Cómo se diagnostican las neoplasias mieloproliferativas
Las neoplasias mieloproliferativas (NMP) son un grupo de cánceres de la sangre de crecimiento lento. Se caracterizan por la producción excesiva de glóbulos rojos, glóbulos blancos o plaquetas anormales en la médula ósea.
Para diagnosticar las NMP se usan varios exámenes y procedimientos. Los especialistas que participan pueden incluir hematólogos y oncólogos. A continuación, un resumen de las pruebas:
- Examen físico e historia clínica: Un profesional de la salud hará un examen físico para buscar señales generales de salud y datos que sugieran NMP, como bazo o hígado agrandados. También le preguntarán sobre sus hábitos de salud, enfermedades pasadas y tratamientos.
- Hemograma completo con diferencial: Se toma una muestra de sangre para medir glóbulos rojos, glóbulos blancos, plaquetas y hemoglobina. Recuentos anormales pueden indicar NMP.
- Frotis de sangre periférica: Se observa una gota de sangre al microscopio para ver si hay blastos (células sanguíneas inmaduras), los tipos de glóbulos blancos, la cantidad de plaquetas y cambios en la forma de las células.
- Aspiración y biopsia de médula ósea: El médico usa una aguja larga y delgada para tomar una muestra de médula del hueso de la cadera o del esternón. Luego se examina al microscopio para buscar células anormales. Este procedimiento es clave para confirmar el diagnóstico de NMP.
- Análisis citogenético: En el laboratorio se cuentan y revisan los cromosomas en muestras de médula ósea o de sangre para detectar cambios o alteraciones. Algunos cambios cromosómicos pueden indicar cáncer, incluidas las NMP.
- Estudios de química sanguínea: Miden niveles de sustancias que los órganos y tejidos liberan en la sangre. Niveles anormales pueden sugerir NMP.
Además de estas pruebas, el especialista puede pedir otros exámenes para definir el tipo, la gravedad o la etapa de las NMP:
- Pruebas genéticas: Buscan mutaciones genéticas específicas relacionadas con las NMP.
- Estudios por imágenes: Pueden recomendar radiografías, ecografías, tomografía computarizada (TC) o resonancia magnética (RM) para entender mejor la ubicación y la magnitud de las anomalías.
Estos exámenes son esenciales para diagnosticar las neoplasias mieloproliferativas y determinar su tipo, gravedad o etapa. Es importante consultar a un profesional de la salud que pueda guiarle en este proceso e interpretar los resultados de forma correcta.