Acerca de la artrosis cervical
La artrosis cervical (desgaste de las articulaciones del cuello), también llamada espondilosis cervical, es un problema común relacionado con la edad que afecta la columna cervical (el cuello). Sucede cuando los discos del cuello se deshidratan y se encogen, lo que lleva a la artrosis. Esto hace que se formen picos de hueso (osteofitos) en los bordes de los huesos, que pueden estrechar el espacio alrededor de la médula espinal.
La espondilosis cervical puede causar dolor de cuello, rigidez y menos movimiento. También puede comprimir nervios o vasos sanguíneos en el cuello y causar debilidad, entumecimiento u hormigueo en los brazos o las manos. Esta afección es más común en personas mayores de 60 años.
Las opciones de tratamiento incluyen control del dolor, ejercicios de terapia física (fisioterapia) y, en algunos casos, cirugía.
La artrosis cervical se debe principalmente al desgaste del cartílago en las articulaciones del cuello. Este desgaste ocurre por el uso y el paso del tiempo.
Algunos factores de riesgo no modificables (que una persona no puede cambiar) para la artrosis cervical incluyen:
- Envejecimiento: Es el factor de riesgo más importante. A medida que envejecemos, el cartílago de las articulaciones se deteriora de forma natural. Esto aumenta el riesgo de artrosis.
- Genética: Ciertos factores hereditarios pueden hacer que una persona sea más propensa a desarrollar artrosis, incluida la artrosis cervical.
- Sexo: Las mujeres tienen un riesgo más alto de desarrollar artrosis cervical que los hombres.
Por otro lado, los factores de riesgo modificables son los que sí se pueden influir o cambiar. Estos incluyen:
- Estilo de vida: Mantener un peso saludable, hacer actividad física regular y evitar actividades que fuerzan el cuello puede ayudar a reducir el riesgo de desarrollar artrosis cervical.
- Epigenética (cambios causados por el ambiente en cómo funcionan los genes): Factores ambientales, como peligros en el trabajo o movimientos repetitivos del cuello, pueden contribuir al desarrollo de artrosis cervical.
Es importante saber que, aunque ciertos factores pueden aumentar la probabilidad de tener artrosis cervical, tener estos factores no significa que usted la tendrá. Siempre es mejor consultar con un profesional de la salud para recibir consejos y orientación personalizados.
Síntomas tempranos comunes de la artrosis cervical incluyen:
- Dolor de cuello.
- Rigidez en el cuello: en especial por la mañana o después de descansar.
- Ruidos como crujidos o rechinidos: al mover el cuello o la espalda.
A medida que la artrosis cervical avanza o se hace más grave, pueden aparecer otros síntomas:
- Dolor e inflamación: dolor y rigidez de cuello que empeoran después de la actividad.
- Espolones óseos: aparición de crecimientos de hueso.
- Dolores de cabeza.
- Pérdida de coordinación: si la médula espinal se comprime, pueden presentarse hormigueo o entumecimiento en brazos o piernas, pérdida de coordinación (dificultad para caminar) o pérdida del control de la vejiga o de las piernas. Estos son signos de alarma importantes que requieren atención médica de emergencia. Si presenta estos síntomas, llame al 911 o vaya a la sala de emergencias.
Recuerde: es importante consultar con su profesional de la salud para un diagnóstico preciso y recomendaciones personalizadas.
Para diagnosticar la artrosis cervical (osteoartritis cervical), los médicos pueden realizar los siguientes exámenes, pruebas y procedimientos:
- Historia clínica y exploración física: El médico evalúa sus síntomas y hace una exploración para revisar si hay debilidad muscular, problemas de sensibilidad y la respuesta de los reflejos.
- Radiografía: Esta imagen muestra con claridad los huesos o vértebras del cuello. Ayuda a detectar cambios por artrosis, como reducción del espacio articular, espolones óseos y endurecimiento del hueso bajo el cartílago (esclerosis subcondral).
- Tomografía computarizada (TC) o resonancia magnética (RM): Estas pruebas también muestran imágenes detalladas de los huesos, el cartílago y los tejidos blandos del cuello. Ayudan a evaluar la gravedad de la artrosis e identificar si hay compresión de nervios o afectación de la médula espinal.
Exámenes, pruebas y procedimientos adicionales para determinar la etapa o la gravedad de la artrosis cervical:
- Electromiografía (EMG): Esta prueba mide las señales eléctricas en los músculos y puede ayudar a saber si los nervios funcionan bien.
- Evaluación del rango de movimiento y de la inestabilidad: El médico revisa cuánto se mueve el cuello y su estabilidad durante la exploración física para determinar cómo afecta la artrosis a la movilidad.
Es importante consultar con su médico para obtener un diagnóstico adecuado y hablar sobre los exámenes, pruebas y procedimientos más apropiados para su situación.
Los objetivos del tratamiento de la artrosis del cuello (artrosis cervical) incluyen:
- Reducir el dolor y otros síntomas.
- Mejorar la función de las articulaciones para aumentar la movilidad y la flexibilidad.
- Evitar que la enfermedad avance y cause más daño.
- Mantener una buena calidad de vida y prevenir la discapacidad.
Para lograr estos objetivos, se pueden considerar estas opciones de tratamiento:
- Medicamentos: Las opciones incluyen lo siguiente. Es importante consultar con un profesional de la salud sobre las opciones, las dosis y los posibles efectos secundarios según su situación.
- Antiinflamatorios no esteroideos (AINE) para aliviar el dolor y reducir la inflamación.
- Analgésicos de uso tópico, como cremas o parches, para aliviar el dolor en zonas específicas.
- Relajantes musculares para ayudar a aliviar los espasmos de los músculos del cuello.
- Inyecciones de corticosteroides en la articulación afectada para reducir la inflamación y el dolor.
- Terapias:
- Fisioterapia con ejercicios para fortalecer los músculos que sostienen las articulaciones, mejorar la movilidad y reducir el dolor.
- Terapia ocupacional para adaptar las actividades diarias y así disminuir la carga sobre el cuello.
- Aplicar hielo o calor en el cuello varias veces al día puede ayudar a aliviar los síntomas.
- Psicoterapia: Un tipo llamado terapia cognitivo-conductual puede ayudarle a dormir mejor y a reducir el dolor.
- Procedimientos terapéuticos: En casos graves que no mejoran con otras medidas, se puede recomendar cirugía. La cirugía puede incluir quitar un disco herniado o espolones óseos para dejar más espacio a la médula espinal.
- Cambios en el estilo de vida: Hacer ejercicio con regularidad, mantener un peso saludable y usar una buena postura pueden ayudar a controlar los síntomas y mejorar la función de las articulaciones.
El plan de tratamiento debe adaptarse a sus necesidades y a su historia clínica. Consulte a un profesional de la salud para recibir recomendaciones personalizadas. La dosis de los medicamentos y los posibles efectos secundarios pueden variar por muchos factores. Pregunte a su profesional de la salud cuál es la dosis adecuada para usted y lea la información que viene con su medicamento.