Acerca de la hepatitis C crónica

Descripción general

La hepatitis C crónica es una infección de larga duración causada por el virus de la hepatitis C (VHC). Produce inflamación y daño en el hígado. Es una enfermedad que empeora con el tiempo y puede causar complicaciones graves, como cirrosis (cicatrices en el hígado), daño hepático y cáncer de hígado.

A diferencia de la hepatitis C aguda, que se resuelve en 6 meses, la hepatitis C crónica dura años y puede causar mucho daño al hígado si no se trata. Muchas personas con hepatitis C crónica no tienen síntomas al principio. Por eso, es importante hacerse análisis de sangre de rutina para detectarla; a veces se diagnostica cuando ya aparecen problemas del hígado.

El tratamiento con medicamentos antivirales (medicinas contra el virus) puede curar la infección y prevenir más daño al hígado. Mientras recibe tratamiento, es fundamental que usted tome precauciones para no transmitir el virus.

Causas y factores de riesgo

La hepatitis C crónica es causada por el virus de la hepatitis C (VHC) y se caracteriza por daño del hígado con inflamación y cicatrización (fibrosis). Las causas en el cuerpo de la hepatitis C crónica incluyen:

Factores de riesgo que no se pueden cambiar:

  • Edad: Tener más de 50 años aumenta el riesgo de desarrollar hepatitis C crónica.
  • Sexo: Los hombres tienen más riesgo que las mujeres.
  • Factores genéticos: Ciertos cambios genéticos relacionados con las señales del interferón (una proteína que ayuda a defenderse de infecciones) pueden aumentar la inflamación del hígado en personas con hepatitis C crónica.

Factores de riesgo que sí se pueden cambiar para la infección por VHC, que pueden llevar a hepatitis C crónica:

  • Uso de drogas inyectables: Compartir agujas, jeringas u otros equipos para inyectarse drogas aumenta el riesgo de contraer VHC.
  • Exposición laboral: El personal de salud u otras personas con mayor riesgo de exposición al VHC pueden tener más riesgo.
  • Transfusiones de sangre y trasplantes de órganos: Recibir una transfusión de sangre o un trasplante de órgano antes de 1992, cuando las pruebas de detección del VHC se volvieron más estrictas, aumenta el riesgo.
  • Procedimientos médicos: Procedimientos como diálisis o recibir factores de coagulación antes de 1987, cuando no había pruebas de detección adecuadas, pueden representar un riesgo. Es importante saber que en países con procesos modernos de esterilización y de detección para el uso de productos de sangre, esto es muy poco probable.
  • Coinfección por VIH: Las personas que viven con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) tienen más probabilidad de contraer VHC.
  • Transmisión de madre a bebé: Los bebés nacidos de madres con VHC corren riesgo de adquirir la infección.

Si usted tiene factores de riesgo de infección por VHC, hable con su profesional de la salud sobre posibles estrategias de prevención. Puede ayudarle a evaluar su riesgo de hepatitis C crónica según su situación.

Síntomas

Los síntomas de la hepatitis C crónica pueden incluir:

  • Cansancio.
  • Dolores musculares.
  • Falta de apetito.
  • Debilidad.
  • Pérdida de peso.
  • Problemas para coagular la sangre (sangra con facilidad o se le hacen moretones).
  • Dolor o hinchazón del abdomen.
  • Acumulación de líquido en el abdomen.
  • Ictericia (color amarillo en la piel) en la cirrosis avanzada.
  • Confusión o “mente nublada” (problemas de memoria y concentración).
  • Cambios de ánimo.
  • Depresión y ansiedad.
  • Picazón en la piel.
  • Edema (acumulación de líquido) en todo el cuerpo.

Es importante saber que los síntomas pueden variar de una persona a otra, y algunas personas con hepatitis C crónica no presentan síntomas claros. Si usted sospecha que tiene hepatitis C crónica o presenta síntomas que le preocupan, consulte con un profesional de la salud para una evaluación y orientación adecuadas.

