Acerca de la escarlatina
La escarlatina (también llamada fiebre escarlata) es una infección bacteriana causada por el estreptococo del grupo A (una bacteria). A menudo aparece después de una infección de garganta por estreptococo o de una infección de la piel por estreptococo.
Produce un sarpullido rojo o con cambio de color. Por lo general se siente áspero, como papel de lija. Empieza en el cuello, las axilas y la ingle, y luego se extiende a otras partes del cuerpo.
Otros síntomas pueden incluir dolor de garganta, fiebre, escalofríos, dolor de estómago, náuseas, dolor de cabeza, dolores en el cuerpo, vómitos y cambios en la lengua (se ve roja y con puntitos, como una fresa).
La escarlatina es más común en niños que en adultos y se transmite por contacto cercano con una persona infectada. El tratamiento suele ser con antibióticos, como amoxicilina o penicilina. Es importante consultar con un profesional de la salud para un diagnóstico preciso y el tratamiento adecuado.
Las causas de la fiebre escarlata son:
- La provoca la bacteria Streptococcus pyogenes, también llamada estreptococo betahemolítico del grupo A. Es la misma bacteria que causa la faringitis estreptocócica (infección de garganta por estreptococo).
- Cuando la bacteria libera toxinas (sustancias que dañan el cuerpo), aparecen los síntomas de la fiebre escarlata.
Los factores de riesgo no modificables de la fiebre escarlata no se pueden cambiar ni controlar. Incluyen:
- Los niños en edad escolar tienen más riesgo.
- Las personas adultas que están a menudo en contacto con niños también tienen más riesgo.
Los factores de riesgo modificables de la fiebre escarlata se pueden influir o cambiar. Incluyen:
- Los lugares con mucha gente, como escuelas, instalaciones de entrenamiento militar y guarderías o centros de cuidado infantil, aumentan el riesgo de que la enfermedad se propague.
- Compartir toallas, bañeras, ropa o sábanas con una persona infectada también aumenta el riesgo.
- El contacto cercano con otra persona que tiene fiebre escarlata es el factor de riesgo más común para enfermarse.
Es importante saber que algunas personas pueden portar y contagiar la infección sin tener síntomas. Si sospecha que tuvo exposición o tiene inquietudes sobre la fiebre escarlata, consulte a su profesional de la salud para recibir orientación y el manejo adecuado.
Los síntomas tempranos más comunes de la escarlatina incluyen:
- Garganta roja y dolorida, con o sin manchas o placas blancas o amarillentas
- Fiebre de 38.3 °C o más, a menudo con escalofríos
A medida que la enfermedad avanza o se vuelve más intensa, pueden aparecer otros síntomas comunes, como:
- Sarpullido: un sarpullido rojo que al tacto se siente áspero, como papel de lija. Por lo general empieza en el pecho y luego se extiende a otras partes del cuerpo. Puede presentarse un área pálida alrededor de la boca y, al desaparecer, la piel puede pelarse.
- Dolor de cabeza
- Dolores musculares
- Náuseas y vómitos
- Dolor abdominal
- Ganglios del cuello hinchados
- Lengua roja, áspera y con puntitos (llamada “lengua en fresa”)
- Hinchazón del cuello
Es importante saber que la escarlatina suele ser leve, pero en algunos casos puede causar complicaciones graves. Si usted o su hijo presenta alguno de estos síntomas, consulte a un profesional de la salud para un diagnóstico preciso y el tratamiento adecuado.
Para diagnosticar la escarlatina, se suelen hacer los siguientes exámenes, pruebas y procedimientos:
- Examen físico: un profesional de salud revisa los signos y síntomas de la escarlatina, como el sarpullido típico y el dolor de garganta.
- Prueba rápida de detección de antígenos: detecta con rapidez la bacteria estreptococo del grupo A en la garganta.
- Cultivo de garganta: se toma una muestra con un hisopo de las secreciones de la garganta para buscar la bacteria estreptococo del grupo A, que causa la escarlatina.
- Análisis de sangre: en algunos casos, se pide para saber si la bacteria pasó a la sangre.
Para confirmar el diagnóstico de escarlatina y buscar complicaciones, además se pueden incluir:
- Seguimiento con cultivo de garganta: si la prueba rápida de antígenos inicial sale negativa pero aún se sospecha escarlatina, se puede tomar un cultivo de garganta como prueba de respaldo.
- Vigilancia de signos vitales: controlar con regularidad la temperatura, los latidos del corazón y la presión arterial puede indicar qué tan grave es la infección.
Recuerde consultar con su profesional de salud para recibir orientación personalizada.
Los objetivos del tratamiento de la escarlatina son:
- Acortar la duración de los síntomas
- Reducir la probabilidad de contagiar a otras personas
- Prevenir complicaciones, como la fiebre reumática aguda
Para lograr estas metas, se recomiendan los siguientes tratamientos:
- Medicamentos:
- Antibióticos: la penicilina o la amoxicilina son los tratamientos más recomendados para la escarlatina. Ayudan a eliminar las bacterias que causan la infección y a reducir los síntomas. Otros antibióticos como las cefalosporinas, la clindamicina, la azitromicina y la claritromicina pueden usarse en pacientes con alergia a la penicilina.
- Medicamentos de venta libre: el paracetamol (acetaminofén) y el ibuprofeno pueden ayudar a aliviar la fiebre y el dolor de garganta. Sin embargo, es importante consultar con su profesional de la salud antes de tomar cualquier medicamento de venta libre.
- Cuidados personales y cambios en sus hábitos de salud:
- Complete todo el tratamiento con antibióticos tal como se lo recetó su médico.
- Lávese las manos con frecuencia, sobre todo si tose o estornuda.
- Quédese en casa y no vaya al trabajo, la escuela o la guardería hasta que ya no tenga fiebre y haya tomado antibióticos durante al menos 12 a 24 horas.
Es importante saber que, aunque los antibióticos son eficaces para tratar la escarlatina, solo debe tomarlos según la receta de un profesional de la salud.
La dosis de los medicamentos puede variar por muchas razones. Consulte con su profesional de la salud cuál es la dosis adecuada para su situación. Pueden presentarse efectos secundarios. Consulte con su profesional de la salud o lea la información que viene con su medicamento para conocer los posibles efectos secundarios.