Acerca de la sarcoidosis
La sarcoidosis es una enfermedad que puede afectar todo el cuerpo y causa bultos pequeños, rojos e inflamados llamados granulomas. Estos granulomas pueden formarse en cualquier órgano, pero con más frecuencia afectan los pulmones y los ganglios linfáticos del pecho.
Se desconoce la causa exacta de la sarcoidosis. Se cree que la desencadenan infecciones y ciertas sustancias del ambiente. La genética también puede influir en cómo reacciona el sistema inmunitario a estos factores.
Con el tiempo, la sarcoidosis puede hacer que los órganos no funcionen bien y formar cicatrices, lo que reduce la calidad de vida. El diagnóstico se hace con una combinación de pruebas de imagen, evaluaciones clínicas y el estudio de muestras de tejido al microscopio (histopatología).
El tratamiento busca mejorar el funcionamiento de los órganos, prevenir cicatrices permanentes y mejorar la calidad de vida.
Se desconoce la causa exacta de la sarcoidosis. Pero hay varios factores que pueden contribuir a que se desarrolle:
Posibles causas principales:
- Funcionamiento anormal del sistema inmunitario: en la sarcoidosis, el sistema inmunitario se vuelve demasiado activo y forma pequeños bultos de inflamación (llamados granulomas) en lugar de combatir bien las infecciones.
- Factores genéticos: sus genes pueden influir en cómo reacciona su sistema inmunitario a ciertos desencadenantes.
Factores de riesgo que no se pueden cambiar ni controlar:
- Edad: la sarcoidosis es más común en personas de 20 a 40 años.
- Antecedentes familiares: tener un familiar cercano con sarcoidosis puede aumentar su riesgo.
Factores de riesgo que sí se pueden cambiar o influir:
- Exposiciones ambientales: trabajar en ciertos empleos o estar expuesto a polvo metálico o a partículas diminutas en el aire que provienen de seres vivos (llamadas bioaerosoles) podría relacionarse con un mayor riesgo de sarcoidosis. Sin embargo, estas relaciones aún se están estudiando y no se entienden por completo.
Recuerde: aunque estos factores pueden aumentar la probabilidad de tener sarcoidosis, no significan que usted vaya a desarrollarla. Si le preocupa su riesgo o tiene síntomas, consulte a un profesional de la salud para una evaluación y orientación adecuadas.
Los síntomas tempranos más comunes de la sarcoidosis incluyen:
- Tos seca
- Falta de aire (dificultad para respirar)
- Molestia en el pecho
A medida que la enfermedad avanza o se hace más grave, pueden aparecer otros síntomas comunes, como:
- Problemas en la piel
- Problemas en los ojos
- Problemas en el hígado
- Problemas en el bazo
- Problemas en los ganglios linfáticos periféricos (fuera del pecho)
También pueden presentarse complicaciones del corazón y del sistema nervioso, aunque son menos comunes. Algunos tipos de sarcoidosis tienen síntomas específicos:
- Síndrome de Löfgren: se caracteriza por fiebre, ganglios linfáticos del pecho hinchados a ambos lados de los pulmones (adenopatía hiliar bilateral), bultos rojos y dolorosos en la piel (eritema nodoso) e inflamación alrededor de las articulaciones (periartritis).
- Síndrome de Heerfordt: se caracteriza por aumento del tamaño de las glándulas parótidas (un tipo de glándula salival cerca de la mandíbula), fiebre, parálisis del nervio facial y uveítis anterior (inflamación de la parte delantera del ojo).
Es importante saber que el cansancio es un síntoma común en la sarcoidosis y puede estar presente en cualquier etapa de la enfermedad. Si tiene síntomas o sospecha que puede tener sarcoidosis, consulte a un profesional de la salud para un diagnóstico correcto y el tratamiento adecuado.
Para diagnosticar la sarcoidosis, los médicos suelen hacer los siguientes exámenes, pruebas y procedimientos:
- Examen físico: El profesional de salud hará un examen para buscar señales y síntomas, como ganglios linfáticos inflamados o agrandados en el cuello, las axilas o la ingle; cambios en la piel como sarpullidos o bultos rojos; hinchazón o dolor en las articulaciones; y dificultad para respirar o ruidos anormales en el pecho.
