Información sobre la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH)

Descripción general

La infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) es una infección viral que ataca el sistema inmunitario. La causa es el virus de la inmunodeficiencia humana tipo 1 (VIH-1) y puede llevar al síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA). El VIH se transmite por contacto con ciertos líquidos corporales, como la sangre, el semen, los fluidos vaginales y la leche materna. Las formas comunes de transmisión incluyen tener relaciones sexuales sin condón, compartir agujas o jeringas y la transmisión de madre a hijo durante el embarazo, el parto o la lactancia.

El VIH ataca sobre todo a los linfocitos T CD4 (un tipo de glóbulo blanco que ayuda a defender el cuerpo). El virus destruye estas células y debilita el sistema inmunitario. Como resultado, las personas con VIH tienen más riesgo de infecciones y enfermedades que el cuerpo normalmente puede combatir.

No todas las personas con VIH progresan a SIDA. Con diagnóstico temprano y atención médica adecuada, las personas que viven con VIH pueden controlar su condición y vivir muchos años con buena salud. El tratamiento del VIH consiste en la terapia antirretroviral (TAR), que ayuda a suprimir el virus y a frenar el avance de la enfermedad.

Causas y factores de riesgo

La forma principal de transmisión del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) es el contacto sexual sin protección con una persona que tiene VIH. Esto incluye sexo vaginal, anal u oral sin usar métodos de barrera, como los condones. Otras causas de infección por VIH incluyen compartir agujas o jeringas con una persona que tiene VIH, recibir transfusiones de sangre o trasplantes de órganos contaminados, y la transmisión de una madre con VIH a su bebé durante el embarazo, el parto o la lactancia.

Los factores de riesgo no modificables del VIH no se pueden cambiar ni controlar. Incluyen:

  • Edad: Aunque cualquier persona puede contraer el VIH, algunos grupos de edad pueden tener más riesgo. Los adultos jóvenes y los adolescentes son especialmente vulnerables, porque pueden tener conductas de riesgo y menos conocimiento sobre cómo prevenir el VIH.
  • Género: El VIH afecta a personas de todos los géneros, pero factores biológicos y sociales pueden aumentar el riesgo en distintos grupos. Por ejemplo, factores biológicos, como que el tejido vaginal sea más susceptible a la infección, pueden poner a las mujeres cisgénero (mujeres cuya identidad de género coincide con el sexo asignado al nacer) en mayor riesgo.
  • Raza y etnia: Algunas poblaciones, como las comunidades negras y latinas, tienen tasas más altas de infección por VIH que otros grupos. Esto puede estar influido por determinantes sociales de la salud (factores sociales que afectan la salud), como el acceso limitado a la atención médica y mayores tasas de pobreza.

Los factores de riesgo modificables del VIH se pueden influir o cambiar. Incluyen:

  • Prácticas sexuales sin protección: Tener relaciones sexuales sin usar métodos de barrera, como los condones, aumenta el riesgo de transmisión del VIH. Practicar sexo seguro usando condones de forma constante y hacerse la prueba con regularidad puede ayudar a reducir este riesgo.
  • Compartir agujas: Compartir agujas o jeringas para consumir drogas u otros fines puede transmitir el VIH. Usar agujas y jeringas limpias o elegir alternativas más seguras, como los programas de intercambio de agujas y jeringas, puede reducir mucho este riesgo.
  • Falta de información: No conocer bien cómo prevenir el VIH y tener ideas equivocadas sobre el virus puede aumentar las infecciones. Informarse sobre la transmisión y la prevención del VIH es clave para reducir el riesgo.
  • Consumo de sustancias: El consumo de sustancias, en especial el uso de drogas inyectables, aumenta la probabilidad de tener conductas de riesgo que pueden llevar a la transmisión del VIH. Buscar ayuda para el consumo de sustancias puede disminuir de forma importante el riesgo.
Síntomas

Los síntomas tempranos de la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) pueden variar de una persona a otra. Algunos síntomas comunes al inicio incluyen:

  • Dolor de garganta
  • Dolores musculares
  • Fiebre
  • Pérdida de peso
  • Cansancio
  • Sarpullido
  • Ganglios linfáticos inflamados en el cuello o la ingle
  • Problemas gastrointestinales como diarrea o vómitos

Estos síntomas pueden parecerse a los de la gripe y pueden durar algunas semanas.

