Acerca de la enfermedad de Hashimoto (tiroiditis linfocítica crónica)

Descripción general

La tiroiditis de Hashimoto, también llamada enfermedad de Hashimoto, es una afección autoinmunitaria. En ella, el sistema inmunitario (las defensas del cuerpo) ataca por error la glándula tiroides.

La glándula tiroides está en el cuello. Produce hormonas que regulan funciones del cuerpo, como el metabolismo y la temperatura.

En la tiroiditis de Hashimoto, ese ataque causa inflamación y daño en la tiroides. Esto puede hacer que la tiroides trabaje poco. A esto se le llama hipotiroidismo (tiroides hipoactiva).

Los síntomas pueden incluir cansancio, aumento de peso, estreñimiento, piel seca, depresión y debilidad muscular.

El diagnóstico suele hacerse con análisis de sangre. Estos miden las hormonas de la tiroides y buscan anticuerpos específicos (proteínas que hace el cuerpo para defenderse).

El tratamiento puede incluir medicamentos para reemplazar las hormonas de la tiroides que faltan.

Es importante consultar con un profesional de la salud para un diagnóstico y manejo adecuados.

Causas y factores de riesgo

La causa exacta de la tiroiditis de Hashimoto no se conoce, pero hay varios factores que pueden contribuir a que se desarrolle. A continuación se presentan las causas y los factores de riesgo de la tiroiditis de Hashimoto.

Causas:

  • Respuesta autoinmunitaria: El sistema inmunitario (las defensas del cuerpo) produce anticuerpos que atacan por error la glándula tiroides. Esto causa inflamación y daño del tejido de la tiroides.

Factores de riesgo no modificables (no se pueden cambiar ni controlar):

  • Factores genéticos: Tener familiares con enfermedades de la tiroides aumenta el riesgo de presentar tiroiditis de Hashimoto.
  • Edad y sexo: Las mujeres entre 40 y 60 años tienen más probabilidad de desarrollar esta afección.
  • Otras enfermedades autoinmunitarias: Tener enfermedades como artritis reumatoide o diabetes tipo 1 puede aumentar el riesgo de tiroiditis de Hashimoto.

Factores de riesgo modificables (se pueden influir o cambiar):

  • Factores ambientales: La exposición a ciertos desencadenantes ambientales, como infecciones por virus o consumo excesivo de yodo, puede ayudar a activar la respuesta autoinmunitaria.

Es importante saber que, aunque estos factores pueden aumentar la probabilidad de desarrollar tiroiditis de Hashimoto, no la garantizan. Si le preocupa su riesgo o tiene síntomas, consulte a un profesional de la salud para recibir un diagnóstico preciso y el manejo adecuado.

Síntomas

Síntomas tempranos de la tiroiditis de Hashimoto (inflamación de la glándula tiroides causada por el sistema inmunitario):

  • Muchas personas no tienen síntomas al principio.
  • A medida que avanza, los síntomas tempranos más comunes incluyen cansancio y sentir mucho frío o no tolerar bien el frío.

Síntomas que pueden aparecer en etapas posteriores, con la progresión o mayor gravedad de la tiroiditis de Hashimoto:

  • Aumento de peso
  • Dolor en las articulaciones y en los músculos
  • Dificultad para evacuar (estreñimiento)
  • Piel seca o cabello seco y menos abundante (se cae)
  • Menstruaciones abundantes o irregulares, o problemas para quedar embarazada
  • Latido del corazón más lento
  • Tiroides agrandada (bocio), que puede causar sensación de presión en la garganta, pero por lo general no duele
  • Con el tiempo, el daño a la tiroides puede hacer que la glándula se encoja y que el bocio desaparezca.

Es importante saber que los síntomas varían de una persona a otra, y no todas tendrán todos estos síntomas. Si sospecha que tiene tiroiditis de Hashimoto o presenta alguno de estos síntomas, consulte con un profesional de la salud para un diagnóstico correcto y tratamiento adecuado.

