Acerca del herpes zóster ótico (síndrome de Ramsay Hunt)

Descripción general

El herpes zóster ótico, también llamado síndrome de Ramsay Hunt o síndrome de Ramsay Hunt tipo II, es una complicación de la culebrilla. La culebrilla es una infección causada por el virus de la varicela-zóster. Es el mismo virus que causa la varicela.

El herpes zóster ótico ocurre cuando este virus se reactiva y se propaga a los nervios de la cara. Suele causar dolor intenso de oído y un sarpullido alrededor del oído, la boca, la cara, el cuello y el cuero cabelludo.

Otros síntomas pueden incluir debilidad o parálisis en un lado de la cara, pérdida de audición, vértigo (sensación anormal de movimiento), tinnitus (zumbidos u otros ruidos en el oído), pérdida del gusto, boca seca y ojos secos.

Algunos casos no necesitan tratamiento. Cuando se necesita tratamiento, el médico puede recetar medicamentos antivirales (contra los virus) o corticoesteroides (medicamentos que bajan la inflamación). El vértigo se puede tratar con el medicamento diazepam.

Causas y factores de riesgo

Las causas del herpes zóster ótico (HZO) están ligadas a la reactivación del virus varicela‑zóster, el mismo virus que causa la varicela y el herpes zóster (culebrilla). El HZO ocurre cuando el virus varicela‑zóster (VVZ), que estaba dormido en un grupo de nervios llamado ganglio geniculado, vuelve a activarse. Esta reactivación puede causar síntomas como otalgia (dolor de oído) y ampollas con líquido (vesículas) en la parte externa de la oreja o en el conducto del oído.

Los factores de riesgo no modificables del HZO no se pueden cambiar ni controlar. Estos incluyen:

  • Edad: a mayor edad, mayor riesgo de HZO.
  • Estado de inmunodepresión: las personas con defensas bajas, en especial con problemas en la inmunidad de células T (un tipo de defensa del cuerpo), como quienes tienen leucemia, linfoma o infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), tienen más riesgo de HZO.

Los factores de riesgo modificables, los que se pueden influir o cambiar, no están claramente identificados para el HZO. Sin embargo, en general se recomienda mantener un estilo de vida saludable para apoyar el sistema inmunitario. Esto incluye:

  • Buena alimentación: comer de forma saludable ayuda a las defensas.
  • Ejercicio regular: la actividad física ayuda a la salud general y al sistema inmunitario.

Es importante saber que estas medidas son recomendaciones generales para mantener una buena salud y pueden contribuir de forma indirecta a reducir el riesgo de HZO. Consulte siempre con su profesional de salud para recibir consejos personalizados.

Síntomas

Los primeros síntomas más comunes del herpes zóster ótico (HZO) incluyen:

  • Dolor en un solo lado a lo largo de un nervio (radicular): dolor que sigue el trayecto del nervio, por lo general de un solo lado de la cara o del oído.
  • Sarpullido con ampollas (vesicular): sarpullido con ampollas pequeñas llenas de líquido (vesículas) sobre una zona de piel enrojecida, por lo general limitado a una o dos zonas del cuerpo conectadas a nervios cercanos (llamadas dermatomas).

A medida que la enfermedad avanza o empeora, pueden aparecer estos síntomas:

  • Picazón (prurito) y sensaciones anormales (disestesia) en la piel afectada.
  • Dolor sin sarpullido: en raras ocasiones, puede haber dolor sin que aparezca un sarpullido (zoster sine herpete).
  • Parálisis facial: debilidad o parálisis de los músculos de la cara del lado afectado.
  • Pérdida de audición o zumbido en los oídos (tinnitus).
  • Vértigo: sensación de que todo gira o mareo.
  • Ojo seco o menos lágrimas: disminuye la producción de lágrimas, lo que causa resequedad e irritación en el ojo.

Es importante saber que estos síntomas pueden variar de una persona a otra. Si sospecha que tiene HZO, consulte a un profesional de la salud para un diagnóstico preciso y el tratamiento adecuado.

Diagnóstico

Para diagnosticar el herpes zóster ótico (HZO), se suelen hacer estos exámenes, pruebas y procedimientos:

  • Examen físico: Su profesional de salud buscará señales físicas del problema, como dolor, hinchazón o un sarpullido con ampollas pequeñas llenas de líquido (vesículas) en la zona afectada.
  • Análisis de laboratorio: Se pueden pedir pruebas para confirmar la presencia del virus varicela-zóster. Por ejemplo, analizar una muestra del líquido de las ampollas o hacer un análisis de sangre. El tipo de prueba dependerá de sus síntomas y de otras posibles causas que se estén considerando.
  • Estudios de imagen: Su médico puede recomendar estudios de imagen, como una tomografía computarizada (TC) o una resonancia magnética (RM), para detectar daño en nervios o tejidos cercanos y buscar complicaciones, como inflamación o que la infección se haya extendido a estructuras más profundas.

Para evaluar complicaciones o la extensión del problema en el HZO, también se pueden hacer:

  • Prueba de audición: Para revisar si hay pérdida de audición o daño por la infección.
  • Estudios de conducción nerviosa: Pruebas que miden cómo funcionan los nervios en la zona afectada.
  • Examen de los ojos: Si la infección afectó el ojo, se hace para evaluar daño o complicaciones.

Es importante saber que su profesional de salud le recomendará estas pruebas según su situación. Siempre consulte con su médico para recibir consejos y orientación personalizados.

Opciones de tratamiento

Las metas del tratamiento para el herpes zóster ótico (HZO), una infección del virus varicela-zóster (VVZ) que afecta el oído, son frenar la multiplicación del virus, aliviar y proteger la piel afectada, y bajar el riesgo de complicaciones. Se recomiendan los siguientes tratamientos:

  • Terapia antiviral: Medicamentos como aciclovir, valaciclovir o famciclovir se usan para controlar la multiplicación del VVZ. Ayudan a reducir la intensidad y la duración del dolor, evitan que el virus se propague, aceleran la cicatrización de las lesiones de la piel y mejoran su calidad de vida.
  • Terapia con corticosteroides: Corticosteroides como la prednisona pueden indicarse para reducir la inflamación y la hinchazón. Esto puede aliviar el dolor y proteger los nervios afectados.
  • Manejo del dolor: Pueden recomendarse analgésicos para controlar el dolor causado por el HZO. Se pueden considerar opciones de venta libre como el acetaminofén (paracetamol) o los antiinflamatorios no esteroides (AINEs). Pregunte a su médico cuál es la dosis adecuada para usted.
  • Cuidados de apoyo: Mantener el área afectada limpia y seca, usar compresas frías y mantener una buena higiene puede ayudar a calmar y proteger la piel.

Es importante consultar con un profesional de la salud para decidir el tratamiento más adecuado para su situación. Podrá darle recomendaciones personalizadas según sus necesidades y su historia clínica.

La dosis de los medicamentos puede verse afectada por muchos factores. Consulte con su profesional de la salud sobre la dosis en su caso. Pueden ocurrir otros efectos secundarios. Consulte con su profesional de la salud o lea la información que viene con su medicamento para conocer más sobre los efectos secundarios.