Sobre el accidente cerebrovascular (ACV)
El accidente cerebrovascular (ACV) es una afección grave. Sucede cuando se interrumpe o reduce el flujo de sangre al cerebro. Esto causa daño en el cerebro. Las causas del ACV se agrupan en factores de riesgo no modificables y modificables.
Factores de riesgo no modificables (no se pueden cambiar):
- Edad: el riesgo de ACV aumenta con la edad. De hecho, se duplica cada 10 años después de los 55 años.
- Sexo: tanto los hombres como las mujeres pueden tener ACV, pero ciertos tipos pueden ser más comunes en un sexo que en el otro.
- Origen étnico: algunas comunidades, como las personas negras y los pueblos indígenas, tienen un riesgo más alto de ACV.
- Antecedentes familiares: si un familiar cercano tuvo un ACV, su riesgo puede ser mayor.
- Lugar donde vive: las tasas de ACV pueden variar según el lugar donde usted vive.
Factores de riesgo modificables (se pueden cambiar con hábitos o tratamiento médico):
- Presión arterial alta (hipertensión): es uno de los factores más importantes. Las personas con hipertensión tienen entre 3 y 4 veces más probabilidad de tener un ACV.
- Fibrilación auricular: es un latido irregular del corazón. Puede formar coágulos de sangre en el corazón que viajan al cerebro y causan un ACV.
- Diabetes: puede dañar los vasos sanguíneos y aumentar el riesgo de ACV.
- Colesterol alto: niveles altos de colesterol pueden formar placa (depósitos de grasa) en las arterias y subir el riesgo de ACV.
- Fumar: fumar daña los vasos sanguíneos y aumenta la posibilidad de formar coágulos.
- Exceso de peso u obesidad: puede contribuir a otros factores de riesgo, como presión alta, diabetes y colesterol alto.
- Vida sedentaria: la falta de actividad física puede causar aumento de peso y elevar otros factores de riesgo.
- Consumo excesivo de alcohol: beber demasiado alcohol puede subir la presión arterial y el riesgo de ACV.
Aunque algunos factores, como la edad y el origen étnico, no se pueden cambiar, muchos otros sí. Al manejar los factores modificables, usted puede reducir sus posibilidades de tener un ACV. Si le preocupa su riesgo, hable con un profesional de la salud para recibir orientación y apoyo.
El derrame cerebral es una emergencia médica que requiere atención inmediata. Reconocer los síntomas rápido es clave para detectarlo y tratarlo a tiempo. Aunque los síntomas pueden variar entre personas, hay señales comunes que debe vigilar.
Los síntomas tempranos más comunes incluyen:
- Entumecimiento o debilidad en la cara, el brazo o la pierna, sobre todo en un solo lado del cuerpo
- Confusión o dificultad para hablar o entender
- Problemas para ver en uno o ambos ojos
- Dificultad para caminar, mareo o pérdida del equilibrio o la coordinación
- Dolor de cabeza muy fuerte sin causa conocida
A medida que el derrame avanza o se vuelve más grave, pueden aparecer otros síntomas, como:
- Caída de un lado de la cara
- Debilidad o entumecimiento en un brazo
- Dificultad para hablar o entender lo que otros dicen
- Debilidad general y cansancio
- Mareo o vértigo (sensación de que todo gira)
- Pérdida del equilibrio y dificultad para caminar
- Pérdida de visión en uno o ambos ojos
- Náuseas o vómitos
- Desorientación, confusión o problemas de memoria
- Problemas para hacer expresiones faciales y cambios en los movimientos de la cara
Es importante saber que los síntomas varían según el lugar del cerebro donde ocurre el bloqueo del flujo de sangre. A menudo afecta solo un lado del cerebro, lo que causa síntomas en el lado opuesto del cuerpo.
Si sospecha que alguien tiene síntomas de un derrame cerebral, llame al 911 o vaya a la sala de emergencias más cercana de inmediato. Detectarlo y tratarlo temprano puede reducir la gravedad y el daño a largo plazo.
