Sobre el herpes zóster (culebrilla)

Descripción general

La culebrilla, también llamada herpes zóster, es una infección causada por el virus varicela-zóster (VVZ), el mismo virus que causa la varicela. Después de que una persona se recupera de la varicela, el virus queda inactivo en los nervios. En algunos casos, el virus puede volver a activarse años más tarde y causar culebrilla.

La culebrilla causa una erupción en la piel dolorosa con ampollas. Suele aparecer como una franja de ampollas en un solo lado del cuerpo, por ejemplo en el torso, el cuello o la cara. La mayoría de los casos de culebrilla desaparecen en 3 a 5 semanas.

Cualquier persona que haya tenido varicela puede tener culebrilla. Sin embargo, es más común en personas mayores y en quienes tienen el sistema inmunitario debilitado.

Causas y factores de riesgo

La culebrilla (herpes zóster) es causada por el virus varicela zóster (VVZ), el mismo virus que causa la varicela. Después de que una persona se recupera de la varicela, el virus queda inactivo en sus células nerviosas. Más adelante, el virus puede volver a activarse y causar culebrilla.

Las causas de la culebrilla incluyen:

  • Sistema inmunitario debilitado: Con la edad, el sistema inmunitario puede debilitarse y aumentar el riesgo de culebrilla. Ciertas enfermedades y tratamientos también lo debilitan, como la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), los tratamientos contra el cáncer (como quimioterapia y radioterapia) y algunos medicamentos que deprimen el sistema inmunitario (inmunosupresores).
  • Estrés: El estrés emocional intenso y la falta de sueño pueden aumentar el riesgo de culebrilla. Se cree que el estrés debilita el sistema inmunitario y dificulta que el cuerpo combata infecciones.
  • Infección previa por VVZ: Si una persona tuvo varicela en el pasado, corre el riesgo de tener culebrilla más adelante. Esto se debe a que el virus varicela zóster queda inactivo en las células nerviosas y puede volver a activarse.

Ahora hablemos de los factores de riesgo no modificables y modificables de la culebrilla.

Los factores de riesgo no modificables no se pueden cambiar ni controlar. Incluyen:

  • Edad: El riesgo de tener culebrilla aumenta con la edad. Las personas mayores de 50 años tienen más riesgo, y las mayores de 80 años tienen el riesgo más alto.
  • Infección previa por VVZ: Haber tenido varicela en el pasado aumenta el riesgo de culebrilla más adelante.

Los factores de riesgo modificables se pueden influir o cambiar. Incluyen:

  • Sistema inmunitario debilitado: Ciertas enfermedades y tratamientos aumentan el riesgo, como el VIH/SIDA, los tratamientos contra el cáncer, el uso prolongado de esteroides como la prednisona y tomar medicamentos que deprimen el sistema inmunitario (inmunosupresores).
  • Estrés: El estrés emocional intenso y la falta de sueño pueden aumentar el riesgo. Manejar el estrés y dormir lo suficiente es importante para la salud en general.

Es importante señalar que algunos estudios sugieren que las mujeres podrían tener un riesgo mayor de presentar culebrilla que los hombres. Sin embargo, se necesita más investigación para entender bien esta relación.

En resumen, la culebrilla ocurre por la reactivación del virus varicela zóster en personas que ya tuvieron varicela. Los factores no modificables incluyen la edad y la infección previa por VVZ. Los factores modificables incluyen tener el sistema inmunitario debilitado por ciertas enfermedades o tratamientos, y el estrés. Manejar estos factores puede ayudar a reducir la probabilidad de tener culebrilla.

Síntomas

Los síntomas iniciales del herpes zóster (culebrilla) pueden ir desde una leve irritación y dolor en la piel hasta señales más fuertes de enfermedad. Estos son los síntomas iniciales más comunes:

  • Dolor: Uno de los primeros signos suele ser hormigueo, ardor o entumecimiento en la piel. Este dolor casi siempre está en un solo lado del cuerpo.
  • Sarpullido: Después de unos días, aparecen grupos de pequeñas ampollas llenas de líquido. El sarpullido suele formarse en forma de franja o banda en un lado del cuerpo, siguiendo el recorrido de un nervio.
  • Enrojecimiento e hinchazón: La zona afectada puede ponerse roja e hinchada alrededor de las ampollas.
  • Fiebre: Algunas personas pueden tener fiebre junto con cansancio y dolor de cabeza.

