Acerca de los parásitos intestinales
Los parásitos intestinales son organismos que viven en el tracto gastrointestinal (sistema digestivo) de los animales, incluidos los seres humanos.
Se dividen en dos grupos: protozoos y helmintos (gusanos). Los protozoos son parásitos de una sola célula. Los helmintos son gusanos de muchas células.
Pueden transmitirse de varias maneras: al comer o beber alimentos o agua contaminados, por contacto con heces infectadas (excremento), o al penetrar por la piel.
Los parásitos intestinales pueden causar diarrea, dolor abdominal, malestar general, debilidad y anemia (baja de glóbulos rojos). En niñas y niños, también pueden causar retraso del crecimiento y problemas en el desarrollo cognitivo (aprendizaje y pensamiento).
Aumentan estas infecciones cuando hay malas condiciones sanitarias, poca agua limpia y falta de baños, poco conocimiento sobre higiene, y condiciones socioeconómicas bajas (como ingresos, educación y acceso a recursos como la atención médica).
El diagnóstico suele hacerse al analizar muestras de heces en un laboratorio. El tratamiento por lo general usa medicamentos específicos para eliminar los parásitos del tracto gastrointestinal.
Los parásitos intestinales tienen varias causas. Entre ellas:
- Ingesta de alimentos o agua contaminados que contienen huevos o quistes (formas protectoras) de parásitos
- Saneamiento deficiente
- Higiene inadecuada
- Contacto cercano con personas infectadas
- Comer carne, frutas o verduras crudas o poco cocidas
Los factores de riesgo no modificables son los que no se pueden cambiar ni controlar. Incluyen:
- Edad: Los niños pequeños y los adultos mayores pueden ser más susceptibles a los parásitos intestinales porque sus defensas del cuerpo son más débiles.
- Lugar geográfico: Vivir en o viajar a zonas con mal saneamiento y poco acceso a agua potable aumenta el riesgo de infección.
- Situación socioeconómica: Las personas con menos recursos pueden tener menos acceso a agua potable, saneamiento adecuado y servicios de salud. Esto aumenta el riesgo de parásitos intestinales.
Los factores de riesgo modificables son los que se pueden cambiar o mejorar. Incluyen:
- Higiene: No lavarse bien las manos antes de comer o después de usar el baño aumenta el riesgo de infección.
- Manejo de alimentos: No lavar bien las frutas y verduras o comer carne poco cocida puede introducir parásitos en el cuerpo.
- Fuente de agua: Beber agua contaminada de fuentes sin tratamiento aumenta la probabilidad de adquirir parásitos intestinales.
- Conductas personales: Caminar descalzo en zonas contaminadas o realizar prácticas sexuales que aumentan el riesgo de transmisión de parásitos también puede contribuir a la infección.
Si sospecha una infección por parásitos intestinales, consulte con su profesional de la salud para un diagnóstico y tratamiento adecuados.
Los parásitos intestinales pueden causar varios síntomas. La gravedad puede variar según la etapa de la infección. Estos son los síntomas tempranos más comunes:
- Síntomas en el estómago y los intestinos: dolor abdominal, diarrea y náuseas.
- Pérdida de apetito: puede comer menos de lo normal.
- Pérdida de peso: bajar de peso sin explicación.
- Cansancio: sentirse cansado o débil sin una causa clara.
Si la infección avanza o se hace más grave, pueden aparecer más síntomas, como:
- Anemia (bajo nivel de glóbulos rojos): algunos parásitos, como los anquilostomas, pueden causar sangrado intestinal crónico y provocar anemia.
- Deficiencias nutricionales (falta de vitaminas y minerales): los parásitos pueden dificultar la absorción de nutrientes.
- Obstrucción intestinal (bloqueo en el intestino): en algunos casos, una gran cantidad de parásitos puede bloquear los intestinos.
- Retraso en el crecimiento y el desarrollo en los niños: las infecciones crónicas o repetidas pueden afectar el desarrollo físico y el crecimiento.
