Diagnóstico del cáncer de amígdalas
El cáncer de amígdalas es un cáncer que empieza en las amígdalas, que están en la parte de atrás de la garganta. Puede causar dolor de garganta, dificultad para tragar y bultos en el cuello.
Para diagnosticarlo, se pueden hacer varios exámenes, pruebas y procedimientos. Sirven para confirmar el diagnóstico y conocer el tipo (clase específica de tumor), la gravedad (qué tan serio es y qué tan rápido puede crecer) o la etapa (qué tanto se ha extendido).
Los especialistas que pueden participar incluyen:
- Médico de atención primaria: Puede empezar revisando sus síntomas y pidiendo las primeras pruebas.
- Especialista en oído, nariz y garganta (otorrinolaringología): Atiende problemas de la cabeza y el cuello, incluido el cáncer de amígdalas.
- Especialista en cabeza y cuello: Tiene formación avanzada para diagnosticar y tratar cánceres en esa área, incluido el cáncer de amígdalas.
Pruebas y procedimientos comunes para diagnosticar el cáncer de amígdalas:
- Historia médica y examen físico: El médico le preguntará sobre su historia médica, sus síntomas y factores de riesgo. También examinará su boca, garganta y cuello para buscar bultos o señales inusuales.
- Biopsia: Es la forma más confiable de confirmar si hay células cancerosas. Se toma una pequeña muestra de tejido de la amígdala o del área con problema para verla al microscopio.
- Pruebas de imagen: Ayudan a saber el tamaño del cáncer y si se ha extendido a otras áreas. Entre las más comunes están:
- Tomografía computarizada (TC): Usa rayos X para crear imágenes detalladas y ver si el cáncer se ha extendido a otras partes del cuello o del pecho.
- Resonancia magnética (RM): Usa imanes y ondas de radio para crear imágenes de los tejidos blandos y ayuda a ver la extensión del cáncer.
- Tomografía por emisión de positrones (TEP): Detecta zonas del cuerpo con mayor actividad, que pueden indicar dónde hay células cancerosas.
- Radiografía: Se puede hacer una radiografía de pecho para ver si el cáncer se ha extendido a los pulmones.
- Laringoscopia: Se pasa por la garganta un tubo delgado con luz y cámara para observar las amígdalas y los tejidos cercanos y buscar cambios inusuales.
- Ultrasonido: Se puede hacer un ultrasonido del cuello para revisar los vasos sanguíneos, los ganglios del cuello y la glándula tiroides. En algunos casos, durante el ultrasonido se hace una biopsia con aguja (se toma una pequeña muestra de tejido) para buscar células cancerosas.
- Pruebas adicionales: A veces se hacen pruebas extra para conocer mejor las células del cáncer, como:
- Pruebas genéticas: Revisan genes específicos en las células del cáncer para ver si hay cambios que puedan afectar cómo crece o cómo responde al tratamiento.
- Pruebas moleculares: Estudian las células del cáncer con mucho detalle para entender por qué se comportan así y ayudar a guiar las opciones de tratamiento.
- Estudio del tejido después de la cirugía: En algunos casos, después de quitar el tumor o el tejido afectado, se analiza el tejido con detalle. Esto puede mostrar el grado del tumor o marcadores genéticos específicos que pueden afectar las opciones de tratamiento.
- Pruebas para determinar la etapa: Ayudan a saber qué tanto se ha extendido el cáncer en el cuerpo. Pueden incluir TC, TEP, RM, radiografías o ultrasonidos.
Con la información de estas pruebas y procedimientos, los médicos pueden diagnosticar el cáncer de amígdalas y conocer su tipo, gravedad o etapa. Recuerde: solo los profesionales de salud pueden dar un diagnóstico preciso según su situación. Si le preocupa el cáncer de amígdalas u otros problemas de salud, lo mejor es hablar con su médico.