Acerca de la hepatitis D

Descripción general

La hepatitis D, también llamada infección por el virus de la hepatitis delta (VHD), es una infección viral que causa inflamación del hígado. Es un tipo especial de hepatitis que solo puede infectar a personas que ya tienen hepatitis B.

La hepatitis D puede ser aguda, es decir, aparece de repente y causa síntomas más fuertes. También puede ser crónica, que dura mucho tiempo y no desaparece. La hepatitis D crónica puede causar complicaciones con más frecuencia y más rápido que la hepatitis B crónica sola.

Los síntomas pueden incluir cansancio, falta de apetito y náuseas. Es importante saber que la hepatitis D es poco común en Estados Unidos, pero es más común en algunas regiones, como Sudamérica, África occidental, Rusia, las islas del Pacífico, Asia central y el Mediterráneo.

La vacuna contra la hepatitis B también puede proteger contra la hepatitis D.

Causas y factores de riesgo

La hepatitis D es causada por el virus de la hepatitis D (VHD). Es un virus que no puede multiplicarse por sí solo; necesita la presencia del virus de la hepatitis B (VHB) para replicarse y causar infección. El VHD solo puede infectar a personas que ya tienen infección por VHB.

  • El VHD se transmite principalmente por contacto con sangre u otros líquidos corporales infectados. Esto puede ocurrir al compartir agujas para drogas, tener relaciones sexuales sin protección o por pinchazos accidentales con agujas.
  • Es importante saber que el VHD rara vez se transmite de madre a bebé durante el parto y no se transmite por contacto casual como toser, estornudar, abrazar, dar la mano o compartir cubiertos.

Factores de riesgo de hepatitis D:

  • Transfusiones: Personas que recibieron varias transfusiones antes de que existieran pruebas para detectar estas infecciones.
  • Conductas de alto riesgo: Compartir agujas u otros materiales para consumir drogas y tener relaciones sexuales sin protección con una persona infectada aumenta el riesgo de transmisión del VHD.
  • Pinchazos accidentales con agujas: Pincharse accidentalmente con una aguja que se usó antes en una persona infectada también puede transmitir el VHD.

La prevención es clave para reducir el riesgo de hepatitis D. Vacunarse contra el VHB ayuda a prevenir la infección por VHB y por VHD. Si tiene dudas o preguntas sobre su riesgo de hepatitis D, lo mejor es consultar con su profesional de la salud.

Síntomas

Síntomas comunes de la hepatitis D:

  • Cansancio.
  • Náuseas y vómitos.
  • Poco apetito.
  • Dolor sobre el hígado, en la parte alta del abdomen.

A medida que la hepatitis D avanza o se hace más grave, pueden aparecer otros síntomas, como:

  • Pérdida de peso.
  • Hinchazón del abdomen.
  • Hinchazón de los tobillos, llamada edema (acumulación de líquido).
  • Picazón en la piel.
  • Orina de color más oscuro.
  • Heces de color más claro.
  • Color amarillento en la parte blanca de los ojos y en la piel, llamado ictericia.

Es importante saber que algunas personas con hepatitis D crónica tienen pocos síntomas hasta que aparecen complicaciones, lo que puede suceder varios años después de la infección. Además, los síntomas de la hepatitis D son similares a los de la hepatitis B, lo que dificulta saber cuál enfermedad los causa. Si usted tiene síntomas o le preocupa la hepatitis D, consulte con un profesional de la salud para un diagnóstico preciso y el manejo adecuado.

Diagnóstico

Para diagnosticar la hepatitis D, los médicos suelen hacer los siguientes exámenes, pruebas y procedimientos:

  • Antecedentes médicos: Su médico le preguntará sobre sus síntomas y sobre factores que pueden aumentar su riesgo de hepatitis D.
  • Examen físico: Su médico buscará señales de daño en el hígado, como cambios en el color de la piel, hinchazón en las piernas o en el abdomen (vientre), y dolor al tocar el abdomen.
  • Análisis de sangre: Estas pruebas ayudan a diagnosticar la hepatitis D y pueden incluir revisar si hay otros tipos de hepatitis y marcadores del virus. Las pruebas de función hepática miden los niveles de enzimas y proteínas que produce el hígado para evaluar cómo está funcionando.

Otras pruebas y procedimientos que podrían recomendarle incluyen:

  • Pruebas de imagen: Su médico puede pedir ecografía, elastografía (prueba que mide la rigidez del hígado) o resonancia magnética (RM) para evaluar el estado del hígado y detectar daño o cicatrices.
  • Biopsia de hígado: En algunos casos, se extrae una pequeña muestra de tejido del hígado con una aguja para examinarla al microscopio. Esto ayuda a evaluar qué tan avanzado está el daño o la enfermedad del hígado.

Recuerde: estas son pautas generales. Las pruebas específicas pueden variar según su situación. Consulte con su profesional de la salud para recibir consejos personalizados.

Opciones de tratamiento

Las metas del tratamiento para la hepatitis D son controlar la enfermedad, bajar el riesgo de que empeore y limitar el daño al hígado. Estas son las opciones de tratamiento y cómo ayudan a lograr estas metas:

Medicamentos:

  • Interferón alfa pegilado: Este medicamento ayuda a reducir el riesgo de que la hepatitis D empeore. Por lo general se usa por al menos 48 semanas. El interferón es una proteína que puede impedir que el virus se propague y lograr una remisión (mejoría duradera) de la enfermedad.
  • Medicamentos antivirales: Se usan junto con el tratamiento para la hepatitis B. Ayudan a combatir el virus y a manejar ambas enfermedades.

Procedimientos terapéuticos:

  • Trasplante de hígado: En casos graves de daño o falla del hígado, puede ser necesario un trasplante. Consiste en extraer el hígado dañado y reemplazarlo por un hígado sano de un donante.

Autocuidado y cambios de hábitos de salud:

  • Medidas de precaución: Aun después del tratamiento, es importante tomar medidas para evitar contagiar la hepatitis D. Esto incluye tener relaciones sexuales con protección, no compartir agujas y evitar el contacto con sangre infectada. No comparta objetos personales como cepillos de dientes, rasuradoras y cortaúñas.

Es importante saber que actualmente no existe una cura para la hepatitis D, pero estos tratamientos pueden ayudar a controlar la enfermedad y mejorar su evolución.

La dosis de los medicamentos puede variar por muchos factores, así que consulte siempre con su profesional de la salud sobre la dosis adecuada para su situación. Pueden presentarse efectos secundarios. Consulte a su profesional de la salud o lea la información que viene con su medicamento para conocer los efectos secundarios.