Para diagnosticar un accidente cerebrovascular (ACV), los médicos usan una combinación de evaluaciones, pruebas y procedimientos para determinar con precisión el tipo y la gravedad. Estas son algunas pruebas que se usan con frecuencia:
- Examen físico: El médico le preguntará sobre sus síntomas y su historia clínica. Revisará la fuerza muscular, los reflejos, la sensibilidad, la visión y la coordinación. También puede medir la presión arterial, escuchar con el estetoscopio las arterias carótidas del cuello y examinar los vasos sanguíneos en la parte de atrás de los ojos.
- Análisis de sangre: Ayudan a ver si hay alto riesgo de sangrado o coágulos. Miden niveles de ciertas sustancias en la sangre, incluidos los factores de coagulación, y buscan señales de infección.
- Tomografía computarizada (TC): Es una serie de radiografías que puede mostrar hemorragias, ACV, tumores y otras afecciones dentro del cerebro. Ofrece una imagen detallada que ayuda a identificar anomalías.
- Resonancia magnética (RM): Usa ondas de radio e imanes para crear una imagen del cerebro. Puede detectar tejido cerebral dañado y ayudar a confirmar el diagnóstico de un ACV.
Además de estas pruebas iniciales, hay evaluaciones para determinar la fase o la gravedad de un ACV:
- Escala de Ictus del National Institutes of Health (NIHSS): Es una escala estandarizada para medir la función neurológica y los problemas resultantes. Incluye hacer preguntas y pedirle que haga pruebas físicas y mentales para evaluar su nivel de alerta, su capacidad para comunicarse y realizar movimientos simples.
- Escala de Coma de Glasgow: Evalúa el nivel de conciencia después de una lesión cerebral o un ACV. Valora la apertura de los ojos, la respuesta verbal y la respuesta motora.
- Escala de Rankin modificada: Mide la discapacidad o la dependencia después de un ACV. Evalúa la capacidad para realizar actividades diarias como el autocuidado, la movilidad y la comunicación.
- Índice de Barthel: Mide la capacidad para realizar por sí mismo las actividades de la vida diaria. Incluye tareas como comer, bañarse, vestirse, asearse, usar el baño, moverse de un lugar a otro, subir escaleras y controlar la vejiga y el intestino.
Con estas evaluaciones, pruebas y procedimientos, los médicos pueden diagnosticar con precisión un ACV y determinar su fase o gravedad. Un diagnóstico temprano es clave para iniciar el tratamiento de inmediato y lograr mejores resultados para las personas que han tenido un ACV.
Los objetivos del tratamiento del accidente cerebrovascular son: restablecer el flujo de sangre al cerebro, controlar el sangrado en el cerebro y apoyar la recuperación y la rehabilitación. El tratamiento tiene un gran impacto: ayuda a prevenir más daño, a frenar el progreso y a reducir complicaciones. Buscar atención médica de inmediato después de un accidente cerebrovascular es crucial para maximizar la recuperación y reducir posibles efectos a largo plazo. Estos son algunos tratamientos y terapias usados con frecuencia:
Medicamentos:
- Trombólisis: medicina que disuelve coágulos. Se suele dar dentro de 4.5 horas desde el inicio de un accidente cerebrovascular isquémico (causado por un coágulo). Ayuda a disolver el coágulo y a restablecer el flujo de sangre al cerebro.
- Antiagregantes plaquetarios (medicinas que evitan que las plaquetas se peguen y formen coágulos): ayudan a evitar nuevos coágulos y reducen el riesgo de otro accidente cerebrovascular.
- Anticoagulantes (medicinas que disminuyen la capacidad de la sangre para formar coágulos): ayudan a reducir el riesgo de coágulos nuevos en el futuro.
- Medicinas para la presión arterial: la presión alta es un factor de riesgo, por eso se pueden recetar medicinas para bajarla.
- Medicinas para bajar el colesterol: el colesterol alto puede formar depósitos de grasa en las arterias y aumentar el riesgo. Estas medicinas ayudan a bajar el colesterol.
Terapias:
- Rehabilitación: después de un accidente cerebrovascular, muchas personas reciben terapia de rehabilitación. Puede incluir fisioterapia, terapia ocupacional y apoyo psicológico. La rehabilitación busca recuperar habilidades perdidas y mejorar la función física y el bienestar.
