Sobre el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) en personas adultas
El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es un problema de salud mental que afecta tanto a niños como a adultos.
En las personas adultas, el TDAH puede causar:
- Hiperactividad.
- Dificultad para concentrarse.
- Distraerse con facilidad.
- Desorganización.
- Dificultad para manejar el tiempo.
- Poca tolerancia al estrés.
- Inquietud.
- Ansiedad.
- Olvidos frecuentes.
- No poder mantener la atención.
Estos síntomas pueden afectar el trabajo, los estudios y las relaciones. Aunque los síntomas del TDAH suelen aparecer en la niñez, algunas personas no reciben el diagnóstico hasta la adultez.
El tratamiento del TDAH en adultos suele incluir una combinación de medicamentos y terapia. Consulte a un profesional de la salud para obtener un diagnóstico preciso y un plan de tratamiento personalizado.
Las causas del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) en personas adultas no se conocen por completo. Sin embargo, la investigación sugiere varios factores que pueden contribuir. Estos incluyen:
- Diferencias en la estructura y el funcionamiento del cerebro: el TDAH se asocia con cambios en zonas del cerebro que afectan el pensamiento y la vida diaria. Puede haber cambios en los niveles de dopamina (una sustancia química del cerebro), lo que puede causar dificultades para concentrarse y para controlar los impulsos.
- Desajustes en la comunicación del cerebro: problemas en el equilibrio de los mensajeros químicos del cerebro (neurotransmisores), sobre todo la dopamina, podrían ser una causa.
- Estrés oxidativo: algunas pruebas sugieren que el TDAH puede incluir estrés oxidativo, que ocurre cuando hay más moléculas dañinas (radicales libres) que antioxidantes protectores en el cuerpo.
- Neuroinflamación: la inflamación en el cerebro (neuroinflamación) podría tener un papel en el TDAH.
Los factores de riesgo no modificables son los que no se pueden cambiar ni controlar. En el TDAH en personas adultas incluyen:
- Factores genéticos: el TDAH tiene un componente hereditario. Se estima que entre 70 y 80 de cada 100 casos tienen base genética.
Los factores de riesgo modificables son los que sí se pueden influir o cambiar. En el TDAH en personas adultas incluyen:
- Riesgos prenatales y perinatales: algunos factores durante el embarazo y el parto, como que la madre fume, beba alcohol o esté expuesta a tóxicos del ambiente, se han vinculado con mayor riesgo de TDAH.
- Factores de la alimentación: aunque no hay pruebas sólidas que conecten la dieta de forma directa con el TDAH, algunos estudios han analizado si niveles bajos de nutrientes como zinc, magnesio, ciertos tipos de grasa y yodo durante el embarazo podrían relacionarse con el riesgo.
- Adversidad psicosocial: experiencias difíciles en la niñez, como trauma o negligencia, podrían aumentar las probabilidades de desarrollar TDAH.
Es importante saber que estos factores de riesgo no garantizan que una persona vaya a desarrollar TDAH. Cada persona es diferente. Si usted sospecha que tiene TDAH o le preocupan sus factores de riesgo, consulte a un profesional de la salud para un diagnóstico correcto y un plan de manejo adecuado.
Los primeros síntomas más comunes del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) en personas adultas incluyen:
- Impulsividad
- Dificultad para manejar el tiempo
- Dificultad para concentrarse en una tarea
- Problemas para hacer varias cosas a la vez
- Problemas para organizarse y decidir qué va primero
- Dificultad para hacer planes
- Dificultad para terminar tareas
- Actividad excesiva o inquietud
- Cambios de ánimo frecuentes
- Se frustra con facilidad
- Dificultad para manejar el estrés
A medida que el TDAH avanza o se agrava en personas adultas, pueden aparecer síntomas adicionales, como:
- Problemas emocionales
- Autoestima baja
- Poca motivación
- Inquietud
- Cansancio
- Problemas en las relaciones
- Consumo de sustancias
Es importante saber que los síntomas pueden variar de una persona a otra y no son los mismos para todos. Si sospecha que usted o alguien que conoce puede tener TDAH, lo mejor es consultar con un profesional de la salud para recibir un diagnóstico exacto y opciones de tratamiento adecuadas.
