Acerca del trastorno del desarrollo de la coordinación (dispraxia) en la infancia
El trastorno del desarrollo de la coordinación (TDC), también llamado dispraxia, es una afección del neurodesarrollo (del desarrollo del cerebro y del sistema nervioso) que afecta la capacidad de los niños para coordinar y realizar movimientos. Se caracteriza por dificultades en las habilidades motoras finas y gruesas, como el movimiento, el equilibrio y la coordinación. Estos problemas motores están por debajo de lo esperado para su edad y para las oportunidades de aprendizaje que han tenido.
El TDC puede interferir de forma importante en las actividades sociales y académicas. Puede afectar la escuela, el desempeño en el trabajo (si corresponde), la vida en casa, el juego y el tiempo libre. Es importante saber que el TDC no es un trastorno físico, de conducta ni del aprendizaje, aunque a menudo coexiste con alguno de ellos. Los niños con TDC pueden tener retrasos para alcanzar hitos del desarrollo y pueden tener dificultad con tareas como dibujar, escribir, saltar o correr.
Las terapias, como la terapia ocupacional, la fisioterapia (terapia física) y a veces la terapia psicológica, pueden ayudar a manejar los síntomas del TDC. La atención coordinada que incluya a la familia y al personal de la escuela es útil para comprender y apoyar a los niños con TDC.
El trastorno del desarrollo de la coordinación (dispraxia) en la infancia es un trastorno del neurodesarrollo que afecta los movimientos y las habilidades motoras. Aunque no se conocen bien las causas exactas, se han identificado varios factores de riesgo, algunos no modificables y otros modificables.
Factores de riesgo no modificables: no se pueden cambiar ni controlar. Incluyen:
- Sexo: la dispraxia es más común en niños que en niñas; ocurre aproximadamente 3 a 4 veces más.
- Antecedentes familiares: tener familiares con trastornos del desarrollo de la coordinación aumenta el riesgo de dispraxia.
- Condiciones que pueden coexistir: algunas condiciones, como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), el trastorno del espectro autista (TEA), la apraxia del habla infantil (dificultad del cerebro para planear los movimientos del habla), la discalculia (dificultad con las matemáticas) y la dislexia (dificultad para leer), pueden presentarse junto con la dispraxia y compartir síntomas.
- Nacimiento prematuro: nacer de forma prematura aumenta el riesgo de dispraxia.
Factores de riesgo modificables: se pueden modificar. Incluyen:
- Bajo peso al nacer: los niños con bajo peso al nacer también tienen mayor riesgo de dispraxia.
- Consumo materno de alcohol o drogas durante el embarazo: el uso de estas sustancias en el embarazo puede contribuir al desarrollo de la dispraxia.
Es importante saber que estos factores pueden aumentar la probabilidad de tener dispraxia, pero no la garantizan. Si sospecha que su hijo o su hija puede tener dispraxia, consulte con un profesional de la salud para obtener un diagnóstico preciso y estrategias de manejo adecuadas.
Los síntomas tempranos más comunes del Trastorno del desarrollo de la coordinación (dispraxia) en los niños incluyen:
- Dificultad para coordinar los movimientos: Los niños con dispraxia suelen tener problemas con las habilidades motoras gruesas (como correr o saltar) y finas (como escribir o abotonarse la ropa). Pueden verse con movimientos descoordinados.
A medida que el trastorno avanza o es más grave, pueden presentarse otros síntomas comunes:
- Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH): Muchos niños con dispraxia también tienen TDAH, que puede causar conducta hiperactiva, dificultad para concentrarse y problemas para estar sentados por mucho tiempo.
- Dislexia: Puede haber dificultades para leer y comprender lo que se lee. Esto puede hacer difícil entender la información escrita.
- Discalculia: Puede haber dificultad para entender los números y los conceptos de valor y cantidad.
- Trastorno del espectro autista (TEA): Algunos niños con dispraxia también pueden tener TEA, que puede afectar la interacción social y la comunicación.
- Apraxia infantil del habla: Puede haber dificultad para hablar con claridad, lo que dificulta comunicarse.
