Sobre la crisis de dolor por anemia de células falciformes

Descripción general

Una crisis falciforme es un episodio doloroso que viven las personas con enfermedad de células falciformes (también llamada drepanocitosis). Esta es una enfermedad hereditaria de la sangre. Se caracteriza por glóbulos rojos con forma anormal, como una hoz. Estos glóbulos pueden bloquear el flujo de sangre y reducir el oxígeno que llega a los órganos y tejidos del cuerpo.

Durante una crisis falciforme, los glóbulos en forma de hoz pueden quedarse atascados en los vasos sanguíneos y causar dolor intenso. El dolor suele sentirse en el pecho, los brazos, las piernas y los dedos de las manos y de los pies. Una crisis puede empezar de repente y durar días. En casos graves, puede durar semanas o incluso meses.

Sin tratamiento adecuado, una crisis falciforme puede causar complicaciones, como daño a órganos y pérdida de la visión. Es importante que las personas con enfermedad de células falciformes reciban atención médica adecuada y un buen plan de manejo para prevenir y controlar estas crisis de forma eficaz.

Causas y factores de riesgo

Las causas de una crisis de la enfermedad de células falciformes incluyen interacciones complejas entre los glóbulos rojos, el endotelio (la capa de células que recubre los vasos sanguíneos), los glóbulos blancos y las plaquetas (células pequeñas que ayudan a que la sangre coagule). Durante una crisis, los glóbulos rojos en forma de hoz pueden quedarse atascados en los vasos sanguíneos. Esto bloquea el flujo de sangre y causa dolor. Esto puede iniciarse por situaciones con poco oxígeno, más acidez en la sangre o bajo volumen de sangre.

Los desencadenantes comunes del dolor por la enfermedad de células falciformes incluyen cambios bruscos de temperatura, ejercicio intenso, deshidratación, infecciones, estrés, altitudes elevadas, alcohol, fumar, el embarazo y otras afecciones médicas. Sin embargo, no siempre es posible determinar la causa exacta de una crisis específica.

Los factores de riesgo no modificables son los que no se pueden cambiar ni controlar. Incluyen:

  • Predisposición genética: la enfermedad de células falciformes es una afección hereditaria causada por una mutación (cambio) en el gen de la hemoglobina (la proteína que lleva oxígeno en los glóbulos rojos).
  • Antecedentes de crisis por células falciformes: las personas que ya han tenido crisis tienen más riesgo de tener episodios en el futuro.

Los factores de riesgo modificables son los que sí se pueden cambiar. Incluyen:

  • Deshidratación: mantener una hidratación adecuada ayuda a prevenir crisis.
  • Infecciones: tomar medidas para prevenirlas y tratarlas de inmediato puede reducir el riesgo de crisis.
  • Evitar desencadenantes: controlar factores como temperaturas extremas, esfuerzo físico excesivo, estrés y fumar puede ayudar a disminuir el riesgo de crisis.

Recuerde que cada situación puede ser diferente. Lo mejor es consultar con su profesional de la salud para recibir consejos personalizados.

Síntomas

Síntomas tempranos comunes de una crisis de anemia falciforme:

  • Hinchazón dolorosa en las manos y los pies (dactilitis)
  • Cansancio (o irritabilidad en niños) por falta de oxígeno en la sangre (anemia)
  • Color amarillento en la piel o en la parte blanca de los ojos (ictericia)

A medida que la crisis de anemia falciforme avanza o se vuelve más grave, pueden aparecer otros síntomas comunes:

  • Dolor de huesos muy fuerte
  • Dolor en el pecho y falta de aire
  • Infecciones graves (por lo general en niños)
  • Priapismo (erección dolorosa)
  • Anemia grave
  • Debilidad y presión arterial baja
  • Pérdida del conocimiento
  • Daño grave en órganos, incluido un accidente cerebrovascular (derrame cerebral)

Es importante saber que los síntomas varían de una persona a otra y pueden cambiar con el tiempo. Si usted o alguien que conoce tiene síntomas de una crisis de anemia falciforme, busque atención médica de inmediato.

