Acerca de la malaria

Descripción general

El paludismo (malaria) es una enfermedad parasitaria que se transmite a las personas por la picadura de mosquitos infectados. La causa es un parásito llamado Plasmodium. Este parásito infecta los glóbulos rojos (células de la sangre) y puede causar enfermedad grave, incluso anemia (bajo nivel de glóbulos rojos).

El paludismo suele presentarse en zonas tropicales y produce síntomas como fiebre, escalofríos y dolor de cabeza. En casos más graves, puede causar convulsiones, confusión, cansancio, dificultad para respirar y hasta la muerte.

Recibir tratamiento pronto es importante para prevenir complicaciones, como fallo de los riñones (insuficiencia renal) y convulsiones.

En 1951, el paludismo se eliminó de Estados Unidos, pero aún pueden presentarse casos en viajeros o en personas inmigrantes que vienen de países donde la transmisión es más común, en especial en África subsahariana o Asia meridional.

Si le preocupa el paludismo o piensa que pudo haber estado en contacto con la enfermedad, consulte con un profesional de la salud para recibir orientación.

Causas y factores de riesgo

La malaria (paludismo) ocurre, sobre todo, por una infección con el parásito Plasmodium. Se transmite por la picadura de mosquitos Anopheles hembra infectados. El parásito entra en la sangre y llega al hígado. Allí infecta las células del hígado, se multiplica y luego libera parásitos nuevos que invaden los glóbulos rojos. Esto causa los síntomas típicos de la malaria.

Factores de riesgo no modificables (no se pueden cambiar):

  • Edad: Los niños menores de 5 años y las personas adultas que nunca han estado expuestas a la malaria tienen más riesgo de enfermedad grave.
  • Factores genéticos (rasgos heredados): Algunas características heredadas pueden aumentar el riesgo de malaria grave.

Factores de riesgo modificables (sí se pueden cambiar):

  • Viajar a zonas endémicas (donde la malaria es común): Visitar áreas donde la malaria es frecuente aumenta el riesgo de contraer la enfermedad.
  • Falta de medidas para controlar mosquitos: No usar mosquiteros, no usar repelentes o vivir en lugares con mal saneamiento y agua estancada favorece la cría de mosquitos y la transmisión de la malaria.
  • Bajo cumplimiento de medidas preventivas: No tomar los medicamentos contra la malaria (antipalúdicos) como se indican, o no completar todo el tratamiento, puede aumentar el riesgo de desarrollar malaria.

Estos factores de riesgo pueden variar según el lugar y la situación de cada persona. Por eso, se recomienda consultar con un profesional de la salud para recibir consejos personalizados sobre cómo prevenir y manejar la malaria.

Síntomas

Los síntomas iniciales más comunes de la malaria incluyen:

  • Fiebre: Una temperatura corporal alta es un síntoma característico de la malaria.
  • Dolor de cabeza: Muchas personas con malaria tienen dolor de cabeza.
  • Escalofríos: Los temblores y escalofríos son síntomas tempranos comunes.
  • Dolor abdominal: Algunas personas pueden tener dolor o molestia en el abdomen.
  • Vómitos: Las náuseas y los vómitos pueden aparecer en las primeras etapas de la malaria.
  • Pérdida del apetito (anorexia): La pérdida del apetito es otro posible síntoma.

A medida que la enfermedad avanza o se vuelve más grave, pueden aparecer más síntomas. Estos pueden incluir:

  • Dolor muscular y de articulaciones (mialgias/artralgias): Pueden aparecer en etapas posteriores de la malaria.
  • Náuseas y vómitos: Estos síntomas pueden continuar o empeorar a medida que la enfermedad avanza.
  • Malestar general: Puede sentir malestar en todo el cuerpo.
  • Diarrea: Algunas personas con malaria grave pueden tener diarrea.

Es importante saber que estos síntomas pueden variar de una persona a otra y no todas las personas tendrán todos los síntomas. Si sospecha que tiene malaria o presenta síntomas que le preocupan, busque atención médica para un diagnóstico y tratamiento adecuados.

Diagnóstico

Para diagnosticar la malaria, comúnmente se realizan los siguientes exámenes, pruebas y procedimientos:

  • Microscopía: Es el método más confiable y preciso para diagnosticar la malaria. Consiste en revisar al microscopio frotis de sangre teñidos con Giemsa para identificar la especie y las etapas del parásito Plasmodium.
  • Pruebas de diagnóstico rápido (PDR): Son fáciles de usar, rápidas y económicas. Detectan en una muestra de sangre antígenos (proteínas) que produce el parásito.
  • Pruebas basadas en la amplificación de ácidos nucleicos: Técnicas como la reacción en cadena de la polimerasa (PCR) y la amplificación isotérmica mediada por bucle (LAMP) permiten amplificar y detectar el material genético del parásito. Estas pruebas son muy sensibles y pueden detectar niveles bajos de infección.

Otros exámenes, pruebas y procedimientos pueden incluir:

  • Análisis de sangre: Pueden incluir un hemograma completo (conteo de células en la sangre) para ver si hay anemia o cambios en los glóbulos blancos, pruebas de función hepática para evaluar daño en el hígado y pruebas de función renal para revisar cómo están funcionando los riñones.
  • Estudios de imagen: Se pueden recomendar radiografías o una resonancia magnética (RM) para evaluar afectación de órganos o complicaciones asociadas con malaria grave, como líquido en los pulmones o hinchazón del cerebro.

Es importante saber que las pruebas y los procedimientos pueden variar según su situación. Consulte con su profesional de la salud para recibir asesoría personalizada.

Opciones de tratamiento

Los objetivos del tratamiento del paludismo (malaria) son:

  • Reducir el número de casos y muertes por paludismo en el mundo.
  • Eliminar y evitar que vuelva la transmisión en los países afectados.
  • Reducir el contagio de la infección a otras personas.
  • Disminuir el número de personas que pueden contagiar.
  • Evitar que aparezca y se propague la resistencia a los medicamentos antipalúdicos.

Para lograr estos objetivos, se recomiendan varias estrategias:

  • Medicamentos: Los medicamentos antipalúdicos se usan para tratar el paludismo. Actúan al eliminar los parásitos que causan la infección. La clase más común es la terapia combinada basada en artemisinina (TCA), que combina derivados de la artemisinina con otros antipalúdicos. La elección del tratamiento depende de factores como la gravedad de la infección, la especie de Plasmodium (tipo de parásito) que la causa y la resistencia a medicamentos en la zona.
  • Cuidados en el hospital: En casos graves, puede ser necesario hospitalizar a la persona para vigilarla de cerca y dar cuidados de apoyo, como líquidos por vena (suero por vía intravenosa), transfusiones de sangre y manejo de complicaciones.
  • Autocuidado y cambios de hábitos: Las medidas de prevención ayudan a reducir el riesgo de infección e incluyen:
  • Usar mosquiteros tratados con insecticidas.
  • Usar ropa que cubra la piel.
  • Aplicar repelentes de insectos.
  • Tomar medicamentos preventivos (profilaxis) al viajar a zonas donde el paludismo es común, para ayudar a reducir el riesgo de infección.

Es importante saber que las recomendaciones específicas de tratamiento pueden variar según factores como la ubicación geográfica, la resistencia a medicamentos y las características de cada paciente. Consulte a un profesional de la salud para recibir indicaciones personalizadas.

La dosis de los medicamentos puede verse afectada por muchos factores. Consulte con su profesional de la salud sobre la dosis indicada para su situación. Pueden presentarse efectos secundarios. Consulte con su profesional de la salud o lea la información que viene con su medicamento para conocer los posibles efectos secundarios.