A medida que la infección por VIH avanza o se vuelve más grave, pueden aparecer más síntomas. Estos pueden incluir:

  • Infecciones persistentes o que se repiten, como infecciones respiratorias (por ejemplo, neumonía)
  • Infecciones de la piel
  • Candidiasis oral (infección por hongos en la boca)
  • Infecciones por hongos en la zona genital o anal

Las personas con VIH avanzado también pueden presentar:

  • Diarrea crónica
  • Sudores nocturnos
  • Cansancio sin explicación
  • Fiebre persistente
  • Pérdida de peso no intencional
  • Síntomas neurológicos como pérdida de memoria o confusión

Es importante saber que no todas las personas con VIH tendrán los mismos síntomas ni al mismo tiempo. Algunas personas pueden no tener ningún síntoma durante muchos años y aun así estar infectadas con el VIH. Hacerse la prueba de manera regular es clave para detectar el VIH a tiempo y empezar el tratamiento adecuado si es necesario.

Diagnóstico

Para diagnosticar la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), los profesionales de la salud suelen realizar estos exámenes, pruebas y procedimientos:

  • Detección de anticuerpos contra el VIH: es el método más importante para diagnosticar la infección por VIH. Busca anticuerpos contra el VIH en la sangre. Se usan pruebas de detección como ELISA (una prueba de laboratorio que detecta anticuerpos), pruebas de quimioluminiscencia y pruebas rápidas para identificar a personas con posible infección por VIH.
  • Pruebas confirmatorias: si la prueba de detección sale positiva, se hacen pruebas para confirmar el diagnóstico. Incluyen inmunotransferencia (Western blot) o pruebas de inmunofluorescencia, que confirman la presencia de anticuerpos contra el VIH.
  • Prueba de carga viral: mide la cantidad de ácido ribonucleico (ARN) del VIH en la sangre. Ayuda a saber qué tan activo está el virus y da información sobre la evolución de la enfermedad y la eficacia del tratamiento.
  • Recuento de linfocitos T CD4+: los CD4+ son un tipo de glóbulo blanco que ayuda al sistema inmunitario a combatir infecciones. El recuento mide cuántas de estas células hay en la sangre. Es un indicador clave de la función de sus defensas y ayuda a decidir cuándo empezar la terapia antirretroviral (TAR).

Además del diagnóstico, los profesionales de la salud pueden hacer más exámenes y pruebas para determinar la gravedad de la infección:

  • Pruebas de laboratorio iniciales: evalúan su salud general y buscan afecciones asociadas o complicaciones.
  • Pruebas de resistencia: detectan mutaciones del virus que pueden afectar las opciones de tratamiento.
  • Pruebas genotípicas: analizan la información genética del virus para guiar las decisiones de tratamiento.
  • Estudios de imagen: se pueden recomendar radiografías (rayos X) o tomografía computarizada (TC) para evaluar complicaciones o infecciones oportunistas (infecciones que aparecen cuando las defensas están bajas) asociadas con la infección por VIH avanzada.

Es importante que estas evaluaciones, pruebas y procedimientos los realicen profesionales de la salud especializados en la atención del VIH. Ellos pueden dar diagnósticos precisos y definir el plan de tratamiento adecuado según la situación de cada persona.

Opciones de tratamiento

Las metas del tratamiento de la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) son lograr y mantener la supresión del virus, mejorar la función del sistema inmunitario, evitar que el VIH progrese al síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) y reducir el riesgo de transmitir el virus a otras personas.

Para lograr estas metas, el personal de salud puede recomendar una combinación de medicamentos, procedimientos, cambios en el estilo de vida y otros tratamientos. Las opciones recomendadas incluyen:

  • Terapia antirretroviral (TAR): Se recomienda para las personas con VIH y debe iniciarse lo antes posible después del diagnóstico. Consiste en tomar a diario una combinación de medicamentos antirretrovirales. Estos medicamentos suprimen la multiplicación del VIH en el cuerpo. Al reducir la cantidad de virus en la sangre (carga viral), la TAR ayuda a mantener la supresión del virus y a prevenir complicaciones relacionadas con el VIH. Hay varias clases de medicamentos que actúan de distintas maneras para impedir su replicación. Incluyen:
  • Inhibidores análogos de nucleósidos de la transcriptasa inversa (INTI)
  • Inhibidores no análogos de nucleósidos de la transcriptasa inversa (INNTI)
  • Inhibidores de la proteasa (IP)
  • Inhibidores de la integrasa, también llamados inhibidores de la transferencia de la cadena de la integrasa (INSTI)
  • Inhibidores de la fusión
  • Antagonistas del CCR5
  • Inhibidores de la fijación
  • Inhibidores de la cápside
  • Profilaxis preexposición (PrEP): Es un medicamento para personas con alto riesgo de contraer VIH y que actualmente no tienen el virus. Consiste en tomar una pastilla diaria con dos medicamentos antirretrovirales para reducir el riesgo de adquirir el VIH por relaciones sexuales o por uso de drogas inyectables.
  • Profilaxis posexposición (PEP): Es un tratamiento de corto plazo después de una posible exposición al VIH (como relaciones sexuales sin protección o compartir agujas). Consiste en tomar una combinación de medicamentos antirretrovirales y debe iniciarse antes de que pasen 72 horas de la exposición para reducir el riesgo de infección.
  • Vacunas: Ayudan a prevenir infecciones que pueden ser más graves en personas con VIH. Se recomiendan vacunas contra la gripe, el neumococo, la COVID‑19 y las hepatitis A y B para personas con VIH.
  • Apoyo de salud mental: Vivir con VIH puede traer retos emocionales y psicológicos. El apoyo, como consejería o terapia, puede ayudarle a manejar el estrés, la ansiedad, la depresión u otros problemas de salud mental.
  • Cuidados de apoyo: Incluyen manejar síntomas y complicaciones del VIH o de su tratamiento. Esto puede incluir medicamentos para infecciones oportunistas (enfermedades que aparecen cuando el sistema inmunitario está demasiado débil para combatirlas), manejo del dolor, apoyo nutricional o fisioterapia.
  • Cambios en el estilo de vida: Adoptar hábitos saludables puede mejorar su salud y bienestar si tiene VIH. Esto puede incluir hacer ejercicio con regularidad, llevar una alimentación equilibrada, dormir lo suficiente, técnicas para reducir el estrés, dejar de fumar y limitar el consumo de alcohol o de drogas.

Es importante saber que los planes de tratamiento pueden variar según sus necesidades y circunstancias. El personal de salud trabajará con usted para crear un plan personalizado que responda a sus metas y preocupaciones de salud.

La dosis de los medicamentos puede verse afectada por muchos factores. Consulte con su profesional de la salud sobre la dosis adecuada para su situación. Pueden ocurrir efectos secundarios. Consulte con su profesional de la salud o lea la información que viene con su medicamento para conocer los posibles efectos secundarios.

Evolución o complicaciones

La evolución natural de la infección por virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) puede variar de una persona a otra. Sin tratamiento, el VIH suele avanzar por varias etapas con el tiempo.

  • Etapa temprana, llamada infección aguda o primaria: puede haber síntomas parecidos a la gripe, como fiebre, cansancio, dolor de garganta y ganglios inflamados. En esta etapa, el virus se multiplica con rapidez en el cuerpo y se puede transmitir con facilidad a otras personas.
  • Después de la etapa aguda, el VIH pasa a una fase llamada latencia clínica o fase sin síntomas (fase asintomática). Esta fase puede durar muchos años. El virus sigue activo y se multiplica en menor cantidad. Las personas con VIH pueden no tener síntomas, pero aún pueden transmitir el virus.

Sin tratamiento, el VIH puede avanzar a una etapa más grave llamada síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA). El SIDA se caracteriza por daño severo del sistema inmunitario. Esto deja a las personas vulnerables a infecciones oportunistas y a ciertos tipos de cáncer. Complicaciones comunes que pueden ocurrir con la infección por VIH incluyen:

  • Infecciones oportunistas: son infecciones causadas por gérmenes que normalmente no enferman a personas con defensas sanas. Ejemplos: neumonía causada por Pneumocystis jirovecii y tuberculosis.
  • Cánceres que definen el SIDA: ciertos cánceres son más comunes en personas con VIH avanzado. Incluyen sarcoma de Kaposi, linfoma no Hodgkin y cáncer de cuello uterino.
  • Complicaciones neurológicas: el VIH puede afectar el sistema nervioso central y causar problemas como trastornos neurocognitivos asociados al VIH (problemas de memoria y pensamiento), neuropatía periférica y meningitis.
  • Alteraciones en la sangre: el VIH puede causar cambios en las células de la sangre, como anemia (pocos glóbulos rojos), leucopenia (pocos glóbulos blancos), linfopenia (pocos linfocitos) y trombocitopenia (pocas plaquetas).
  • Manifestaciones reumatológicas: algunas personas con VIH pueden tener problemas como dolor en las articulaciones o artritis, miositis (inflamación de los músculos), osteonecrosis (muerte del tejido óseo), osteoporosis (huesos débiles), artritis séptica (infección en una articulación) y enfermedades del tejido conectivo.

Si le han diagnosticado VIH o tiene inquietudes sobre su salud, es esencial consultar a un profesional de la salud que se especialice en la atención del VIH para recibir orientación sobre opciones de tratamiento y estrategias de manejo.