Información sobre la leucemia mieloide (mielógena) crónica (LMC)
La leucemia mieloide crónica (LMC), también llamada leucemia granulocítica crónica, es una enfermedad de la sangre y la médula ósea. Se caracteriza por la producción excesiva de glóbulos blancos.
Por lo general, afecta a personas de mediana edad o mayores. Rara vez afecta a menores. La causa es una mutación genética llamada cromosoma Filadelfia. Esto hace que el cuerpo produzca glóbulos blancos de forma anormal.
La enfermedad avanza lentamente y tiene fases: fase crónica, fase acelerada y fase blástica. En la fase crónica, suele limitarse a la sangre, la médula ósea y el bazo. Al avanzar a las fases acelerada y blástica, también pueden afectarse los ganglios linfáticos y otros tejidos.
El diagnóstico se hace con análisis de sangre y pruebas de médula ósea. Las opciones de tratamiento y el pronóstico dependen de varios factores. Es importante consultar con un profesional de la salud para un diagnóstico preciso y recomendaciones de tratamiento personalizadas.
La leucemia mieloide crónica (LMC) es un tipo de cáncer que afecta la sangre y la médula ósea. La causa exacta de la LMC aún se desconoce, pero se cree que ocurre por una mutación (un cambio) en los genes de una persona. Este cambio hace que la médula ósea produzca en exceso glóbulos blancos inmaduros.
Factores de riesgo no modificables de la LMC (factores que una persona no puede cambiar ni controlar):
- Edad: la LMC es más común en adultos; la edad promedio al diagnóstico es de alrededor de 60 años. No es común en niñas, niños o adolescentes.
- Sexo: las personas asignadas de sexo masculino al nacer tienen más probabilidad de presentar LMC que las personas asignadas de sexo femenino al nacer.
- Exposición previa a radiación ionizante de dosis altas: la exposición prolongada a niveles altos de radiación, como la que se usa en la radioterapia, puede aumentar el riesgo de LMC.
En este momento, no hay factores de riesgo modificables definitivos para la LMC (factores que una persona podría cambiar o controlar). Algunos estudios sugieren que la exposición a ciertas sustancias químicas en el trabajo o en el ambiente podría asociarse con un mayor riesgo de LMC. Sin embargo, se necesita más investigación para establecer un vínculo claro.
Es importante saber que tener estos factores de riesgo no significa que usted desarrollará LMC. A la vez, no tenerlos no significa que no la desarrollará. Si le preocupa su riesgo o tiene síntomas, lo mejor es consultar con un profesional de la salud para una evaluación precisa.
Algunas personas con leucemia mieloide crónica (LMC) no tienen síntomas. Los síntomas comunes de la LMC pueden incluir:
- Cansancio
- Falta de aire
- Moretones o sangrado fácil
- Infecciones frecuentes
- Fiebre sin causa aparente
- Sudores nocturnos
- Falta de apetito
- Pérdida de peso sin intentarlo
- Dolor o molestia en la parte alta del abdomen, debajo de las costillas
A medida que la LMC avanza, pueden aparecer otros síntomas:
- Anemia grave, que puede causar: dolor de cabeza, irritabilidad, pérdida de apetito, adormecimiento y hormigueo en manos y pies, debilidad, cansancio intenso, palidez, mareo y sensación de desmayo.
- Sangrado y moretones más graves
- Manchas rojas planas en la piel (petequias)
- Sarpullido
- Abdomen hinchado
- Otros cánceres
- Dolor de huesos o articulaciones
- Ganglios linfáticos hinchados
Es importante saber que estos síntomas pueden variar de una persona a otra. Si tiene síntomas que le preocupan o tiene preguntas, lo mejor es consultar con su profesional de la salud para recibir un diagnóstico preciso y el manejo adecuado.
Para diagnosticar la leucemia mieloide crónica (LMC), se pueden realizar los siguientes exámenes, pruebas y procedimientos:
- Historia clínica: El profesional de la salud reunirá información sobre sus síntomas, enfermedades pasadas, afecciones y medicamentos actuales, y antecedentes médicos familiares.
- Examen físico: El profesional de la salud examina su cuerpo para buscar señales de enfermedad, como ganglios linfáticos o bazo agrandados, o cualquier cosa inusual.
- Las pruebas y procedimientos diagnósticos para LMC pueden incluir:
- Hemograma completo con diferencial: Se toma una muestra de sangre y se revisa para medir la cantidad y el tipo de glóbulos blancos, glóbulos rojos, plaquetas y los niveles de hemoglobina.
- Estudios de química de la sangre: Se analiza una muestra de sangre para medir la cantidad de ciertas sustancias que liberan los órganos y tejidos.
- Frotis de sangre periférica: Un especialista llamado patólogo analiza una muestra de sangre con un microscopio para buscar células cancerosas.
- Citometría de flujo: Esta prueba ayuda a determinar si hay células de LMC en la sangre.