Los síntomas pueden variar según el tipo de parásito y factores individuales. Si sospecha una infección por parásitos intestinales, hable con un profesional de salud para un diagnóstico y tratamiento adecuados.
Los exámenes, pruebas y procedimientos que se usan con frecuencia para diagnosticar parásitos intestinales incluyen:
- Microscopía: Este procedimiento consiste en examinar muestras de heces con un microscopio para identificar distintas etapas del parásito, como protozoos (microorganismos) en su forma activa (trofozoítos), quistes y huevos y larvas de helmintos (gusanos). Para un diagnóstico preciso, pueden necesitarse varias muestras de heces porque los parásitos no se eliminan todos los días.
- Técnicas de concentración fecal: Algunos laboratorios usan técnicas de concentración para mejorar la detección. Estas técnicas concentran los parásitos en la muestra (separan el parásito de la materia fecal) para facilitar su identificación.
- Tinciones: Se usan técnicas de coloración, como la preparación con yodo, la tinción ácido‑alcohol resistente modificada y la tinción tricrómica, para mejorar la detección de ciertos parásitos, como ooquistes y quistes (formas microscópicas de algunos protozoos).
Exámenes, pruebas y procedimientos adicionales para determinar la etapa o la gravedad de los parásitos intestinales pueden incluir:
- Enfoques moleculares: Métodos de amplificación de genes, como la reacción en cadena de la polimerasa en tiempo real (PCR en tiempo real), pueden detectar ADN específico del parásito en muestras de heces. Estos métodos son más sensibles y ayudan a identificar especies que son difíciles de diferenciar al microscopio.
- Análisis de imágenes: Se han desarrollado sistemas automatizados de análisis de imágenes para hacer más eficiente la revisión con el microscopio. Estos sistemas pueden detectar parásitos e impurezas en las muestras fecales y encontrar más casos positivos que la microscopía tradicional.
Es importante hablar con su profesional de la salud para un diagnóstico y evaluación adecuados de los parásitos intestinales. Puede recomendar los exámenes, pruebas y procedimientos más apropiados según su situación.
Los objetivos del tratamiento para los parásitos intestinales son eliminar los parásitos del cuerpo, aliviar los síntomas, prevenir complicaciones y bajar el riesgo de contagio. A continuación se indican los tratamientos recomendados y cómo ayudan a lograr estos objetivos:
- Medicamentos: Los profesionales de salud pueden recetar medicamentos específicos según el tipo de parásito. Ejemplos: metronidazol, tinidazol, nitazoxanida, prazicuantel y albendazol. Estos medicamentos actúan matando los parásitos o impidiendo que se reproduzcan.
- Otros tratamientos: En casos graves o complicados, pueden ser necesarios tratamientos adicionales. Estos pueden incluir medicamentos anticonvulsivos (para convulsiones causadas por ciertos parásitos), antiinflamatorios (para reducir la inflamación y las molestias), cirugía para retirar parásitos o reparar el daño, y colocar una derivación (un tubito) para drenar líquido del cerebro cuando aumenta la presión.
- Cambios de hábitos para la salud: Mejorar la higiene y el saneamiento es clave para evitar la reinfección y bajar el riesgo de contagio. Esto incluye lavarse bien las manos, mantener espacios limpios y asegurar alimentos y agua seguros. Mejorar las condiciones socioeconómicas (como ingresos, educación y acceso a recursos como la atención médica), que facilitan el acceso a programas de desparasitación masiva (tratamientos para muchas personas a la vez), también puede disminuir la transmisión de parásitos.
Es importante saber que el plan de tratamiento debe determinarlo su profesional de salud según su situación. Tomará en cuenta la gravedad de la infección y cualquier otro problema de salud que usted tenga. La dosis de los medicamentos (cómo y cuándo tomarlos) puede variar por muchos factores. Pregunte a su profesional de salud cuál es la dosis adecuada para usted. Pueden ocurrir otros efectos secundarios. Consulte a su profesional de salud o lea la información que viene con su medicamento para conocer más sobre los efectos secundarios.