Diagnóstico de la displasia fibromuscular
La displasia fibromuscular (DFM) es una afección en la que las paredes de algunas arterias no crecen de forma normal. Esto puede hacer que las arterias se estrechen o tengan zonas irregulares, lo que afecta el flujo de sangre. Suele ocurrir en arterias que llevan sangre al cerebro o a los riñones. Puede causar presión arterial alta, mareo y dolor de cabeza, y complicaciones más graves si no se trata a tiempo.
Para diagnosticar la DFM, se pueden hacer varios exámenes, pruebas de detección y procedimientos. Esto ayuda a confirmar el diagnóstico y a saber el tipo y la gravedad de la DFM. Participan proveedores de atención primaria, cardiólogos, radiólogos y otros profesionales de la salud.
Estos son algunos exámenes y pruebas que pueden realizarse:
- Examen físico: Durante el examen físico, el personal de salud busca señales de DFM, como dolor, hinchazón o bultos en el cuerpo. Es un procedimiento común y de rutina.
- Pruebas de laboratorio: Se pueden pedir análisis de sangre, orina o tejidos del cuerpo. Estas pruebas ayudan a diagnosticar la DFM al evaluar marcadores o señales relacionadas con la enfermedad. El tipo de prueba depende de sus síntomas y de las enfermedades que se estén considerando.
- Estudios de imagen: Los estudios de imagen dan a los médicos imágenes claras del cuerpo para ayudar a diagnosticar y manejar la DFM. Los tipos comunes incluyen radiografías, resonancia magnética (RM), tomografía computarizada (TC) y gammagrafía ósea. Las radiografías se usan para revisar la estructura de los huesos y pueden detectar fracturas o huesos con forma anormal. La RM y la TC ofrecen imágenes detalladas del cráneo y los huesos de la cara para ver si la DFM afecta esas áreas. La gammagrafía ósea muestra cuánto del hueso está afectado por la DFM en todo el cuerpo.
- Pruebas genéticas: En algunos casos, se pueden hacer pruebas genéticas para saber si la DFM forma parte de otro síndrome o trastorno.
Estos exámenes, pruebas y procedimientos los realizan varios profesionales de la salud, como enfermeras, asistentes médicos y técnicos de laboratorio. Luego, un médico revisa los resultados. También pueden necesitarse consultas con especialistas, como cirujanos vasculares o neurólogos, para evaluar y controlar mejor la afección. Es importante que haga seguimiento con su proveedor de atención médica si sus síntomas empeoran o cambian después de estas evaluaciones.