Cuando la culebrilla avanza o se vuelve más intensa, pueden aparecer otros síntomas, como:

  • Picazón: El sarpullido y las ampollas pueden causar picazón intensa y muy molesta.
  • Fatiga: Puede sentirse con sueño, cansado y sin energía.
  • Dolor de cabeza: Algunas personas tienen dolor de cabeza por la culebrilla.
  • Debilidad muscular: Si el sarpullido afecta ciertos nervios, puede haber debilidad muscular en esa zona del cuerpo.
  • Síntomas en los ojos: En casos poco comunes, la culebrilla puede afectar los nervios del ojo o alrededor del ojo. Puede causar dolor, enrojecimiento, hinchazón y pérdida de la visión temporal o permanente.

Es importante saber que un médico suele diagnosticar la culebrilla basándose solo en los síntomas. Si presenta alguno de estos síntomas o cree que puede tener culebrilla, busque atención médica para recibir un diagnóstico y tratamiento adecuados.

Diagnóstico

Para diagnosticar la culebrilla (herpes zóster), los médicos suelen basarse en su historia médica, un examen físico y, a veces, pruebas de laboratorio. Estas son las pruebas y procedimientos más comunes:

  • Historia médica: El médico le hará preguntas sobre sus síntomas, enfermedades previas y cualquier exposición reciente al virus varicela-zóster, que causa la culebrilla.
  • Examen físico: El médico revisará su piel para buscar la erupción y las ampollas típicas de la culebrilla. Buscará grupos de ampollas llenas de líquido, a menudo rojas y dolorosas.
  • Prueba con hisopo: En algunos casos, el médico puede tomar una muestra con un hisopo de una ampolla o lesión y enviarla al laboratorio. Esta prueba puede confirmar la presencia del virus varicela-zóster.
  • Análisis de sangre: Los médicos pueden recomendar análisis para buscar anticuerpos, que indican exposición previa al virus. Estos anticuerpos pueden ayudar a confirmar el diagnóstico de culebrilla.

Es importante saber que estas pruebas se usan sobre todo para diagnosticar la culebrilla. Para determinar la etapa o la gravedad, el médico suele basarse en la observación y su evaluación clínica. En la mayoría de los casos no hacen falta más pruebas.

Sin embargo, en algunas situaciones, cuando hay zonas específicas afectadas o presentaciones atípicas, pueden hacer pruebas adicionales:

  • Evaluación por un oftalmólogo (especialista de los ojos): Si la culebrilla afecta el área alrededor de los ojos, es esencial ver a un oftalmólogo. La culebrilla en esta zona puede causar problemas en los ojos, como glaucoma (daño por presión alta en el ojo). El oftalmólogo revisará sus ojos para detectar complicaciones.
  • Endoscopia: Si se sospecha culebrilla en la garganta o el esófago, se puede hacer una endoscopia. Durante este procedimiento, se introduce por la garganta un tubo delgado con una cámara para examinarla con más detalle.
  • Prueba de reacción en cadena de la polimerasa (PCR): En casos atípicos en los que el diagnóstico es difícil, se pueden usar pruebas de laboratorio como la PCR. La PCR detecta el virus varicela-zóster al analizar muestras tomadas de las lesiones o zonas afectadas. Esta prueba ofrece resultados rápidos y precisos.
Opciones de tratamiento

Los objetivos del tratamiento del herpes zóster (conocido como culebrilla) son aliviar el dolor, acortar la duración de la infección, prevenir complicaciones y mejorar su calidad de vida. Hay varios tipos de medicamentos y terapias que ayudan a lograrlo:

  • Medicamentos antivirales: Son comunes para tratar el herpes zóster. Incluyen valaciclovir, aciclovir y famciclovir. Tomarlos en las primeras 72 horas desde los primeros síntomas puede reducir la intensidad y la duración de la infección. Funcionan al evitar que el virus varicela zóster (el que causa el herpes zóster) se multiplique.
  • Medicamentos para el dolor: Además de los antivirales, un profesional de la salud puede recomendar paracetamol (acetaminofén) o ibuprofeno para manejar el dolor. Estos medicamentos alivian las molestias y ayudan a su calidad de vida durante la fase aguda de la infección.
  • Tratamientos tópicos: Algunos tratamientos aplicados en la piel alivian el dolor y la comezón de las lesiones. Incluyen parches de capsaicina y cremas o geles de lidocaína. Los parches de capsaicina “desensibilizan” los nervios y reducen las señales de dolor. La lidocaína adormece el área afectada y ofrece alivio temporal.
  • Inyecciones de corticosteroides: En algunos casos se usan para bajar la inflamación de las lesiones por herpes zóster. Esto puede aliviar el dolor y favorecer una curación más rápida.
  • Cuidados en casa: Además del tratamiento médico, ayudan los baños o duchas con agua fresca para aliviar el dolor y limpiar la piel, las compresas frías para reducir el dolor y la comezón, y la aplicación de loción de calamina para aliviar la comezón.

Otras opciones de tratamiento para manejar el herpes zóster incluyen:

  • Anticonvulsivos o antidepresivos: Se pueden recetar para el dolor de nervios crónico de la neuralgia posherpética (NPH, dolor de nervios que dura después del herpes zóster).
  • Antihistamínicos: Ayudan a reducir la comezón causada por el herpes zóster.
  • Loción de calamina: Aplicarla en el área afectada puede disminuir la comezón.
  • Bloqueos de nervios o inyecciones de corticosteroides: Para el dolor por neuralgia (dolor de nervios punzante, ardiente o como pinchazos).
  • Vacunas: Disponibles para prevenir el herpes zóster.

Es importante saber que los antibióticos no sirven contra virus como el herpes zóster, pero se pueden recetar si hay riesgo de una infección bacteriana en el área de las lesiones.

En años recientes, técnicas de termoterapia como la acupuntura con fuego y la moxibustión (práctica de quemar hierbas secas para promover la curación) han mostrado beneficios posibles para manejar el herpes zóster y la neuralgia posherpética. Sin embargo, se necesita más investigación para entender bien su eficacia y seguridad.

En general, la combinación de antivirales, medicamentos para el dolor, tratamientos tópicos, inyecciones de corticosteroides y cuidados en casa puede ayudar a reducir los síntomas, prevenir complicaciones como la neuralgia posherpética (NPH) y mejorar su calidad de vida durante la infección.

La dosis de los medicamentos puede variar por muchos factores. Consulte a su profesional de la salud para saber la dosis adecuada en su caso. Pueden ocurrir otros efectos secundarios. Consulte a su profesional de la salud o lea la información que viene con su medicamento para conocer más sobre los efectos secundarios.

Evolución o complicaciones

La evolución natural de la culebrilla (herpes zóster) tiene varias etapas:

  • Etapa inicial (prodrómica): Es la primera fase. Usted puede tener dolor de cabeza, fiebre y malestar general.
  • Etapa de dolor y sarpullido: Aparece el sarpullido típico. Suele empezar como manchas rojas que se vuelven ampollas con líquido. Puede haber dolor intenso, hormigueo o picazón.
  • Etapa de cicatrización: Después de algunas semanas, las ampollas forman costras y sanan. El dolor y las molestias van bajando poco a poco.

Aunque la mayoría de los casos de culebrilla se resuelven por sí solos, pueden ocurrir complicaciones:

  • Neuralgia posherpética (NPH): Es la complicación más común. Es dolor de nervios que sigue en la zona del sarpullido. Puede durar meses o incluso años después de que la piel sane.
  • Problemas de la vista: La culebrilla en el ojo (herpes zóster oftálmico) puede causar infecciones en el ojo, pérdida de visión u otras complicaciones si no se trata de inmediato.
  • Infecciones bacterianas secundarias: Rascarse las ampollas puede meter bacterias en la piel y causar infecciones.
  • Encefalitis: En casos poco frecuentes, la culebrilla puede inflamar el cerebro (encefalitis), con síntomas neurológicos y otras complicaciones.
  • Neumonía: La culebrilla puede aumentar el riesgo de tener neumonía, una infección de los pulmones que puede ser grave, sobre todo en personas mayores o con el sistema inmunitario débil.

El tratamiento temprano de la culebrilla es clave para reducir la intensidad de los síntomas y prevenir complicaciones.

Es importante consultar a un profesional de la salud para recibir un diagnóstico y un plan de tratamiento adecuados a su situación. Podrán evaluar sus síntomas, darle indicaciones apropiadas y vigilar su evolución durante su recuperación de la culebrilla.