Diagnóstico

Para diagnosticar la tiroiditis de Hashimoto, los médicos suelen hacer los siguientes exámenes, pruebas y procedimientos:

  • Antecedentes médicos: Su médico le preguntará sobre sus síntomas y su historia médica.
  • Examen físico: El médico le revisará el cuello para ver si hay señales de bocio (tiroides agrandada).
  • Análisis de sangre: Estas pruebas pueden detectar hipotiroidismo y sus causas. Pueden incluir niveles de hormonas tiroideas (T4 y T3), niveles de la hormona estimulante de la tiroides (TSH) y niveles de anticuerpos contra la peroxidasa tiroidea (TPO). Los anticuerpos TPO suelen estar presentes en la mayoría de las personas con tiroiditis de Hashimoto.

Para saber la gravedad o el avance de la tiroiditis de Hashimoto, pueden recomendarle exámenes, pruebas y procedimientos adicionales:

  • Ultrasonido (ecografía): Este estudio de imagen puede mostrar el tamaño de su glándula tiroides y otras señales de la tiroiditis de Hashimoto. También puede descartar otras causas de una tiroides agrandada.
  • Procedimientos clínicos: Según sus síntomas y lo que se encuentre en el examen físico, su profesional de la salud puede recomendar otros procedimientos, como una toma de sangre o estudios de imagen como rayos X o una resonancia magnética (RM).

Recuerde: es importante consultar con su profesional de la salud para recibir orientación personalizada. Su profesional le guiará en los exámenes, pruebas y procedimientos adecuados para su situación.

Opciones de tratamiento

Los objetivos del tratamiento de la tiroiditis de Hashimoto son controlar los síntomas, restablecer los niveles de hormona tiroidea y prevenir complicaciones. Estos son los tratamientos recomendados y cómo ayudan a lograr estos objetivos:

  • Medicamentos: El medicamento principal es levotiroxina, una hormona tiroidea sintética. Sustituye la hormona tiroidea que falta en el cuerpo. Así ayuda a restablecer niveles normales y a aliviar los síntomas. Por lo general se toma por boca una vez al día.
  • Intervenciones nutricionales: Algunos estudios sugieren que ciertos cambios en la alimentación pueden ayudar a mejorar los síntomas en la tiroiditis de Hashimoto. Nutrientes con efecto antiinflamatorio, como las grasas omega‑3 y los antioxidantes (sustancias que protegen las células), pueden reducir la inflamación y favorecer el equilibrio hormonal. Quitar ingredientes específicos como el gluten o la lactosa también puede ser útil para algunas personas.
  • Cambios en el estilo de vida: Hacer cambios en su estilo de vida puede apoyar la salud general de la tiroides. Esto incluye adoptar una alimentación equilibrada que aporte nutrientes esenciales como yodo, selenio e hierro. La actividad física regular, técnicas para manejar el estrés y dormir lo suficiente también contribuyen al bienestar general.
  • Procedimientos terapéuticos: En algunos casos, pueden ser necesarios procedimientos si la tiroiditis de Hashimoto causa complicaciones. Por ejemplo, si aparece un bocio (agrandamiento de la tiroides) y provoca dificultad para respirar o para tragar, puede requerirse cirugía para quitar parte o toda la glándula tiroides.

Es importante saber que el plan de tratamiento puede variar según la edad, el peso, la gravedad del problema y otras condiciones de salud. Consultar con un profesional de la salud es clave para definir el enfoque de tratamiento más adecuado para cada persona.

La dosis de los medicamentos puede verse afectada por muchos factores. Consulte con su profesional de la salud sobre la dosis adecuada para su situación. Pueden ocurrir otros efectos secundarios. Consulte con su profesional de la salud o lea la información que viene con su medicamento para conocer más sobre los efectos secundarios.