Acerca del linfoma de Burkitt
El linfoma de Burkitt es un cáncer que crece muy rápido. Afecta el sistema linfático, que es parte del sistema inmunitario y ayuda a combatir infecciones. Se puede tratar y, con frecuencia, se puede curar, sobre todo si se diagnostica temprano. A menudo empieza en tejidos del cuerpo fuera de los ganglios linfáticos. A veces empieza en la sangre y se comporta como un cáncer de la sangre.
El linfoma de Burkitt está formado por células B de tamaño mediano. Las células B son un tipo de glóbulo blanco que ayuda a combatir infecciones. Estas células pueden crecer rápido y, al verlas al microscopio, pueden verse como manchas de color morado o azul oscuro. Algunos casos se relacionan con el virus de Epstein‑Barr (VEB), un virus común que puede causar la mononucleosis infecciosa. El VEB es más frecuente en algunas partes del mundo. Aunque el linfoma de Burkitt crece rápido, a menudo responde bien a tratamientos como la quimioterapia (medicinas contra el cáncer), especialmente cuando se diagnostica temprano.
El linfoma de Burkitt es un tipo de linfoma no Hodgkin (LNH). Es un cáncer que comienza en el sistema linfático, que forma parte del sistema inmunitario. En el linfoma de Burkitt, los linfocitos B (un tipo de glóbulo blanco) crecen de forma anormal. La causa exacta no se conoce, pero se han identificado varios factores de riesgo.
Posibles causas del linfoma de Burkitt:
- Mutaciones genéticas (cambios en el ADN, el material genético de la célula): los cambios en el ADN de los linfocitos B pueden causar crecimiento sin control de las células y llevar a cáncer.
Factores de riesgo que aumentan la probabilidad de tener la enfermedad:
- Edad: es más común en la infancia; la edad promedio al diagnóstico es de 6 años.
- Sexo: los varones tienen de 3 a 4 veces más probabilidad de desarrollar linfoma de Burkitt que las mujeres.
- Ubicación geográfica: es más común en algunas zonas, sobre todo en partes de África central y Papúa Nueva Guinea. Esto probablemente se deba a mayores tasas de infecciones por el virus de Epstein-Barr y a la malaria (una enfermedad transmitida por mosquitos) en esas regiones.
- Sistema inmunitario debilitado: las personas con un sistema inmunitario debilitado, como quienes tienen el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), tienen más probabilidad de desarrollarlo.
Es importante saber que estos factores de riesgo aumentan la posibilidad de desarrollar linfoma de Burkitt, pero no significan que usted lo tendrá. Si le preocupa su riesgo o sus síntomas, hable con su profesional de la salud para recibir orientación.
Los síntomas tempranos más comunes del linfoma de Burkitt incluyen:
- Hinchazón del abdomen (aumento visible del tamaño del vientre)
- Cambios en los huesos de la cara: hinchazón o deformidad en los huesos de la cara
- Sudores nocturnos: sudoración excesiva durante la noche
- Ganglios linfáticos agrandados: ganglios linfáticos (pequeñas glándulas con forma de frijol en el cuello, las axilas y otras zonas) más grandes de lo habitual
- Obstrucción intestinal: un bloqueo en los intestinos que puede causar dolor y malestar
- Tiroides agrandada: la tiroides (una glándula en el cuello) se hace más grande de lo normal
- Amígdalas agrandadas: las amígdalas (tejido en la parte de atrás de la garganta) están más grandes de lo normal
Síntomas adicionales a medida que el linfoma de Burkitt avanza o se hace más grave:
- Hinchazón y cambios en los huesos de la cara: la hinchazón o los cambios en los huesos de la cara pueden empeorar
- Crecimiento rápido de los ganglios linfáticos (no duelen): los ganglios pueden crecer con rapidez
- Fiebre
- Bajar de peso sin intentarlo
- Cansancio intenso (sentirse muy cansado)
- Debilidad
- Afectación de los ovarios o las mamas: el cáncer puede afectar los ovarios o las mamas
- Afectación del aparato digestivo: el cáncer puede afectar el estómago o los intestinos
- Afectación del sistema nervioso central: el cáncer puede extenderse al cerebro o a la médula espinal y causar dolores de cabeza, convulsiones o cambios en el comportamiento
Es importante saber que estos síntomas pueden variar según el tipo de linfoma de Burkitt y las partes del cuerpo afectadas. Si nota síntomas nuevos o que empeoran, lo mejor es hablar con un profesional de la salud para que le revisen y averigüen qué los está causando.
Para diagnosticar el linfoma de Burkitt, se suelen hacer varios exámenes, pruebas y procedimientos:
- Examen físico: El profesional de la salud hará un examen físico para buscar señales como ganglios linfáticos más grandes de lo normal (pequeñas glándulas que ayudan a combatir infecciones).