Diagnóstico

Para diagnosticar la enfermedad de células falciformes (ECF), se realizan con frecuencia los siguientes exámenes, pruebas y procedimientos:

  • Examen físico: Su proveedor de atención médica hará un examen físico para buscar señales de un problema de salud, como dolor, hinchazón o bultos en el cuerpo.
  • Análisis de sangre: Por lo general, se hace un análisis de sangre para diagnosticar la ECF. Las pruebas de hemoglobina, como la cromatografía líquida de alto rendimiento (HPLC, por sus siglas en inglés), el enfoque isoeléctrico o la electroforesis, pueden diferenciar la ECF de otras afecciones.
  • Detección en recién nacidos: A muchos recién nacidos se les hace una prueba de detección antes de salir del hospital. Esta prueba incluye un análisis de sangre para detectar el gen de la hemoglobina falciforme (hemoglobina S).
  • Pruebas genéticas: En algunos casos, puede ser necesario secuenciar el gen de la hemoglobina para identificar variantes específicas o diferenciar entre tipos de ECF.

La crisis falciforme suele diagnosticarse según los síntomas en una persona que ya tiene ECF. Se pueden hacer exámenes, pruebas y procedimientos para evaluar las complicaciones relacionadas con la crisis.

  • Pruebas de laboratorio: Su proveedor puede pedir análisis de sangre para buscar señales de infección, inflamación y anemia.
  • Estudios de imagen: Según sus síntomas, su médico puede recomendar estudios de imagen, como radiografías o resonancia magnética (RM), para obtener más información.

Es importante consultar con su proveedor de atención médica para recibir recomendaciones personalizadas sobre qué exámenes, pruebas y procedimientos son adecuados para su situación.

Opciones de tratamiento

Las metas del tratamiento de una crisis por enfermedad de células falciformes son: controlar el dolor, prevenir complicaciones, mejorar su bienestar y reducir el riesgo de que se repita. Estos son los tipos de tratamiento y cómo ayudan:

Medicamentos:

  • Medicamentos para el dolor: ayudan a controlar el dolor fuerte de la crisis. Pueden incluir analgésicos de venta libre (como acetaminofén) u opioides con receta (como morfina).
  • Antibióticos: se usan si durante la crisis hay fiebre y posible infección.
  • Hidroxiurea: este medicamento puede reducir la frecuencia de las crisis de dolor y otras complicaciones. Lo hace al aumentar la hemoglobina fetal (un tipo de hemoglobina que reduce las crisis).
  • Medicamentos antiinflamatorios: pueden bajar la inflamación y aliviar el dolor durante una crisis.

Terapias:

  • Transfusiones de sangre: recibir glóbulos rojos sanos puede mejorar el aporte de oxígeno y reducir los síntomas.
  • Oxígeno: darle oxígeno extra puede aliviar la falta de aire y mejorar los niveles de oxígeno en la sangre.
  • Líquidos por la vena (suero): la hidratación por vía intravenosa ayuda a evitar la deshidratación y favorece el flujo de sangre.

Cuidados personales y cambios de hábitos:

  • Mantenerse bien hidratado: tome muchos líquidos. Esto ayuda a evitar la deshidratación, que puede provocar una crisis.
  • Evitar temperaturas extremas: el frío o calor extremos pueden causar una crisis. Vístase según el clima y procure estar en un ambiente cómodo.
  • Manejar el estrés: técnicas para manejar el estrés, como ejercicios de relajación o consejería, pueden ayudar a reducir la frecuencia o la intensidad de las crisis.

Es importante saber que el plan de tratamiento debe adaptarse a las necesidades de cada persona. Consulte con su profesional de la salud para recibir consejos personalizados. La dosis de los medicamentos puede variar por muchos factores. Pregunte a su profesional de la salud sobre la dosis adecuada para su caso. Pueden ocurrir efectos secundarios. Consulte a su profesional de la salud o lea la información que viene con su medicamento para conocer más sobre los efectos secundarios.