Información sobre la infección ocular por herpes simple
La infección del ojo por herpes simple, también llamada herpes ocular o queratitis herpética (inflamación de la córnea, la parte transparente del ojo), es una infección causada por el virus del herpes simple (VHS). Este virus puede afectar el ojo durante la infección inicial o reactivarse años después.
- VHS-1, que se transmite por contacto directo como la saliva, suele causar herpes labial (llagas o ampollas en la boca), pero también puede provocar infecciones en el ojo y problemas de visión.
- VHS-2, que se transmite por contacto sexual o de la madre al bebé durante el parto, causa principalmente herpes genital, pero a veces puede resultar en infección ocular neonatal.
Los síntomas del herpes ocular incluyen enrojecimiento, hinchazón, dolor o molestia en y alrededor del ojo, visión borrosa, sensibilidad a la luz y lagrimeo o secreción del ojo. Las opciones de tratamiento incluyen gotas antivirales o pastillas antivirales y gotas para los ojos con corticoides (esteroides). Es importante buscar atención médica para reducir el riesgo de complicaciones y daño permanente en el ojo.
Las causas principales de la infección ocular por herpes simple, también llamada herpes ocular, se deben al virus del herpes simple (VHS). El VHS-1 es el causante más común, aunque el VHS-2 también puede ser responsable. La infección ocurre cuando el virus entra al ojo por contacto directo con la mucosa (la capa húmeda que lo cubre). Después de la infección inicial, el VHS puede multiplicarse en el ganglio del trigémino (un grupo de nervios cerca de la cara) o quedarse latente (inactivo). El virus puede reactivarse por factores como el estrés, la fiebre, la radiación ultravioleta (rayos UV), un sistema inmunitario débil (defensas bajas), entre otros.
Factores de riesgo no modificables (no se pueden cambiar ni controlar):
- Infección por VHS-1 o VHS-2: Las personas que ya tienen el virus del herpes simple corren un mayor riesgo.
- Edad: El riesgo de herpes ocular aumenta con la edad.
Factores de riesgo modificables (sí se pueden influir o cambiar):
- Higiene deficiente: No lavarse bien las manos y tocarse los ojos con las manos sucias aumenta el riesgo.
- Uso de lentes de contacto: El cuidado e higiene inadecuados al usarlos aumenta el riesgo de infección.
- Sistema inmunitario debilitado: Enfermedades o medicamentos que debilitan las defensas aumentan la susceptibilidad al herpes ocular.
Estos factores de riesgo no garantizan que usted desarrollará herpes ocular, pero pueden aumentar la probabilidad. Lavarse las manos con frecuencia y cuidar bien los lentes de contacto puede ayudar a reducir los factores de riesgo que sí se pueden cambiar.
Los síntomas más comunes al inicio de la infección ocular por herpes simple incluyen:
- Enrojecimiento del ojo
- Secreción acuosa (líquido claro)
- Irritación y molestia
- Sensibilidad a la luz
- Sensación de tener algo en el ojo
A medida que la infección avanza o se hace más grave, pueden aparecer otros síntomas comunes, como:
- Visión borrosa
- Lagrimeo excesivo
- Llagas en los párpados
- Pérdida de sensibilidad en la córnea (la parte transparente delantera del ojo)
- Inflamación de la córnea (queratitis)
- Úlceras en la conjuntiva (la capa que cubre la parte blanca del ojo) y en la córnea
- Glaucoma secundario (aumento de la presión dentro del ojo)
- Cicatrices y adelgazamiento de la córnea
Es importante saber que las infecciones recurrentes suelen ocurrir porque el virus queda dormido y luego se reactiva, y pueden aumentar el riesgo de complicaciones, incluida la pérdida de la visión. Un diagnóstico y tratamiento tempranos son fundamentales para reducir el daño a la córnea.
Para diagnosticar la infección ocular por herpes simple, suelen realizarse estos exámenes y pruebas:
- Antecedentes médicos: el médico le preguntará sobre sus síntomas y diagnósticos previos.
- Examen físico: el profesional de la salud buscará señales de infección, como dolor, hinchazón o lesiones en el ojo.
- Raspado de lesiones de la córnea (la parte transparente al frente del ojo) o de la piel: estas muestras se examinan al microscopio con colorantes especiales, como la tinción de Giemsa o el frotis de Tzanck.
- Reacción en cadena de la polimerasa (PCR): detecta el material genético del virus del herpes simple y es muy sensible para diagnosticar la infección.
- Cultivo del virus: se toma una muestra del ojo y se hace crecer en un laboratorio para ver si hay virus.
- Niveles (títulos) de anticuerpos contra el virus del herpes simple (VHS): un análisis de sangre que mide los anticuerpos. Puede ayudar a saber si es la primera vez o si es un brote que regresa.
Para determinar la gravedad de la infección ocular por herpes simple, también pueden incluirse:
- Estudios de imagen: radiografía o resonancia magnética (RM) para evaluar qué tanto están afectados y dañados los tejidos del ojo.
- Prueba de anticuerpos por inmunofluorescencia (IFA) en lágrimas: detecta anticuerpos específicos en las lágrimas y aporta información adicional sobre la infección.
Es importante saber que estos exámenes y pruebas deben ser realizados por profesionales de la salud.
Las metas del tratamiento del herpes simple en el ojo son: disminuir las cicatrices en la córnea, retrasar el avance del daño del estroma (la capa de la córnea) y mejorar su calidad de vida. Estos son los tratamientos recomendados y cómo ayudan a lograr estas metas:
- Antivirales en gotas (tópicos): son el tratamiento de primera elección para la infección por herpes simple en la capa externa del ojo (epitelio corneal). Actúan al frenar la multiplicación del virus y evitar que produzca proteínas que necesita para funcionar. Ejemplos: idoxuridine, iododesoxycytidine, vidarabine y trifluridine.
- Medicamentos inmunosupresores: pueden usarse en casos graves para reducir la inflamación y evitar más daño. Deben usarse con cuidado por sus posibles efectos secundarios.
- Desbridamiento (limpieza para retirar tejido infectado de la superficie del ojo): ayuda a bajar la cantidad de virus y a que el ojo sane.
- Trasplante de córnea: en algunos casos puede ser necesario si hay cicatrices o daño importantes en la córnea.
Además, el cuidado personal y cambios en los hábitos, como evitar factores que reactivan el virus (por ejemplo, fiebre, estrés) y tomar los antivirales según se le indiquen, pueden ayudar a prevenir que la infección vuelva. Siempre es mejor consultar con un profesional de la salud para una evaluación y un manejo adecuados según su situación.
La dosis de los medicamentos puede variar por muchos factores. Por eso, es importante que confirme con su profesional de la salud la dosis adecuada para su caso. Pueden presentarse efectos secundarios; es recomendable consultar con su profesional de la salud para obtener información adicional sobre los efectos secundarios.