- Biopsia de médula ósea: Se obtiene una muestra de tejido y líquido de la médula ósea y se envía a un patólogo para buscar señales de leucemia.
Para determinar la gravedad de la LMC y obtener información que ayude con las decisiones de tratamiento, se pueden recomendar exámenes, pruebas y procedimientos adicionales para ver si la LMC se ha extendido a otras áreas del cuerpo:
- Pruebas genéticas: Se usan muestras de sangre, saliva u otros tejidos para identificar cambios en genes, cromosomas o proteínas que pueden estar relacionados con la LMC. En la LMC, se busca específicamente el cromosoma Filadelfia o el gen BCR-ABL. Estas pruebas pueden confirmar o descartar una enfermedad genética sospechada y ayudar a determinar el riesgo de desarrollarla o transmitirla.
- Estudios de imagen: Se pueden hacer radiografías (rayos X), resonancia magnética (RM) o tomografía computarizada (TC) para evaluar si la LMC se ha extendido a los órganos internos.
- Biopsia de ganglio linfático: Se puede extraer una muestra o quitar por completo un ganglio linfático agrandado para determinar si la leucemia se ha extendido.
- Punción lumbar: Si hay sospecha de que la LMC se ha extendido al sistema nervioso central, se puede tomar una pequeña muestra de líquido de la parte baja de la columna para analizarla.
Según los resultados, la LMC se clasificará en una fase. Las fases se determinan por el porcentaje de la médula ósea formado por células de LMC, llamadas blastos (glóbulos blancos inmaduros):
- Fase crónica: Fase inicial, de crecimiento más lento. Los blastos representan cerca del 10% de las células en la sangre y en la médula ósea. Esta fase por lo general responde mejor al tratamiento.
- Fase acelerada: Es una fase de transición en la que la LMC empieza a volverse más agresiva. Los blastos representan entre 10% y 20% de las células en la sangre y en la médula ósea.
- Fase blástica: Es una fase grave y muy agresiva. Los blastos representan 20% o más de las células en la médula ósea y en la sangre. Hay una crisis blástica cuando la fase blástica se acompaña de cansancio, fiebre y bazo agrandado. Una crisis blástica puede poner en riesgo la vida.
Es importante hacer seguimiento con su profesional de la salud si sus síntomas empeoran o cambian después del examen físico inicial. Su profesional de la salud le guiará en los pasos diagnósticos necesarios según su situación.
Las metas del tratamiento para la leucemia mieloide crónica (LMC) pueden variar según su situación. En general, las metas pueden ser:
- Lograr la remisión: La meta principal es lograr una respuesta citogenética completa, es decir, no hay señales del cromosoma anormal asociado con la LMC. Esto suele lograrse con terapia dirigida con inhibidores de tirosina cinasa (ITC), que bloquean la proteína anormal que impulsa el crecimiento de las células de la LMC.
- Prolongar la vida: El tratamiento busca alargar la fase crónica de la LMC, cuando las personas pueden llevar una vida normal. Los ITC son la base del tratamiento. Reducen las señales que hacen que las células se multipliquen y hacen que las células de la LMC mueran, con menos efecto en las células normales.
- Mejorar la calidad de vida: Al controlar la enfermedad y reducir los síntomas, el tratamiento le permite mantener sus actividades diarias y su bienestar.
Tratamientos recomendados para la LMC:
- Terapia dirigida con ITC: Estos medicamentos apuntan y bloquean la proteína anormal responsable del crecimiento de las células de la LMC. Los ITC pueden llevar la LMC a remisión (sin síntomas y sin señales de LMC en las pruebas). Para algunas personas con LMC, los ITC pueden ser un tratamiento de por vida.
- Quimioterapia: En algunos casos se usa para ayudar a controlar la LMC. Puede usarse sola o junto con un ITC.
- Inmunoterapia: Estos tratamientos refuerzan el sistema inmunitario para combatir el cáncer. Pueden ayudar a frenar el crecimiento del cáncer. Un ejemplo de inmunoterapia es el interferón.
- Quimioterapia a dosis altas con trasplante de células madre de un donante: Este procedimiento consiste en dar dosis altas de quimioterapia para destruir todas las células que forman la sangre en la médula ósea (la parte esponjosa dentro de los huesos), y luego infundir células madre sanas de un donante.
- Esplenectomía: En ciertas situaciones puede considerarse la extirpación quirúrgica del bazo.
- Ensayos clínicos: Participar en ensayos clínicos puede darle acceso a tratamientos nuevos o terapias que se están investigando para la LMC.
Es importante tomar las decisiones de tratamiento junto con un profesional de la salud, quien puede considerar sus factores personales y ajustar el plan de tratamiento según corresponda.
La dosis de los medicamentos puede verse afectada por muchos factores. Consulte con su profesional de la salud sobre la dosis adecuada para su situación. Pueden presentarse efectos secundarios. Consulte con su profesional de la salud o lea la información que viene con su medicamento para conocer más sobre los efectos secundarios.