- Terapia del habla: algunas personas presentan dificultad para hablar o entender. La terapia del habla ayuda a mejorar la comunicación.
- Terapia ocupacional: se enfoca en recuperar la capacidad de hacer actividades diarias, como vestirse, comer y bañarse.
Procedimientos terapéuticos:
- Trombectomía: tratamiento que quita físicamente un coágulo del cerebro. Se usa sobre todo para coágulos grandes que no se pueden disolver con medicinas.
- Endarterectomía carotídea (cirugía para retirar depósitos de grasa de una arteria carótida en el cuello): puede ayudar a reducir el riesgo de futuros accidentes cerebrovasculares.
Cambios en los hábitos de salud:
- Alimentación: hacer cambios saludables, como reducir la sal y comer más frutas, verduras, granos integrales y proteínas magras, puede ayudar a bajar el riesgo.
- Ejercicio: la actividad física regular mejora la salud del corazón y reduce el riesgo.
- Dejar de fumar: dejar de fumar es clave para reducir el riesgo, porque fumar aumenta la probabilidad de formar coágulos.
- Manejo de enfermedades: controlar enfermedades como la diabetes o la presión alta ayuda a reducir el riesgo.
Cuidados de apoyo:
- El apoyo emocional de profesionales de la salud, familiares y grupos de apoyo puede ser vital para afrontar los retos físicos y emocionales que pueden surgir después de un accidente cerebrovascular.
Cada tratamiento o terapia contribuye a diferentes metas del tratamiento del accidente cerebrovascular. Es importante consultar con un profesional de la salud para recibir consejos personalizados, ya que las dosis de medicamentos y los planes de tratamiento pueden variar. Muchos factores pueden afectar la dosis. Hable con su profesional de la salud sobre la dosis para su situación. Pueden ocurrir otros efectos secundarios. Consulte a su profesional de la salud o lea la información que viene con su medicamento para conocer más sobre los efectos secundarios.
La evolución natural de un accidente cerebrovascular (ACV) puede variar según varios factores, como el tipo de ACV, las zonas del cerebro afectadas y la gravedad. Algunas complicaciones frecuentes después de un ACV incluyen:
- Cambios en la conducta
- Dificultades cognitivas (problemas para pensar, concentrarse y planear)
- Depresión
- Dificultad para hablar (afasia: problema del lenguaje)
- Dificultad para tragar (disfagia: problema para pasar alimentos o líquidos)
- Cansancio y debilidad
- Pérdida de memoria
- Cambios del estado de ánimo
- Dolor
- Parálisis
- Cambios en la sensibilidad y la visión
- Espasticidad (rigidez y tensión de los músculos)
Justo después de un ACV, puede no estar claro qué problemas mejorarán con el tiempo y cuáles serán permanentes. Sin embargo, la rehabilitación después del ACV suele ayudar a aliviar estos problemas y a mejorar la recuperación en general.
Las complicaciones después de un ACV pueden deberse a la lesión directa del cerebro durante el evento o a que algunas capacidades quedaron afectadas de forma permanente. Otras complicaciones que pueden aparecer incluyen:
- Convulsiones
- Pérdida del control para orinar o evacuar (incontinencia)
- Deterioro cognitivo, incluida la demencia
- Menor movilidad, menor rango de movimiento o dificultad para controlar algunos movimientos
- Cambios del estado de ánimo o de las emociones
- Dolor de hombro
- Úlceras por presión (llagas en la piel por estar mucho tiempo en cama)
- Cambios en la sensibilidad
El manejo de estas complicaciones puede incluir opciones como medicamentos, fisioterapia y terapia psicológica. Es importante trabajar de cerca con los profesionales de la salud para crear un plan de tratamiento individualizado según sus necesidades.
Tenga en cuenta que, aunque estos tratamientos pueden ayudar mucho a manejar las complicaciones relacionadas con el ACV y a mejorar los resultados, siempre debe hablarlos con un profesional de la salud, quien puede darle orientación personalizada según su situación.