Acerca de la espondilitis anquilosante

Descripción general

La espondilitis anquilosante es una afección crónica e inflamatoria. Afecta sobre todo las articulaciones de la columna y las caderas. Es un tipo de artritis que causa inflamación y daño en las articulaciones sacroilíacas (entre la columna y la pelvis). Con el tiempo, las articulaciones inflamadas de la columna pueden fusionarse (pegarse). Esto limita el movimiento y puede causar fracturas. Los síntomas comunes incluyen dolor de espalda crónico, rigidez y menos movilidad.

La espondilitis anquilosante es poco frecuente. Es más común en hombres jóvenes por lo demás sanos. No se conoce la causa exacta. La genética probablemente influye. Las personas con el gen HLA‑B27 (un marcador genético) pueden tener más riesgo de presentar esta afección.

Causas y factores de riesgo

Las causas exactas de la espondilitis anquilosante (EA) no se conocen por completo. Se cree que es una combinación de factores genéticos y ambientales. También se han observado cambios en las articulaciones de la columna, el cartílago, los tendones y los ligamentos. Estos cambios participan en cómo se desarrolla la enfermedad.

Factores de riesgo de la EA:

  • Genética y antecedentes familiares: La EA suele presentarse en varias personas de una misma familia, lo que sugiere una tendencia genética. La genética influye mucho; el gen HLA-B27 es el factor de riesgo más conocido. Otros genes, como ERAP1 e IL-23R, que cumplen funciones importantes en el sistema inmunitario y en las vías de la inflamación, también aumentan el riesgo genético.
  • Raza y origen étnico: La EA parece ser más común en personas indígenas de Norteamérica, asiáticas y europeas.
  • Sexo: Los hombres tienen más probabilidades de desarrollar EA que las mujeres.
  • Afecciones inflamatorias previas: La enfermedad de Crohn, la colitis ulcerosa y la psoriasis se han asociado con un mayor riesgo de desarrollar EA.

Es importante saber que, aunque estos factores pueden aumentar la probabilidad de tener EA, no garantizan que se desarrolle. Si le preocupa su riesgo de EA o desea aprender más sobre cómo manejar esta afección, lo mejor es consultar con su profesional de la salud.

Síntomas

Los síntomas tempranos más comunes de la espondilitis anquilosante (EA) incluyen cansancio, dolor en la parte baja de la espalda y rigidez. A medida que la enfermedad avanza o se vuelve más grave, pueden aparecer otros síntomas comunes. Estos pueden incluir:

  • Dolor en otras articulaciones del cuerpo
  • Irritación en los ojos
  • Dolor en el pecho
  • Problemas del estómago y los intestinos
  • Dificultad para respirar
  • Curvatura de la columna hacia adelante (cifosis)
  • Dolor de espalda en general

Es importante saber que la intensidad y la evolución de los síntomas varían de una persona a otra. Algunas personas tienen dolor leve solo a veces, y otras tienen dolor más fuerte y constante. Los síntomas también pueden cambiar, con periodos en que empeoran (brotes) y periodos en que mejoran (remisión).

Si usted tiene alguno de estos síntomas o piensa que puede tener EA, es importante consultar con un profesional de la salud para un diagnóstico preciso y un manejo adecuado.

Diagnóstico

Para diagnosticar la espondilitis anquilosante, suelen realizarse estos exámenes, pruebas y procedimientos:

  • Examen físico: El profesional de la salud busca señales de inflamación, como dolor, hinchazón y movimiento limitado. Puede enfocarse en la espalda, el pecho, los huesos de la pelvis, las articulaciones sacroilíacas (cerca de la parte baja de la columna) y los talones.
  • Radiografías: Son la primera prueba de imagen para la espondilitis anquilosante. Pueden mostrar si las articulaciones están dañadas o fusionadas, sobre todo en las articulaciones sacroilíacas.
  • Resonancia magnética (RM): Si las radiografías no muestran cambios o si hay sospecha de espondilitis anquilosante, puede recomendarse una RM. La RM detecta la inflamación con más sensibilidad y puede mostrar cambios que las radiografías no ven.

Exámenes, pruebas y procedimientos adicionales para determinar la etapa o la gravedad de la espondilitis anquilosante pueden incluir:

  • Prueba genética en sangre: Puede recomendarse para buscar el gen HLA‑B27 (antígeno leucocitario humano B27). Este gen está presente en alrededor del 90 por ciento de las personas con espondilitis anquilosante.

Es importante que consulte con su profesional de la salud. Esa persona puede guiarle en estos exámenes, pruebas y procedimientos según su situación.

Opciones de tratamiento

Las metas del tratamiento para la espondilitis anquilosante (EA) son:

  • Aliviar y reducir el dolor y la inflamación.
  • Mejorar la postura, la flexibilidad y la fuerza.
  • Frenar o detener el avance de la enfermedad.
  • Reparar el daño en las articulaciones.

Para lograr estas metas, se recomiendan las siguientes opciones:

  • Medicamentos: Los antiinflamatorios no esteroides (AINE) de venta libre o las inyecciones de corticoesteroides en las articulaciones pueden bajar la inflamación y dar alivio inmediato del dolor.
  • Medicamentos biológicos, inhibidores del factor de necrosis tumoral alfa (TNF alfa) e inhibidores de la quinasa Janus (JAK): actúan sobre los mensajes del sistema inmunitario y bloquean las señales de inflamación para ralentizar el avance de la EA.
  • Fisioterapia: Los ejercicios indicados por fisioterapeutas pueden aliviar el dolor, fortalecer los músculos de la espalda y el cuello, mejorar la fuerza del tronco, mantener una buena postura y aumentar la flexibilidad de las articulaciones.
  • Cambios en los hábitos de salud: Las actividades de bajo impacto, como nadar y andar en bicicleta, suelen sugerirse porque trabajan todo el cuerpo sin exigir demasiado a las articulaciones.
  • Cirugía: Por lo general se recomienda para reparar daño articular grave.
  • Otros tratamientos: Los ejercicios de respiración pueden ayudar a expandir el pecho y mejorar la función de los pulmones en personas con EA.

Recuerde consultar con su profesional de la salud para recibir consejos personalizados sobre los tratamientos y las dosis de los medicamentos, ya que esto puede variar según su situación. También pueden ocurrir otros efectos secundarios; es importante hablar de esto con su profesional de la salud o revisar la información del medicamento que le entreguen.