Para diagnosticar el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en personas adultas, los profesionales de la salud suelen usar una combinación de evaluaciones y pruebas. Estas son las más comunes:
- Entrevista diagnóstica: es la parte más importante de la evaluación. Incluye entrevistas estructuradas o semiestructuradas con preguntas estandarizadas sobre su conducta actual y pasada. También puede incluir información de familiares o de su pareja.
- Escalas estandarizadas de evaluación de la conducta: son cuestionarios que comparan la conducta de personas con TDAH con la de personas sin TDAH. No se usan por sí solas para diagnosticar, pero apoyan la entrevista diagnóstica. Es posible que le pidan a su pareja que también complete estos cuestionarios.
- Pruebas psicológicas: evalúan habilidades cognitivas como memoria de trabajo (mantener y usar información a corto plazo), funciones ejecutivas (planear, organizar y controlar impulsos), habilidades visuales y espaciales, y capacidad de razonamiento. Ayudan a identificar fortalezas, desafíos y posibles dificultades de aprendizaje.
Para saber el grado o la intensidad del TDAH en personas adultas, se pueden hacer otras evaluaciones y pruebas, como:
- Pruebas de rendimiento académico: miden el desempeño en áreas académicas para detectar retos específicos relacionados con el TDAH.
- Pruebas de capacidad intelectual: evalúan las habilidades intelectuales para conocer sus puntos fuertes y débiles en el pensamiento.
- Detección de afecciones coexistentes: los profesionales de la salud pueden hacer pruebas para detectar otras afecciones que pueden acompañar al TDAH, ya que hasta 80 de cada 100 adultos con TDAH tienen al menos una afección adicional.
Recuerde que cada profesional puede usar pruebas distintas. Consulte con su profesional de la salud para recibir orientación personalizada.
Los objetivos del tratamiento del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) en adultos son disminuir los síntomas y mejorar el funcionamiento en la vida diaria. Las opciones de tratamiento pueden incluir:
- Medicamentos: Los estimulantes y los no estimulantes se recetan con frecuencia para el TDAH en adultos. Los estimulantes como anfetamina/dextroanfetamina y metilfenidato aumentan los niveles de dopamina y noradrenalina en el cerebro. Esto ayuda a reducir los síntomas del TDAH. Los no estimulantes como la atomoxetina también pueden mejorar los síntomas al cambiar los niveles de ciertos neurotransmisores (mensajeros químicos del cerebro).
- Psicoterapia: La terapia cognitivo-conductual (TCC) ayuda a las personas con TDAH a reconocer mejor sus dificultades de atención y concentración. También puede mejorar las habilidades de organización y la autoestima y la confianza. La terapia puede brindar apoyo adicional cuando se usa junto con medicamentos.
- Enfoques conductuales: La psicoeducación, que ofrece información, apoyo y habilidades para afrontar el TDAH a la persona y a su familia, se recomienda como primera opción, sobre todo en menores de cinco años. Los programas de crianza han demostrado mejorar las habilidades de crianza y el desempeño social de los niños.
- Cambios en los hábitos de salud: Hacer ciertos cambios en el estilo de vida también puede ayudar a manejar los síntomas del TDAH. Esto puede incluir usar estrategias para la organización y el manejo del tiempo, hacer ejercicio con regularidad, mantener una alimentación saludable y dormir lo suficiente.
Es importante hablar sobre estas opciones de tratamiento con un profesional de la salud antes de empezar o suspender cualquier tratamiento para el TDAH. La dosis de los medicamentos puede verse afectada por muchos factores, por eso es muy importante consultar con su profesional de la salud sobre la dosis para su situación. Pueden ocurrir otros efectos secundarios, así que conviene consultar con su profesional de la salud o leer la información que viene con su medicamento para conocer más sobre los posibles efectos secundarios.