o el Trastorno de la conducta.
Para determinar la etapa o la gravedad del Trastorno de conducta antisocial en niños, pueden incluirse exámenes, pruebas y procedimientos adicionales:
- Evaluación de rasgos insensibles y sin emociones: Busca rasgos como falta de culpa o remordimiento para identificar un subgrupo más grave y persistente de niños con conducta antisocial.
- Medidas diagnósticas: Child Behavior Checklist (CBCL), Youth Self Report (YSR) y Diagnosis Checklist for Disruptive Behavior Disorder. Pueden aportar información clínica adicional.
- Evaluaciones de inteligencia y atención: Pruebas estandarizadas de inteligencia, atención, control de la conducta y memoria de hechos personales (memoria episódica) ayudan a reunir información que apoya el diagnóstico.
- Determinación de la mano dominante: Edinburgh Handedness Inventory se puede usar para saber si el niño usa más la mano derecha o la izquierda.
- Integración de la información diagnóstica: Un psicoterapeuta de niños y adolescentes con licencia puede supervisar la integración de la información disponible.
Es importante consultar a un profesional de la salud para un diagnóstico y una evaluación precisos.
Las metas del tratamiento para el trastorno de conducta antisocial en niños pueden variar según las necesidades de cada persona. Sin embargo, a menudo se busca lo siguiente:
- Más interés en convivir y comunicarse con otras personas
- Mejor capacidad para decir con claridad lo que quiere y necesita
- Mejor concentración en la escuela
- Que las conductas de autolesión disminuyan o se detengan
- Menos berrinches o estallidos
Para lograr estas metas, se pueden recomendar varias opciones de tratamiento:
- Psicoterapia: Se pueden usar distintos tipos de terapia de conversación, como la terapia cognitivo-conductual (TCC). La TCC ayuda a identificar y cuestionar pensamientos y conductas que causan problemas, para lograr cambios positivos.
- Medicamentos: Según el diagnóstico, se podrían recetar antidepresivos, estimulantes, estabilizadores del estado de ánimo u otros medicamentos. A menudo se usan junto con la psicoterapia.
- Consejería familiar: Involucrar a la familia en el tratamiento puede ser clave. Ayuda a los padres a aprender estrategias de disciplina eficaces y brinda apoyo al progreso del niño.
- Modificación de conducta: Usa técnicas de refuerzo (por ejemplo, premiar conductas deseadas) para fomentar cambios positivos.
- Cambios en las conductas de salud: Animar a los padres a asistir a capacitaciones y sesiones de orientación puede ayudarles a desarrollar estrategias más saludables para la disciplina.
La dosis de los medicamentos puede verse afectada por muchos factores. Consulte con su profesional de la salud sobre la dosis adecuada para su situación. Pueden presentarse otros efectos secundarios. Consulte con su profesional de la salud o lea la información que viene con su medicamento para conocer más sobre los efectos secundarios.
Es importante saber que la intervención temprana y las estrategias de prevención tienen un papel muy importante para abordar la conducta antisocial en los niños.