Genética y demencia
La demencia ocurre cuando una cantidad importante de neuronas (las células principales del cerebro) deja de funcionar bien y, con el tiempo, muere. Los síntomas de la demencia varían según la etapa y el tipo. En etapas tempranas, la demencia leve puede verse como más olvidos o confusión por momentos. Al avanzar a etapas moderadas o graves, puede causar cambios de personalidad, no reconocer a familiares o amistades, y una dependencia casi total de otras personas para actividades básicas de la vida diaria.
La demencia puede tener causas genéticas, del ambiente y del estilo de vida. Aún se estudia cómo la genética contribuye a la demencia. Se cree, sin embargo, que ciertas variaciones genéticas pueden aumentar el riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer, que es la causa más frecuente de demencia. Es importante saber que la genética por sí sola no hace que la demencia sea inevitable.
Aunque no podemos cambiar nuestros genes, hay evidencia de que un estilo de vida saludable puede ayudar a reducir el riesgo de demencia, incluso en personas con predisposición genética. Un estudio que analizó la relación entre el estilo de vida y el riesgo genético encontró que llevar un estilo de vida saludable se asoció con menor riesgo de demencia en general, sin importar el nivel de riesgo genético. En personas con alto riesgo genético, quienes tenían un estilo de vida saludable tuvieron menos riesgo de desarrollar demencia que quienes tenían un estilo de vida no saludable.
Para reducir el riesgo de demencia relacionado con la genética, se recomienda:
- Mantener una buena salud del corazón y los vasos sanguíneos: hacer ejercicio con regularidad, comer una dieta equilibrada rica en frutas y verduras, controlar la presión arterial y el colesterol, y no fumar.
- Realizar actividades que estimulen la mente: mantener el cerebro activo con lectura, rompecabezas y aprender nuevas habilidades o idiomas puede ayudar a reducir el riesgo de problemas de memoria y pensamiento.
- Mantenerse socialmente activo: conservar lazos sociales y participar en actividades sociales se ha asociado con un menor riesgo de demencia.
Es importante saber que estos hábitos pueden ayudar a reducir el riesgo de demencia, pero no garantizan su prevención. Para recibir consejos personalizados sobre cómo reducir su riesgo, consulte a un profesional de la salud.