- Revisión de la historia clínica: El médico revisará la historia clínica para saber sobre enfermedades previas, síntomas y posibles exposiciones que puedan relacionarse con la sarcoidosis.
- Radiografía del pecho: Se usa con frecuencia para ver si hay compromiso de los pulmones y detectar problemas como ganglios aumentados de tamaño o granulomas en los pulmones.
- Tomografía computarizada (TC): Esta imagen del pecho ofrece más detalle y ayuda a evaluar los ganglios y el daño en los pulmones.
- Análisis de sangre: Pueden hacerse para ver cómo funcionan los órganos, medir sustancias de los riñones (enzimas) y buscar cambios en el cuerpo que podrían relacionarse con la sarcoidosis.
- Biopsia: Consiste en tomar una pequeña muestra de tejido de un órgano afectado, como los pulmones o la piel, para mirarla al microscopio. La presencia de granulomas (pequeñas áreas de inflamación) puede confirmar el diagnóstico.
Exámenes, pruebas y procedimientos adicionales para determinar la etapa o la gravedad de la sarcoidosis pueden incluir:
- Pruebas neurológicas: Evalúan cómo funcionan los nervios y buscan problemas del sistema nervioso causados por la sarcoidosis.
- Exámenes de los ojos: Son importantes de manera regular, porque la sarcoidosis puede dañar los ojos sin causar síntomas.
- Pruebas de función pulmonar: Miden la capacidad de los pulmones y qué tan bien respira la persona.
- Pruebas del corazón: Vigilar cómo funciona el corazón es fundamental, porque la sarcoidosis cardíaca puede poner en riesgo la vida. Se pueden hacer pruebas como electrocardiograma (ECG), ecocardiograma o resonancia magnética cardíaca (RM).
Recuerde: un profesional de la salud debe hacer el diagnóstico y determinar la etapa de la sarcoidosis según sus síntomas y su historia clínica.
Los objetivos del tratamiento de la sarcoidosis (enfermedad que causa inflamación y pequeños bultos llamados granulomas en distintos órganos) son lograr la remisión, prevenir daño permanente en los órganos y mantener una buena calidad de vida. Las opciones de tratamiento y cómo actúan incluyen:
- Medicamentos:
- Corticoesteroides: Son el tratamiento inicial más usado para la sarcoidosis. Reducen la inflamación y bajan la actividad del sistema inmunitario (las defensas).
- Medicamentos inmunosupresores (como metotrexato y azatioprina): Se pueden usar como alternativa o junto con los corticoesteroides para controlar los síntomas y evitar que la enfermedad progrese.
- Infliximab: Se usa en la sarcoidosis cardíaca cuando los corticoesteroides causan efectos tóxicos que no se pueden tolerar. Ha demostrado eficacia para reducir la inflamación.
- Tratamiento dirigido a la hipertensión pulmonar (HP): En casos de sarcoidosis con HP, se pueden usar tratamientos específicos para mejorar el flujo de sangre, la función del corazón y los pulmones, y la capacidad física en general.
- Terapias y procedimientos:
- Tratamiento dirigido a la sarcoidosis: Este enfoque se centra en los procesos propios de la enfermedad. En algunos casos se puede usar cirugía para aliviar la presión sobre los órganos causada por ganglios linfáticos inflamados (adenopatía).
- Cambios en hábitos de salud:
- Consultas de seguimiento regulares: Vigilar cómo avanza la enfermedad y ajustar el tratamiento según sea necesario.
- Modificaciones del estilo de vida: Dejar de fumar, mantener un peso saludable y manejar el estrés pueden mejorar la salud en general y, posiblemente, reducir la actividad de la enfermedad.
Es importante saber que las dosis de los medicamentos y los planes de tratamiento deben adaptarse a las necesidades de cada persona. Consulte siempre con su profesional de la salud para recibir consejos personalizados. Un equipo de especialistas, como cardiólogos, neumólogos y radiólogos que se enfocan en enfermedades de los pulmones y los vasos sanguíneos, puede ser esencial para un manejo integral.
La dosis de los medicamentos puede verse afectada por muchos factores. Consulte a su profesional de la salud sobre la dosis adecuada para su situación. Pueden presentarse efectos secundarios. Consulte a su profesional de la salud o lea la información que viene con su medicamento para conocer los posibles efectos secundarios.