Es importante saber que, aunque algunos síntomas se parecen a los de otros trastornos, la dispraxia afecta sobre todo las habilidades motoras finas y gruesas. Otros trastornos como la parálisis cerebral, la distrofia muscular y el accidente cerebrovascular pueden causar síntomas físicos similares. Es crucial consultar a un médico para obtener un diagnóstico preciso.
Para diagnosticar el Trastorno del Desarrollo de la Coordinación (TDC), también llamado dispraxia, en niñas y niños, el personal médico suele realizar los siguientes exámenes y evaluaciones:
- Descartar otras causas: Primero descartan causas físicas o del sistema nervioso. Hacen pruebas de audición y de la vista para descartar problemas sensoriales.
- Evaluación de habilidades motoras: Evalúan las habilidades motoras con tareas como dibujar, colorear, trazar figuras o ensartar cuentas. Esto ayuda a ver las habilidades motoras finas (movimientos pequeños de manos y dedos).
- Evaluación de habilidades cognitivas: También pueden evaluar las habilidades cognitivas (pensar, entender y resolver problemas) para conocer su desarrollo general.
- Historia clínica e hitos del desarrollo: Preguntan sobre la historia clínica. Incluye cuándo logró ciertos hitos del desarrollo (por ejemplo, sentarse, caminar, hablar) y cuándo surgieron preocupaciones por hitos no alcanzados.
- Evaluación de la vida en el hogar y la escuela: Pueden preguntar sobre la vida en el hogar y en la escuela para entender cómo se desenvuelve en general.
Para determinar el grado o la gravedad del TDC (dispraxia) en niñas y niños, se pueden realizar exámenes y evaluaciones adicionales, como:
- Colaboración entre especialistas: Varios profesionales pueden trabajar en conjunto para lograr un diagnóstico más preciso. Por ejemplo, pediatras, pediatras del desarrollo, psiquiatras infantiles o neuropsicólogos pediátricos.
Es importante que estas pruebas y evaluaciones las realicen profesionales de la salud con experiencia en diagnosticar la dispraxia. Ellos adaptarán el proceso de diagnóstico según las necesidades de cada niña o niño.
Las metas del tratamiento para el Trastorno del Desarrollo de la Coordinación (dispraxia) en niños son mejorar las habilidades motoras, la coordinación y las capacidades funcionales, y también aumentar el bienestar y la calidad de vida. Estos son los tratamientos recomendados y cómo ayudan a lograr estas metas:
Terapias:
- Terapia ocupacional: ayuda a los niños a desarrollar habilidades motoras finas, la coordinación y las actividades de la vida diaria
- Fisioterapia: se enfoca en mejorar las habilidades motoras gruesas, el equilibrio, la fuerza y la coordinación
- Terapia psicológica: ayuda a fortalecer la autoestima, a sobrellevar las dificultades motoras y a manejar retos emocionales
Procedimientos terapéuticos:
- Terapia del habla: trata las dificultades del habla que pueden acompañar a la dispraxia
- Terapia de integración sensorial: ayuda a procesar la información sensorial y a mejorar las habilidades sensoriomotoras
Cambios en los hábitos de salud:
- Ejercicio y actividad física: el ejercicio regular puede mejorar las habilidades motoras, la coordinación, la fuerza y la condición física en general
- Hábitos de vida saludables: dormir lo suficiente, una buena alimentación y manejar el estrés contribuyen al bienestar general
Otros tratamientos:
- Apoyo psicológico: ayuda a los niños a enfrentar los retos relacionados con la dispraxia, como la baja autoestima o la ansiedad
- Terapia de grupo: ofrece la oportunidad de relacionarse con otros niños con retos similares y aprender estrategias para afrontarlos
Es importante saber que no hay medicamentos específicos aprobados para tratar la dispraxia. Sin embargo, se pueden recetar medicamentos para manejar otras afecciones o síntomas que afecten el funcionamiento de su hijo o su hija.
La dosis de los medicamentos puede variar por muchos factores. Por eso, es esencial consultar con su profesional de la salud sobre la dosis adecuada para su situación. Pueden ocurrir otros efectos secundarios, así que lo mejor es hablar con su profesional de la salud o leer la información que viene con su medicamento para conocer más sobre los posibles efectos secundarios. Recuerde consultar con un profesional de la salud sobre las opciones de tratamiento específicas para su hijo o su hija.