Diagnóstico

Para diagnosticar la hepatitis C crónica, los médicos suelen realizar los siguientes estudios, pruebas y procedimientos:

  • Historia médica: Su médico le preguntará sobre sus síntomas y si ha recibido transfusiones de sangre, ha usado drogas inyectadas u otras posibles exposiciones a la hepatitis C.
  • Examen físico: Durante el examen, su médico buscará señales de daño en el hígado, como cambios en el color de la piel, hinchazón en las piernas o en el abdomen, y dolor al tocar.
  • Análisis de sangre: Incluyen:
  • Prueba de anticuerpos contra la hepatitis C: Busca anticuerpos de hepatitis C en la sangre. Un resultado positivo indica que usted tuvo contacto con el virus, pero no confirma infección activa.
  • Prueba de ARN del virus de la hepatitis C (VHC): Si la prueba de anticuerpos es positiva, esta prueba busca la presencia del virus en la sangre.
  • Prueba de genotipo: Determina el tipo específico del virus de la hepatitis C presente.
  • Pruebas de función hepática: Miden enzimas y proteínas para evaluar cómo funciona el hígado.
  • Biopsia de hígado (si es necesario): En algunos casos, cuando otras pruebas no dan suficiente información, se toma una pequeña muestra de tejido del hígado para un análisis más detallado.

Para determinar la gravedad de la hepatitis C crónica, se pueden hacer estudios y pruebas adicionales, como:

  • Ecografía: Usa ondas de sonido para crear imágenes del hígado y evaluar su estructura.
  • Elastografía por ondas de corte: Prueba no invasiva (no requiere cirugía) que mide la rigidez del hígado para evaluar los niveles de fibrosis (cicatrización).
  • Puntuación de Child‑Turcotte‑Pugh (CTP): Sistema que se usa para clasificar la cirrosis con base en varios datos clínicos.

Recuerde: es importante hablar con su médico sobre qué estudios, pruebas y procedimientos son los mejores para su situación.

Opciones de tratamiento

Los objetivos del tratamiento para la hepatitis C crónica son:

  • Eliminar el virus de la hepatitis C (VHC): El objetivo principal es lograr una respuesta virológica sostenida a las 12 semanas (RVS12), que significa que el virus ya no se detecta en el cuerpo.
  • Prevenir que avance la enfermedad del hígado: El tratamiento busca disminuir la inflamación y la fibrosis (cicatrización) del hígado, y evitar problemas más graves como cirrosis, descompensación hepática y carcinoma hepatocelular (cáncer de hígado).
  • Mejorar la salud en general: Al eliminar el VHC, el tratamiento puede mejorar su calidad de vida, reducir el cansancio y bajar el riesgo de complicaciones relacionadas y no relacionadas con el hígado.

Para lograr estos objetivos, se recomiendan los siguientes enfoques:

  • Medicamentos antivirales: Los antivirales de acción directa (AAD) son la base del tratamiento de la hepatitis C crónica. Estos medicamentos actúan en pasos específicos del ciclo de vida del VHC, bloquean su multiplicación y ayudan a eliminar el virus.
  • Terapia combinada: A veces, los AAD se usan junto con otros antivirales como interferón (IFN) o ribavirina (RBV) para aumentar la eficacia.
  • Cambios de hábitos de salud: Dejar el alcohol, mantener un peso saludable, hacer ejercicio con regularidad y controlar el azúcar en la sangre (en personas con diabetes) pueden ayudar a mejorar la salud del hígado y los resultados del tratamiento.

Es importante saber que los tipos de medicamentos, terapias y procedimientos pueden variar según factores individuales como el genotipo del VHC, la condición del hígado y los tratamientos recibidos antes. Consultar con un profesional de la salud es esencial para decidir el plan de tratamiento más adecuado. La dosis de los medicamentos puede verse afectada por muchos factores. Consulte con su profesional de la salud sobre la dosis apropiada para su caso. Pueden presentarse efectos secundarios. Consulte con su profesional de la salud o lea la información que viene con su medicamento para conocer los posibles efectos secundarios.