Sobre el síndrome de rumiación
El síndrome de rumiación, también llamado trastorno de rumiación, es una condición rara y crónica que afecta a bebés y a adultos. Se caracteriza por la regurgitación repetida y sin intención de comida (cuando la comida sube de nuevo desde el estómago a su boca después de tragar), por lo general durante o poco después de las comidas.
En el vómito, la comida se expulsa con fuerza por la boca. En la rumiación, la comida que regresa sube al esófago (el tubo que conecta la boca con el estómago), la garganta y la boca, pero no sale por sí sola. Esta condición es diferente de otros trastornos de la alimentación que incluyen regurgitar comida, porque aquí ocurre sin intención, no de manera deliberada. Las personas con síndrome de rumiación pueden volver a tragar, volver a masticar o escupir la comida que regresa.
Aunque la causa exacta no está clara, se cree que es una respuesta de conducta aprendida que aparece alrededor de 1 a 2 horas después de comer. Las terapias de conducta pueden ayudar a manejar esta condición.
No se conocen bien las causas exactas de cómo y por qué ocurre en el cuerpo el trastorno de rumiación (regurgitar o “devolver” la comida y volver a masticarla). Sin embargo, la investigación ha identificado algunos factores que podrían contribuir al desarrollo de esta afección:
Factores de riesgo no modificables (no se pueden cambiar ni controlar). Incluyen:
- Primera infancia y niñez: El trastorno de rumiación es común en bebés y en niñas y niños, sobre todo en quienes tienen discapacidad intelectual.
- Género: Algunas fuentes sugieren que podría afectar más a las mujeres, pero se necesitan más estudios para confirmarlo.
Factores de riesgo modificables (se pueden influir o cambiar). Incluyen:
- Enfermedad aguda (de aparición reciente): Tener una enfermedad aguda puede aumentar el riesgo.
- Condición de salud mental: Las personas con una condición de salud mental pueden tener mayor riesgo de desarrollar el trastorno de rumiación.
- Alteración psiquiátrica: Una alteración psiquiátrica puede contribuir al desarrollo del trastorno.
- Cirugía mayor: Someterse a una cirugía mayor puede ser un factor de riesgo modificable.
- Experiencias estresantes: Pasar por experiencias estresantes puede aumentar el riesgo de desarrollar el trastorno.
Es importante saber que estos factores de riesgo no son causas definitivas. Se necesita más investigación para entender bien cómo ocurre el trastorno y cuáles son sus factores de riesgo. Si tiene inquietudes sobre esta afección, lo mejor es consultar a un profesional de la salud para una evaluación y orientación adecuadas.
Los síntomas tempranos más comunes del trastorno de rumiación incluyen:
- Regurgitación de alimentos frecuente y sin esfuerzo (cuando la comida vuelve a la boca), por lo general entre 15 y 30 minutos después de comer
- Sensación de presión o necesidad de eructar antes de regurgitar
- Náuseas, malestar, hinchazón del abdomen y dolores de cabeza
A medida que el trastorno de rumiación avanza o se vuelve más grave, pueden aparecer otros síntomas, como:
- Daño dental por regurgitación repetida
- Pérdida de peso por no recibir suficientes nutrientes
- Acidez estomacal, que puede causar una sensación de ardor en el pecho
- Problemas del aparato digestivo como dolor abdominal, diarrea o estreñimiento
- Desequilibrio de electrolitos (sales y minerales en la sangre) que puede causar mareo y dolor de cabeza
- Dificultad para dormir por malestar o por problemas de digestión
Es importante saber que el trastorno de rumiación puede afectar tanto a niños como a adultos, y los síntomas por lo general son similares. Los niños tienen más probabilidad de volver a masticar y tragar la comida regurgitada, mientras que los adultos pueden escupirla. Si usted presenta alguno de estos síntomas, consulte a un profesional de la salud para un diagnóstico preciso y el tratamiento adecuado.
Para diagnosticar el síndrome de rumiación, los profesionales de la salud pueden hacer estos exámenes, pruebas y procedimientos:
- Historia clínica detallada: El médico le pregunta sobre sus hábitos de alimentación, la regurgitación (devolver comida a la boca sin náuseas) y factores emocionales que la desencadenan, para ver patrones.
- Monitoreo del pH esofágico: Prueba para revisar si hay reflujo ácido y si la regurgitación está ligada al ácido del estómago.
- Manometría: Mide la presión y el movimiento de los músculos del aparato digestivo para evaluar cómo traga y digiere.
- Observación durante las comidas: Un profesional de la salud puede observar cómo come para detectar señales de regurgitación o de una forma anormal de tragar.
- Endoscopia digestiva alta: Se usa una cámara para revisar si hay problemas en la estructura o daño en el esófago y el estómago.
Para determinar la gravedad del síndrome de rumiación, pueden indicarse pruebas adicionales como:
- Electromiografía (EMG): Esta prueba revisa cómo funcionan los músculos del abdomen y del pecho. Ayuda a diagnosticar el síndrome de rumiación al medir la actividad muscular.
- Manometría de alta resolución con impedancia: Este procedimiento ayuda a diferenciar la rumiación de otros problemas como los eructos o la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE).
- pH-impedancia de 24 horas con manometría esofágica ambulatoria: Esta prueba combinada ayuda a identificar distintos subtipos del síndrome de rumiación. Lo hace al medir la presión en el estómago y cómo se mueven los líquidos o los gases por el esófago.
Es importante hablar con su profesional de la salud para decidir qué exámenes, pruebas y procedimientos son adecuados para su situación.
Los objetivos del tratamiento del síndrome de rumiación son aliviar los síntomas y mejorar su bienestar general. Estos son los tratamientos recomendados y cómo ayudan a lograr estas metas:
- Respiración diafragmática: Esta técnica consiste en respirar profundo y relajar el diafragma (músculo que ayuda a respirar). Practicarla durante y después de las comidas ayuda a prevenir la regurgitación (devolver comida a la boca), que es un síntoma clave del síndrome de rumiación.
- Cambios de postura: Hacer cambios en la postura durante y después de las comidas puede ayudar a reducir la regurgitación. Su profesional de la salud puede darle recomendaciones específicas según sus necesidades.
- Técnicas de distracción: Quitar distracciones durante las comidas ayuda a concentrarse en comer bien. Masticar chicle o hacer algo agradable después de comer puede reducir las ganas de regurgitar.
- Terapia cognitivo-conductual (TCC): La TCC busca cambiar los comportamientos aprendidos relacionados con la rumiación. Le ayuda a identificar y cuestionar pensamientos negativos y a desarrollar formas más saludables de manejar la situación.
- Medicación: En algunos casos, se puede recomendar un medicamento como baclofeno si otros tratamientos no han sido efectivos. El baclofeno puede ayudar a mejorar los síntomas al disminuir la frecuencia y la intensidad de la regurgitación.
Es importante saber que los medicamentos siempre deben ser recetados y supervisados por un profesional de la salud. Además, el plan de tratamiento puede variar según su situación, por lo que es mejor consultar con su profesional de la salud para recibir recomendaciones personalizadas.
La dosis de los medicamentos puede verse afectada por muchos factores. Consulte con su profesional de la salud sobre la dosis adecuada para su caso. Pueden ocurrir otros efectos secundarios. Consulte con su profesional de la salud o lea la información que viene con su medicamento para conocer más sobre los efectos secundarios.