Información sobre el síndrome hepatopulmonar

Descripción general

El síndrome hepatopulmonar (SHP) es un problema de salud que afecta a personas con enfermedad del hígado. Hace que los vasos sanguíneos de los pulmones se agranden. Esto dificulta que el oxígeno pase a los glóbulos rojos y causa niveles bajos de oxígeno en la sangre (hipoxemia).

El síntoma principal es la falta de aire. Empeora al ponerse de pie y mejora al acostarse. Otros signos pueden incluir manchas rojas en la piel con forma de arañitas, problemas en el cerebro (como abscesos, que son acumulaciones de pus, o sangrados) y una cantidad alta de glóbulos rojos.

El SHP es común en personas con enfermedad hepática crónica o cirrosis. También es frecuente en quienes esperan un trasplante de hígado.

Causas y factores de riesgo

Las causas principales del síndrome hepatopulmonar (SHP) incluyen el siguiente mecanismo:

  • Cuando se forman nuevos vasos sanguíneos (angiogénesis) y los vasos sanguíneos del pulmón se ensanchan, se altera el intercambio de oxígeno en los pulmones. Esto dificulta que la sangre obtenga el oxígeno que necesita y baja los niveles de oxígeno en el cuerpo.

Factores de riesgo no modificables para el SHP, es decir, factores que no se pueden cambiar para reducir el riesgo de presentar esta afección:

  • Cirrosis: Cicatrices en el hígado causadas por enfermedades crónicas del hígado o por afecciones como la hepatitis o el consumo excesivo de alcohol. Es la causa de base más común del SHP.
  • Atresia biliar: Las niñas y los niños con esta afección, en la que los conductos biliares están bloqueados o ausentes, tienen más probabilidad de presentar SHP que quienes tienen otros tipos de enfermedad crónica del hígado.

Factores de riesgo modificables para el SHP, es decir, factores del estilo de vida que por lo general se pueden cambiar para reducir el riesgo:

  • Consumo de alcohol: Beber demasiado alcohol puede dañar el hígado. Reducir o dejar el alcohol puede ayudar a bajar el riesgo de enfermedad del hígado que lleve al SHP.
  • Prevención de la hepatitis: Algunos tipos de hepatitis, como la hepatitis B y C, pueden dañar el hígado. Vacunarse (contra la hepatitis B) o recibir tratamiento (para la hepatitis C) puede ayudar a bajar el riesgo de problemas del hígado que podrían causar SHP.
  • Manejo de la enfermedad del hígado: Si usted tiene una afección del hígado, seguir las indicaciones de su médico sobre alimentación, medicamentos y cambios en el estilo de vida puede ayudar a frenar el daño al hígado y quizá reducir el riesgo de SHP.
  • Tabaquismo: Fumar daña su salud en general y puede empeorar los problemas del hígado. Dejar de fumar puede ayudar a mejorar la salud del hígado y a bajar el riesgo de presentar SHP.

Recuerde: hable sobre estos factores de riesgo con su profesional de la salud para recibir consejos personalizados.

Síntomas

Los síntomas más comunes del síndrome hepatopulmonar (SHP) incluyen:

  • Platipnea: falta de aire que empeora al estar de pie o sentado y mejora al acostarse. Afecta a la mayoría de las personas con SHP.
  • Angioma en araña: un dibujo rojo o morado en la piel con forma de araña, causado por vasos sanguíneos más anchos de lo normal.
  • Agrandamiento de los dedos de las manos o de los pies: las uñas se curvan sobre las puntas.
  • Cianosis: tono azulado en los labios y la piel.

En algunos casos, también se han descrito infecciones en el cerebro (abscesos cerebrales), sangrado en el cerebro y un número aumentado de glóbulos rojos en la sangre (policitemia). Estos síntomas suelen estar relacionados con enfermedad del hígado crónica, como la cirrosis. Es importante saber que los síntomas pueden variar entre personas. Para un diagnóstico preciso y el tratamiento adecuado, consulte con un profesional de la salud.

Diagnóstico

Para diagnosticar el síndrome hepatopulmonar (SHP), suelen realizarse los siguientes exámenes, pruebas y procedimientos:

  • Examen físico: Su proveedor de atención médica le hará un examen físico para buscar señales de enfermedad del hígado y otros problemas, como hinchazón o respiración anormal.
  • Análisis de laboratorio: Se pueden recomendar pruebas específicas para ayudar a diagnosticar el SHP. Entre los análisis de sangre comunes están la prueba de gases en sangre arterial (gasometría arterial), que mide los niveles de oxígeno y dióxido de carbono en su sangre, y pruebas para medir la bilirrubina y la albúmina (una proteína). Estas pruebas ayudan a evaluar la función del hígado y su salud general.
  • Estudios de imagen: Su proveedor puede sugerir estudios de imagen como un ultrasonido abdominal o una tomografía computarizada (TC) para revisar si hay problemas en el hígado y otros problemas relacionados. Estos estudios dan información importante sobre el estado del hígado.
  • Pruebas de función pulmonar: Estas pruebas miden qué tan bien funcionan sus pulmones. Ayudan a evaluar la función pulmonar y pueden indicar la gravedad del SHP al medir qué tan bien pasa el oxígeno de los pulmones a la sangre.
  • Prueba de caminata de 6 minutos: Esta prueba mide sus niveles de oxígeno en la sangre mientras usted hace ejercicio durante seis minutos. Ayuda a ver cómo cambian sus niveles de oxígeno con la actividad física, lo que puede indicar qué tan grave es el SHP.
  • Ecocardiograma: Un ecocardiograma usa ondas de sonido (ultrasonido) para crear imágenes del corazón. Puede ayudar a saber si hay cambios en los vasos sanguíneos de los pulmones, que es un rasgo clave del SHP.

Si tiene síntomas que sugieren síndrome hepatopulmonar o alguna inquietud de salud relacionada, es importante consultar a su médico. Solo un profesional de la salud puede hacer las pruebas necesarias para diagnosticar la afección y recomendar el plan de tratamiento más eficaz para sus necesidades.

Opciones de tratamiento

Los objetivos del tratamiento del síndrome hepatopulmonar (SHP) son mejorar el oxígeno en la sangre y aliviar los síntomas. Estos son los tipos de tratamiento y cómo ayudan a lograr estas metas:

  • Trasplante de hígado: Es la única terapia eficaz conocida para el SHP. Consiste en reemplazar el hígado enfermo por un hígado sano de un donante. El trasplante puede mejorar mucho el oxígeno en la sangre dentro del primer año después de la cirugía.
  • Terapia con oxígeno (oxigenoterapia): Si tiene hipoxemia grave (niveles bajos de oxígeno en la sangre), se puede recomendar. Consiste en darle oxígeno extra por una mascarilla o por una cánula nasal (un tubito que va en la nariz) para aumentar el oxígeno en la sangre.

Existen otros tratamientos que se han estudiado, pero no han demostrado ser eficaces de forma constante ni cuentan con la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA). Consulte con su profesional de la salud para recibir recomendaciones de tratamiento personalizadas.