Tabaco y cáncer
El consumo de tabaco es un factor de riesgo mayor para desarrollar cáncer. Fumar introduce sustancias químicas dañinas en el cuerpo; algunas pueden causar cáncer. Estos químicos tóxicos pueden dañar las células en varias partes del cuerpo, como los pulmones, la garganta y el cerebro. Con la exposición repetida al tabaco, pueden ocurrir cambios en el ADN (material genético) en estas áreas, lo que aumenta el riesgo de cáncer.
Los estudios confirman que el humo del cigarrillo no solo aumenta el riesgo general de cáncer, sino que también sube el riesgo en varias partes del cuerpo: pulmones, bronquios, tráquea, laringe, colon, páncreas, cuello del útero, boca, esófago, vejiga, riñón, hígado, estómago y leucemia mieloide aguda (un tipo de cáncer de la sangre).
Los síntomas de cáncer pueden variar según el tipo y la etapa. Los síntomas comunes pueden incluir:
- Pérdida de peso sin explicación
- Cansancio o debilidad
- Dolor o molestia en ciertas partes del cuerpo
- Cambios en la apariencia o textura de la piel
- Tos persistente o ronquera
- Dificultad para tragar
- Indigestión persistente
- Cambios en las heces o al orinar
- Sangrado o secreción inusual
Para reducir el riesgo de cáncer por el tabaco, deje el tabaco por completo. No hay un nivel de consumo de tabaco que sea seguro. Dejar de fumar a cualquier edad puede aumentar mucho su esperanza de vida, en comparación con quienes siguen fumando. Nunca es tarde para dejar de fumar. Incluso después de años de consumo intenso, dejarlo todavía puede reducir de forma importante el riesgo de cáncer.
Aunque esta información se basa en la investigación científica y en conocimientos médicos, siempre es buena idea consultar con un profesional de la salud para recibir consejos personalizados. Su profesional de la salud puede darle las recomendaciones más adecuadas según su situación.