- Biopsia: Se puede tomar una muestra de un ganglio linfático agrandado para ver las células al microscopio. Esto ayuda a confirmar si hay cáncer.
- Análisis de sangre: Sirven para ver cómo están funcionando los órganos y para buscar algo fuera de lo normal que pueda sugerir linfoma de Burkitt.
- Estudios por imágenes: Las radiografías o la tomografía computarizada (TC) pueden mostrar áreas del cuerpo afectadas por el cáncer y revelar cualquier daño.
- Pruebas genéticas: Se pueden analizar muestras de sangre, saliva o tejido para buscar cambios en los genes, en los cromosomas (partes de las células que llevan la información genética) o en proteínas que podrían estar relacionadas con el linfoma de Burkitt.
Para determinar la etapa (qué tanto se ha extendido el cáncer) o la gravedad (qué tan serio es y qué tan rápido puede crecer) del linfoma de Burkitt, se pueden hacer pruebas adicionales:
- Biopsia de médula ósea: Revisa si las células cancerosas se han extendido a la médula ósea (tejido blando y esponjoso dentro de los huesos que produce las células de la sangre).
- Examen del líquido cefalorraquídeo: Se puede hacer una punción lumbar para ver si el cáncer llegó al sistema nervioso central (cerebro y médula espinal). En esta prueba, se extrae una pequeña cantidad de líquido de alrededor de la médula espinal y se revisa para buscar células cancerosas.
- TC y resonancia magnética (RM): Estos estudios por imágenes muestran qué órganos y ganglios linfáticos están afectados por el cáncer.
Es importante hablar de estas pruebas con sus profesionales de la salud para recibir recomendaciones de diagnóstico adecuadas para su situación.
Los objetivos principales del tratamiento del linfoma de Burkitt son controlar y reducir los síntomas, ayudar a que el cuerpo funcione mejor, prevenir problemas de salud graves y mejorar el bienestar diario. Se pueden recomendar los siguientes tratamientos:
- Combinación de quimioterapia: este tratamiento usa una mezcla de medicamentos de quimioterapia para matar las células cancerosas. Medicamentos comunes incluyen citarabina, ciclofosfamida, doxorrubicina, vincristina, metotrexato y etopósido. La quimioterapia actúa al atacar y destruir células que crecen y se dividen rápido, como las células cancerosas.
- Terapia con anticuerpos monoclonales: los anticuerpos son proteínas que produce el sistema inmunitario para encontrar y atacar células dañinas. Esta terapia usa anticuerpos diseñados, como rituximab, para dirigir el tratamiento a las células cancerosas. Estos anticuerpos se adhieren a las células cancerosas para ayudar a destruirlas y, a menudo, se combinan con quimioterapia para fortalecer el tratamiento.
- Radioterapia: en algunos casos, la radioterapia se usa junto con la quimioterapia. Emplea haces de alta energía para matar células cancerosas y reducir tumores.
- Prevención en el sistema nervioso central (SNC): esto implica administrar medicamentos de quimioterapia directamente en el líquido que rodea la médula espinal y el cerebro para evitar que el cáncer se propague al cerebro o a la médula espinal, que forman el sistema nervioso central.
- Cirugía: en ciertos casos, se puede hacer cirugía para quitar la mayor cantidad posible del tumor.
- Quimioterapia a dosis altas con trasplante de células madre: para casos en que el linfoma de Burkitt regresa (recurrente) o no responde al tratamiento (refractario), el personal médico puede recomendar dosis altas de quimioterapia seguidas de un trasplante de células madre. Un trasplante de células madre reemplaza células dañadas o destruidas con células sanas. Las células madre son células especiales que pueden convertirse en distintos tipos de células sanguíneas que el cuerpo necesita.
- Terapias dirigidas: otros tratamientos para casos recurrentes pueden incluir:
- Anticuerpos biespecíficos: son proteínas hechas en laboratorio que pueden unirse tanto a células cancerosas como a células del sistema inmunitario, acercándolas para ayudar a que el sistema inmunitario ataque el cáncer.
- Terapia con células T con receptor de antígeno quimérico (CAR-T): este tratamiento consiste en tomar las células T de la persona (un tipo de glóbulo blanco), modificarlas para que reconozcan el cáncer y luego devolverlas al cuerpo para ayudar a combatirlo.
- Hábitos saludables: practicar buena higiene y cuidar la piel es importante para prevenir problemas como el linfedema (hinchazón causada por acumulación de líquido linfático).
Es importante hablar con un profesional de la salud para elegir las opciones de tratamiento que se ajusten a sus necesidades. La dosis de los medicamentos puede verse afectada por muchos factores. Consulte con su profesional de la salud sobre la dosis en su situación. Pueden presentarse otros efectos secundarios. Consulte con su profesional de la salud o lea la información que viene con su medicamento para conocer más sobre los efectos secundarios.